EL SOBERANISMO SE CONSOLIDA

Las siete razones para entender por qué crece el independentismo en Cataluña

La independencia se ha asentado en la opinión pública catalana para quedarse; Cataluña recibe cada vez más apoyos y se llena de esteladas
Foto: Miles de catalanes salieron a las calles en la Diada 2012 (Efe)
Miles de catalanes salieron a las calles en la Diada 2012 (Efe)

La manifestación del 11 de septiembre del pasado 2012 no fue un calentón. La independencia se ha asentado en la opinión pública catalana para quedarse. Como señalaban esta semana en una de las tertulias de Cataluña Ràdio, “a los catalanes les van a preguntar a quién quieren más, a mamá o a papá”. Mientras en el resto de España las reacciones oscilan entre la hostilidad y la indiferencia, Cataluña se llena de banderas esteladas. El último barómetro autonómico del CIS cifró el independentismo en el 33,7% de la población, cuando tradicionalmente esta opción política no pasaba del 15% en convocatorias electorales. Estas son las siete razones de un giro social espectacular.

1.   La crisis económica

Seis años de crisis son muchos años. El precio en Cataluña ha sido muy alto: más de 670.000 parados y muchas víctimas de la precariedad, el empobrecimiento y la falta de perspectivas. En este entorno sólo una formación política ha lanzado un salvavidas a la gente: la independencia solventará la crisis. El mantra mágico es que una Cataluña independiente dispondrá de los 16.000 millones que ahora van al resto de España. El perfil del nuevo independentista es castellano-hablante y con un trabajo, si lo tiene, castigado por los recortes, por ejemplo interino en la Generalitat. Éste nuevo converso quiere creer los tres ejes de la nueva movilización: que la independencia resultará fácil, que se podrá cerrar en términos amistosos con el Gobierno español y que Europa recibirá a la Cataluña secesionista con los brazos abiertos.

2.   El apoyo de los intelectuales

Los intelectuales catalanes han comprado masivamente la idea de que la independencia es la salida. Es lo que tienen las ideas nuevas, son irresistibles. Incluso algunos que carecían de tradición en este sentido se han sumado al carro y ahora son la mayoría. Un momento cumbre de esta mutación fue cuando Josep Ramoneda fichó por el diario Ara y consiguió que ser un columnista de esta cabecera independentista fuese compatible con su puesto en El País y con ser miembro destacado del Círculo de Economía, que preside alguien tampoco sospecho de secesionista como Josep Piqué. Este cambio de los opinadores se refleja en medios de comunicación, tanto públicos como privados, en las encuestas y, en general, en el clima de opinión en Cataluña.

3.   El fin del catalanismo

La principal víctima de que Artur Mas se presentase a las elecciones autonómicas con un programa político basado en la independencia supuso la muerte del catalanismo, entendido éste tal como lo interpretaba Enric Prat de la Riba. Desde el general Prim hasta Jordi Pujol, el catalanismo había sido una ideología que no sólo aspiraba a defender todo lo catalán sino que también buscaba la reforma y modernización de España. Con Mas cruzando el Rubicón del independentismo España se daba por amortizada, convertida en un caso perdido. La nueva oleada centralizadora, por ejemplo llevándose la CMT de Barcelona, la Ley por la Unidad de Mercado, la Ley Wert o la negativa a revisar el sistema de financiación autonómico han llegado en el momento más inoportuno, creando la sensación, incluso entre los proclives al unionismo, de que “desde Madrid no nos dejan ser españoles”.

El catalanismo se ha convertido en una incómoda herencia para PSC, en la práctica el último defensor de esta opción política. Pero los socialistas catalanes se desangran por las disensiones internas y porque su dirección sabe que sumarse a la oleada independentista supondrá perder los últimos bastiones de poder real que le quedan en Cataluña: los ayuntamientos del cinturón rojoL’HospitaletCornellàSanta Coloma… Una prueba de que Cataluña se pone de espaldas a España es que la Generalitat ha renunciado, por primera vez, a liderar o participar activamente en el nuevo modelo de financiación autonómica que va a impulsar el Gobierno.

4.   ERC se apodera de la nueva centralidad

La consecuencia de todo esto es que ERC se ha apoderado de la centralidad política en Cataluña, como recientemente ha reconocido el líder de Unió Josep Antoni Duran i Lleida. ERC sube en las encuestas. Su alternativa independentista se percibe como más auténtica que la de los conversos de última hora de CiU. Oriol Junqueras es un líder mucho más tranquilo que su predecesorJoan Puigcercós. Su discurso huye de la exaltación. Y los sondeos ya dicen que si las próximas autonómicas se celebrasen hoy, ERC sería la primera fuerza política. Por eso CiU se está planteando muy seriamente concurrir a las europeas en coalición con los republicanos, para que no se visualice una derrota electoral. Al convertir la independencia en la idea medular de la política catalana, la formación con mayor tradición independentista ha pasado de la periferia a ocupar el centro político.

5.   El monopolio de las ideas

Lo escribía el director del diario AraCarles Capdevila, en un lúcido artículo titulado: “La suerte y la desgracia de no tener rival” en el que se podía leer:

El independentismo tiene una gran ventaja: no tiene alternativa. Éste es también su principal inconveniente, porque si no tienes rival no debes ser mejor que nadie para avanzar. Es fácil confiarse. Los contrarios a la independencia, incapaces de construir ninguna oferta, se apoderan del discurso del miedo con una cantinela de amenazas económicas, riesgo de rotura social, expulsión de la Unión Europea (…)  El drama es que el soberanismo no se los toma en serio a ellos –lógico– pero desprecia además sus argumentos. Y esto es un error gravísimo. Se acaban negando los riesgos económicos o sociales reales.

No se puede resumir en menos espacio las claves del debate Cataluña-España que estos días, previos a la Diada, recorre la vida política catalana.

6.   El control de la iniciativa política

El estilo de gobernar de Mariano Rajoy  y la herencia del PP de haber jugado el anticatalanismo como una carta política para ganar votos en determinados territorios –Murcia, Comunidad Valenciana, Extremadura– sólo han hecho que se alimente en Cataluña el movimiento a favor de la separación. Mientras que el gobierno de Londres aceleraba la fecha del referéndum sobre Escocia y controlaba la pregunta, lo que previsiblemente llevará a los separatistas escoceses a la derrota en las urnas, Rajoy ha preferido la especialidad de la casa: jugar con el tiempo, esperar a que el problema se resuelva solo o, mejor, se disuelva. Pero como apuntaba José Antonio Zarzalejos desde El Confidencial la pasividad de Rajoy ha dejado toda la iniciativa política al movimiento independentista. Esto probablemente cambiará después de la Diada del próximo 11 de septiembre, cuando se prevé otra movilización masiva, en la que incluso participarán separatistas tan de última hora como el alcalde de Barcelona, Xavier Trias. Pero es posible que ya sea tarde. 

7.   La crisis institucional española

España no está afrontando la reformas que precisa: un cambio en la financiación de los partidos, una reforma de la Justicia, un relevo en la Corona, un pacto de rentas, el encaje de Cataluña y Euskadi, etc. Cambios que se podría resumir en el libro de César Molinas “¿Qué hacer con España?”. Un giro institucional de este calado se está posponiendo una y otra vez por parte de la elite económica y política con un deterioro cada vez más evidente. Lo que coloca a los unionistas que viven y trabajan en Cataluña en un verdadero brete. Porque cuando la alternativa al independentismo es quedarse en la España de Mariano Rajoy o, lo que es peor, en la España de Bárcenas, la oferta resulta muy poco estimulante.

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