EL VICEPRESIDENTE NO QUIERE FIRMAR Él SOLO LA CONVOCATORIA

Junqueras se sale con la suya y obliga a Puigdemont a ‘colegiar’ las firmas del 1-O

"La convocatoria nos compromete a todos, empezando por el 'president'. El referéndum lo convocará el Gobierno", han dicho

Foto: El presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, junto al vicepresidente Oriol Junqueras. (EFE)
El presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, junto al vicepresidente Oriol Junqueras. (EFE)

Cataluña ya tiene sus últimos de Filipinas. El núcleo más duro del independentismo institucional ya está ubicado donde le corresponde: en los puestos de mando del barco de la independencia. El ‘president’ Carles Puigdemont acometió los cambios en su Ejecutivo para afrontar con el máximo de garantías el referéndum del 1 de octubre. Y, de paso, cribó el Gobierno de los elementos menos proclives a la galopada unilateral hacia la secesión.

María Tejero Martín. BruselasMaría Tejero Martín. Bruselas

Pero esta crisis controlada del Govern es, en realidad, la plasmación de que Puigdemont hincó, al final, la rodilla frente al cada vez más sólido y poderoso vicepresidente catalán, el republicano, Oriol Junqueras, que se salió finalmente con la suya: no será el único responsable de la organización del referéndum independentista del 1 de octubre; ha obligado al ‘president’, Carles Puigdemont, a arrimar el hombro y a formar parte de un reducidísimo sanedrín político que lleve el timón y ha forzado que todas las decisiones sobre el referéndum unilateral sean colectivas del Gobierno. O todos a la cárcel o nadie.

Junqueras se sale con la suya y obliga a Puigdemont a ‘colegiar’ las firmas del 1-O

Bajo el control de Junqueras se ha creado ahora el Área de Procesos Electorales, en un intento de traspasarle la responsabilidad última de la organización del referéndum. Pero el propio vicepresidente subrayó la importancia futura que tienen las demás decisiones: la creación de un comité de coordinación política, que integrarán Carles Puigdemont, Oriol Junqueras, el nuevo secretario del Gobierno, Víctor Cullell, y el secretario general de la Vicepresidencia, Josep Maria Jové. Junqueras advirtió que, de hecho, era un órgano que ya venía funcionando pero que ahora se formaliza oficialmente.

Y, además, subrayó, “es importante la toma de decisiones corresponsables y solidarias, que se concreta en que todos los miembros tomarán decisiones y firmarán conjuntamente todos los acuerdos relacionados con el referéndum”. Esta exigencia ya fue planteada privadamente por Junqueras a Puigdemont, aunque desde las filas convergentes se exigía al republicano que hiciese la propuesta formal en el próximo consejo ejecutivo del Gobierno, que se celebrará el martes de la semana que viene.

¿Quién firmará?

“La convocatoria nos compromete a todos, empezando por el 'president'. El referéndum lo convocará el Gobierno. Los acuerdos son colegiados, aunque otra cosa es la convocatoria formal. Pero esperemos a ver qué dice la ley y se verá si firma uno, tres o doce. Lo que es seguro es que la decisión estará amparada por la Ley del Referéndum”, afirmó Puigdemont en el anuncio de los cambios en su Ejecutivo. Vamos, que de momento nadie quiere estampar la firma en un papel. O, al menos, no lo tienen claro, cuando la consulta está a la vuelta de la esquina.

El ‘president’ también aseguró que él no quería cesar a nadie, pero los tres consejeros que salen del Gobierno (Neus Munté, de Presidencia, Jordi Jané, de Interior, y Meritxell Ruiz, de Educación) le comunicaron su intención de dar un paso al lado. Y lo mismo ocurrió con Joan Vidal de Ciurana, secretario del Govern, que será sustuído por Víctor Cullell. “Les quiero agradecer la responsabilidad de la tarea que han hecho, positiva y leal. Actuaron con profundo sentido del servicio público. Y demostraron con esta decisión que se guiaron siempre por la ética de la convicción y responsabilidad”, añadió.

Los últimos de Filipinas

En el Ejecutivo entran Jordi Turull, independentista hasta la médula y hasta ahora presidente del grupo parlamentario de Junts pel Sí (JxS). Hará de consejero de Presidencia y de portavoz del Govern. Buen conocedor de la mecánica de la Administración, Turull no es un advenedizo, sino un hombre con una sólida formación y que sabe marcar perfil propio. Su puesto en el grupo parlamentario pasará, con toda probabilidad, a Marta Pascal, coordinadora general del PDeCAT, que asume, así, un protagonismo que hasta ahora no le habían dejado tener: resulta que como máxima mandataria del principal partido del Gobierno, solo era una simple diputada sin mayor cuota de poder.

Jordi Turull (arriba-i) sustituye a Neus Munté (abajo-i); Joaquim Forn (arriba-c), a Jordi Jané (abajo-c); y Clara Ponsatí (arriba-d), a Meritxell Ruiz (abajo-d). (EFE)
Jordi Turull (arriba-i) sustituye a Neus Munté (abajo-i); Joaquim Forn (arriba-c), a Jordi Jané (abajo-c); y Clara Ponsatí (arriba-d), a Meritxell Ruiz (abajo-d). (EFE)

Como nuevo consejero de Interior, Puigdemont ha nombrado a Joaquim Forn, número dos de PDeCAT en el Ayuntamiento de Barcelona. Forn es también un sólido y respetado político que hace veinte años había formado parte del núcleo duro soberanista de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC). La tercera persona que entra en el Gobierno es Clara Ponsatí como consejera de Educación, una catedrática en la Escuela de Economía y Finanzas de la escocesa Universidad de Saint Andrews y miembro del secretariado de la Assemblea Nacional Catalana (ANC).

Ponsatí fue expulsada de la Universidad de Georgetown, según ella, por presiones del Gobierno español. En realidad, la Universidad tenía un convenio con el Ministerio de Educación para cubrir la cátedra Príncipe de Asturias (vaya paradoja: lleva el título del monarca del que los independentistas quieren desprenderse). Y para la contratación de personal, debía contarse con la aquiescencia del Gobierno español, que retiró su confianza a Ponsatí después de que esta se mostrase favorable a la independencia de Cataluña en varios medios de comunicación. Así pues, no se le renovó el contrato de la cátedra en 2013 (solo se le podría renovar por un año más) y tuvo que dejar Georgetown, lo que sentó a cuerno quemado en los círculos políticos independentistas. Ella misma acusó a España de “purga política” y de “devaluar académicamente una cátedra de gran prestigio”, pero el asunto no tuvo más repercusión. En realidad, es como si en Cataluña alguien se extrañase por el hecho de que le guardasen una cátedra de ciudadanía a Federico Jiménez Losantos en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), por poner un ejemplo.

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