CELEBRA ELECCIONES A PRINCIPIOS DE MAYO

Sectores independentistas quieren relevar al líder de la ANC por estar al servicio de Mas

Bajan revueltas las aguas en el independentismo catalán. A las broncas dentro de la CUP, con la fuga de alguna organización, le sigue la lucha en la Asamblea Nacional Catalana
Foto:  El presidente de la ANC, Jordi Sánchez (i), junto a la expresidenta Carme Forcadell (d). (EFE)
El presidente de la ANC, Jordi Sánchez (i), junto a la expresidenta Carme Forcadell (d). (EFE)

Las grietas en el independentismo catalán son cada vez más grandes. Si dentro de la CUP las diferentes corrientes se han enfrentado públicamente (una de ellas ya ha abandonado la formación por desavenencias), ahora le toca el turno a la Asamblea Nacional Catalana (ANC), la entidad clave del proceso catalán, que sirvió a los partidos independentistas y al Gobierno regional para movilizar a los ciudadanos y convocarlos a las grandes manifestaciones de los últimos años. Pero el actual papel de la ANC está siendo puesto en entredicho por algunos históricos de la entidad, que no ven con buenos ojos la labor realizada por el presidente, Jordi Sánchez, que debe ser reelegido dentro de unas semanas, a primeros de mayo, como marcan los estatutos.

Sánchez relevó a Carme Forcadell a principios de mayo del año pasado, ya que aquella había agotado su permanencia al frente de la institución y no podía presentarse de nuevo. Sánchez oficiaba entonces como adjunto al Síndic de Greuges (Defensor del Pueblo catalán), tras haber pasado por la dirección de la Fundación Bofill, controlada paradójicamente por ICV.

La gestión del actual presidente es puesta ahora en entredicho por algunos círculos de la propia ANC, que verían con buenos ojos (y de hecho han iniciado movimientos para ello) que otra persona tomase las riendas de la entidad. A Sánchez le echan en cara su “absoluta subordinación y obediencia” a los postulados de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) y de ser la correa de transmisión del ya ‘expresident’ Artur Mas para controlar el proceso y los resortes del “poder de la calle”.

Artur Mas. (EFE)
Artur Mas. (EFE)

“Durante los tres meses que pasaron entre las elecciones y la formación de un nuevo Gobierno, la ANC fue un instrumento en manos de Artur Mas, hasta el punto de haber soliviantado a la CUP por sus continuas interferencias”, explica a El Confidencial una fuente crítica. De ahí que, en momentos en que parecía que las negociaciones no tendrían más futuro, CDC y el Gobierno desapareciesen de escena y llegase Jordi Sánchez exigiendo negociación y acuerdo.

Otra fuente matiza que “muchos cuadros de la ANC ingresaron en Junts Pel Sí (JxS) y dejaron desmantelada la organización. A ello se suma que tanto los partidos políticos como otras instancias intentaron utilizar en su favor a la ANC antes y después de las elecciones del 27 de septiembre”. “Lo que se hizo fue presionar a la CUP con la movilización de la ‘sociedad civil’ para que facilitase la formación de un Gobierno y evitar ir a elecciones anticipadas. Fue una batalla de salones para la que se utilizaba la calle como arma arrojadiza”, tercia la primera fuente. También acusan a Jordi Sánchez de intentar controlar la institución colocando a íntimos colaboradores en puestos de dirección.

“Exquisitamente neutrales”

Un miembro de la dirección de la ANC, en cambio, señala a este diario que Sánchez “fue elegido presidente por los 75 miembros del secretariado nacional. Y ni siquiera había sido él el que había sacado más votos en las elecciones del secretariado, sino Liz Castro. Sin embargo, luego presentó candidatura y ganó en la votación para elegir a la dirección”. Respecto a la hipotética subordinación a CDC y a Artur Mas, este dirigente asegura que “el problema es que somos una organización transversal. Y por eso, cuando estamos en la equidistancia, todos creen que tiramos más hacia el lado contrario. Pero hemos sido exquisitamente neutrales en el tema político. Aquí tenemos gente con carnet de ERC, con carnet de CDC y con carnet de la CUP, pero también mucha gente sin carnet. Y más: en la cúpula gana de lejos la gente que no ha militado nunca en ningún partido. Y sí podemos decir que ningún cargo de ningún partido está en la estructura de la ANC, porque sería incompatible”.

Carme Forcadell y Muriel Casal, fallecida el pasado mes de febrero.  (EFE)
Carme Forcadell y Muriel Casal, fallecida el pasado mes de febrero. (EFE)

Esta fuente reconoce también que “puede haber gente que quiera desestabilizar a la organización y difunda el mensaje de que hoy es preciso relevar a Jordi Sánchez, pero de momento no se puede decir que haya una corriente organizada”. Pero ¿qué es lo que buscan los anti-Sánchez? Simplemente, que la ANC sea el referente cívico del independentismo, que sean los partidos políticos los que le rindan pleitesía y que no se diluya su protagonismo en la actividad parlamentaria. Además, consideran que “Sánchez ha intelectualizado el movimiento. No sabe hacer el discurso más popular que hacía Carme Forcadell. Sánchez queda muy bien en un ambiente universitario, pero no penetra tanto en la calle. Por eso, la ANC ha de hacer una reflexión y ‘reiniciarse”.

De hecho, algunos críticos, a nivel personal, han sondeado a la dirección de la otra gran entidad cívica, Òmnium Cultural, sobre el tema. Las relaciones entre las dos entidades ya no son lo que eran. Cuando ambas estaban presididas por Carme Forcadell y la recientemente fallecida Muriel Casals, su sincronización era perfecta. Ahora, las tornas han cambiado. Incluso desde algunos círculos se apunta a Sánchez como el causante de que el consenso ya no sea como antes: le consideran una persona conflictiva que dificulta la materialización de cualquier acuerdo y que mantiene posicionamientos políticos divergentes de los de Òmnium.

Desde los posicionamientos críticos, se asegura que el relevo del actual presidente de la ANC “puede redundar en beneficio del proceso independentista"

Pero a pesar de todo, Òmnium se mantendrá al margen de cualquier maniobra para desestabilizar el liderazgo de Sánchez, ya que eso no solo podría tener consecuencias nefastas para ambas entidades: provocaría un grave conflicto con CDC, con el Gobierno catalán y, de rebote, saldría malparado el independentismo en su conjunto.

Desde los posicionamientos críticos, se asegura que el relevo del actual presidente de la ANC “puede redundar en beneficio del proceso independentista porque facilitará la coordinación de la ANC con Òmnium y el resto de actores políticos para la realización de acciones conjuntas”. De momento, los actores independentistas han comenzado a situar sus peones. El 17 de abril, la ANC celebrará su asamblea general ordinaria en Manresa, que deberá aprobar las cuentas y la hoja de ruta para el próximo año y luego elegir al secretariado, del que saldrá la permanente. Hasta entonces, el mundo del independentismo catalán será un hervidero.

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