bodas de plata

Expo’92: 185 días en los que Sevilla fue la meca del mundo

Fidel Castro, Gorbachov, Mitterrand, Lady Di, 13 premios Nobel... Todos pasaron por la isla de la Cartuja en una muestra universal que mejoró a España en el escaparate mundial

Foto: Los Reyes se divierten junto a sus hijos en la inauguración de la Expo '92. (Cordon Press)
Los Reyes se divierten junto a sus hijos en la inauguración de la Expo '92. (Cordon Press)

“El resultado de este esfuerzo no puede ser otro que el éxito”. Con esta frase, el rey Juan Carlos dio por inaugurada la Exposición Universal de Sevilla el 20 de abril de 1992. Atrás, la incertidumbre y el escepticismo. Hasta 38 campanarios de la ciudad repicaron, miles de palomas mensajeras surcaron el cielo y un centenar de globos pusieron color a la fiesta que acababa de empezar, que rondó una inversión total de 200.000 millones de las antiguas pesetas y pulverizó récords, con 41 millones de visitas y 18.000 periodistas acreditados de 83 países.

Un cuarto de siglo después, nadie duda de que aquella muestra universal transformó Sevilla y Andalucía, y brindó, junto a los Juegos Olímpicos de Barcelona, un lugar mejor a España en el mundo. Las bodas de plata de aquel acontecimiento cuentan con la presencia de los Reyes eméritos en un acto en Sevilla y con una exposición en el Pabellón de la Navegación. El ayuntamiento ha dispuesto un millón de euros para adecentar la Cartuja y mostrar la mejor cara del recinto que hace 25 años dejó de ser una tierra baldía con un monasterio en ruinas.

“Ni el jefe de protocolo de la Casa Blanca”

Teresa Otero, profesora de la Universidad de Sevilla y entonces jefa de protocolo de la muestra, tiene claro que “con la Expo 92, Sevilla se enteró de que había mundo fuera de Sevilla, esta ciudad tan tendente al ombliguismo recibió un baño de universalidad y de modernidad”.

“El año que vivimos peligrosamente”, lo llama, y rememora una experiencia única que le permitió conocer a jefes de Estado, reyes, economistas, presidentes de bancos mundiales, de multinacionales... “Estrenamos los móviles como herramienta de trabajo, el fax dejó de ser una máquina rudimentaria... Fue una revolución tecnológica”, recuerda. “No me acuerdo de malos ratos, sí de momentos inesperados".

Carlos de Inglaterra y Lady Di, en la Expo'92. (Cordon Press)
Carlos de Inglaterra y Lady Di, en la Expo'92. (Cordon Press)

"Un tren que no llega, un invitado que se presenta con toda la familia, niños con carritos incluidos, y que tiene que sentarse en la tribuna de autoridades, una recepción oficial con jefes de Estado y el arzobispo en donde una invitada da de mamar a su bebé, los jeques árabes con su colección de halcones”. Entre sus anécdotas, está la del pañuelo de Lady Di, que Otero le brindó para que se secara las lágrimas durante un trayecto en autobús y que la princesa le devolvió limpio y planchado al día siguiente.

“Al principio fueron días de mucho estrés, pero después respiramos. A partir del día 40, cuando ya pasó un mes largo, empezamos también a disfrutar. Los 185 días de la Expo, parafraseando la película '55 días en Pekín', me brindaron una experiencia única e irrepetible. Ni siquiera el jefe de protocolo de la Casa Blanca tiene la oportunidad de recibir cada día a un jefe de Estado o a alguien de la relevancia de las nombres que visitaron Sevilla”.

Con Plácido Domingo, el peor vuelo de su vida

Sebastián García fue jefe del gabinete de comunicación de la Expo y está convencido de que la muestra “puso a Sevilla en el mapa del mundo”. “Esta ciudad solo era conocida por una minoría, y su turismo estaba muy vinculado a la Semana Santa o la Feria. Gracias a los 15 millones de personas que estuvieron en la Expo, superando los 40 millones de visitas, se situó a Sevilla en el mapa y se mejoró la imagen de España en el mundo entero”. Una semana antes, acogieron a los periodistas para que se fueran familiarizando con el recinto y aproximadamente un año antes se abrieron las puertas a los sevillanos “para que la Expo dejara de ser algo exógeno a la ciudad, y fue todo un éxito”.

Sevilla contó aquellos meses con la mayor y mejor programación de ópera para estrenar el teatro de la Maestranza, con las compañías del Metropolitan de Nueva York o la Scala de Milán. “Teníamos un acto en Madrid con los corresponsales extranjeros y esa misma tarde a las ocho era la presentación en Sevilla con Plácido Domingo sobre un teatro de la Maestranza todavía en obras. No teníamos cómo llegar. Todo se había retrasado y decidimos pedir a la Junta que nos prestara una pequeña avioneta de hélice que se había comprado el tiempos del presidente Rodríguez de la Borbolla. Viajamos cuatro personas, hubo tormenta y fue, sin duda, el peor vuelo de mi vida. Jamás se me olvidará. Plácido Domingo se llevó todo el trayecto durmiendo”.

“El día de la visita de los príncipes de Gales la expectación fue máxima. Cada mañana hacía a primera hora un ‘briefing’ con las claves de la jornada y los compañeros no iban, lo seguían por circuito cerrado. Esa mañana llegué y me encontré más de 200 periodistas ingleses escudriñándome y pidiéndome garantías de que iban a poder seguir cada minuto de la visita del príncipe Carlos y Lady Di”. Otras figuras míticas: Mitterrand, Fidel Castro, Mijaíl Gorbachov...

Fidel Castro y Juan Carlos I, en la Expo'92. (EFE)
Fidel Castro y Juan Carlos I, en la Expo'92. (EFE)

“Gabo, ponte con Curro”

Secundina García, periodista de RNE, llegó dos años antes desde Mérida a ocupar plaza en Sevilla, y ya quien entonces era su jefe, Rafael Rodríguez, le largó varios dosieres para que fuera preparando la Expo. Recuerda “la tensión de los días previos, el miedo a que saliera mal, la presión, los malos augurios”. “Recuerdo horas antes de la inauguración todavía limpiando los operarios, colocando las pérgolas, los albañiles terminando el trabajo, los peones de jardinería, de limpieza... Me decía, a ver cómo sale esto. Y salió muy bien. Fue un pelotazo en todos los sentidos”, cuenta. “Hubo una campaña previa muy dura, de una parte de Sevilla, augurando que iba a ser un fracaso, machacando con un supuesto desvío de fondos públicos, diciendo que era todo un desastre, un despilfarro... esas voces eran muchas en esta ciudad”, narra, y en esto coinciden todos sus compañeros.

“Fue un éxito y los que más disfrutaron fueron los sevillanos, sin duda, que se entregaron al acontecimiento”, añade esta periodista. La Expo se convirtió además en el centro de la actividad política, todo pasaba allí. “Recuerdo perfectamente cuando murió el exministro Fernández Ordóñez (8 de agosto de 1992) y las emocionantes palabras del Rey acerca de su figura. Recuerdo a Emilio Morenatti, que ya entonces era un destacado fotógrafo de EFE, diciéndole a todo un Premio Nobel, Gabriel García Márquez, ‘Gabo, ponte ahí con Curro, por favor’, mientras le achuchaba a la mascota”. El paseo de Mitterrand, que decidió saltarse el protocolo de seguridad y seguir a pie. La cara triste de Lady Di y su vestido de flores, los maravillosos discursos del comisario Emilio Cassinello. De fondo, la caída del bloque soviético, cómo se rompía Yugoslavia, Checoslovaquia, la guerra de los Balcanes, la guerra del Golfo”.

“Las auditorías internas, para el oído interno”

Javier Caraballo, ahora colaborador de El Confidencial, siguió la muestra para la SER, 'El Correo de Andalucía' y 'Diario 16' desde que era aún “un sueño lejano” y había doble sede, Chicago o Sevilla. Fue en París cuando se decidió que se la quedara la capital andaluza y allí estaba él, como cuando se puso la primera piedra. Con el recinto en obras, cayó el muro de Berlín y los dos pabellones de la República Democrática Alemana y República Federal de Alemania quedaron en uno solo por vez primera en una muestra de este tipo. Su mejor anécdota: se saltó el cordón de seguridad y micrófono en mano le preguntó a Fidel Castro: “¿Cuándo va a haber democracia en Cuba?”. Este le replicó: “En Cuba ya hay democracia”, y enseguida un empujón lo apartó. Se prohibieron más preguntas.

“Cuando ardió el Pabellón de los Descubrimientos, era secretario general de UGT en Andalucía Cándido Méndez y me contó que hubo informes previos, que se ignoraron, alertando del riesgo de incendio y de la falta de medidas de seguridad”, cuenta Caraballo. Se prefirió cumplir los plazos y el fuego destruyó uno de los cinco pabellones temáticos apenas dos meses antes de la inauguración. Fue un palo importante. Mucho peor que el hundimiento de la réplica de la 'Nao Victoria' o “el barquetazo”, como se conoció un fallo en uno de los puentes que después se convertirían en santo y seña de la muestra. Naufragios que sirvieron para la chanza.

Y después siempre estuvo “el follón de las cuentas”, bajo sospecha de posible desvío de fondos, comisiones y auditorías maquilladas. “Felipe González quiso nombrar comisario de la Expo a un arquitecto catalán, Ricardo Bofill, pero aquello sentó muy mal en Sevilla y se decantó por alguien con prestigio, por quien había sido su profesor en la universidad, Manuel Olivencia".

Vista del lago de España en la Expo'92 cruzado por el monorraíl, con el pabellón de la Santa Sede al fondo. (Expo'92)
Vista del lago de España en la Expo'92 cruzado por el monorraíl, con el pabellón de la Santa Sede al fondo. (Expo'92)

"Cuando empezaron los problemas por los retrasos en las obras y cundió la sensación de que no se llegaba a tiempo, se nombró consejero delegado a Jacinto Pellón, un ingeniero independiente que tenía un solo objetivo, llegar a tiempo”, cuenta este periodista. Las tensiones entre Olivencia y Pellón acabarían con la dimisión del primero, que en una entrevista ya de salida le dijo a Caraballo: “Hay gente en la Expo que cree que las auditorías internas eran para el oído interno”. Si hubo caso, jamás llegó a nada y se desvaneció en la Audiencia Nacional, pese a un duro informe del Tribunal de Cuentas que, eso sí, nunca vio indicios de delito.

“Nos quedó un vacío, una sensación de pérdida”

Carmen Vázquez trabajó en la emisora oficial, en Radio Expo, que nació fruto de un convenio con RNE para cubrir la exposición desde mucho antes de que se inaugurara y que llegó a emitir sus boletines en varios idiomas durante los meses de la exposición. Recuerda cómo desde la torre de los Remedios, mientras entraba en un boletín de noticias, vio la columna de humo que marcó uno de los momentos más duros: el Pabellón de los Descubrimientos estaba ardiendo. “[Emilio] Cassinello decía siempre con un espíritu asombroso que también pasó en Londres con el gran Palacio de Cristal”, construido para la exposición de 1851 en Hyde Park y que fue destruido en un incendio en 1936.

“Éramos jóvenes y todo era de color de rosa. Informativamente, aquello era la meca. Cada día era un subidón. Cuando se clausuró, como anticipo a la grave crisis económica que se vivió, sentimos todos una sensación de vacío, de pérdida, que fue muy importante”, rememora Carmen Vázquez. “Aquello fue un solar que fuimos viendo crecer. Recuerdo el pabellón de Japón y su exposición de 'origami'. Era impresionante. O entrar en el pabellón del Vaticano y ver el Discóbolo de Mirón, allí, en el vestíbulo”.

El monorraíl a su paso por la esfera bioclimática de la Expo'92. (EFE)
El monorraíl a su paso por la esfera bioclimática de la Expo'92. (EFE)

“Se comía muy bien. Había colas para todo. Colas hasta para comer langosta en el pabellón de Cuba, que era uno de los preferidos junto al de Asturias o La Rioja, donde te daban una jarrita de cerámica donde tomar el vino que aún guardo sobre mi nevera”. Una reliquia como la de la camiseta de la Expo 92 que aún mucha gente guarda y que resiste de forma estoica los lavados.

La compañera mallorquina del rey

Pepe Fernández, fundador de 'Confidencial Andaluz' y exdirector de Onda Cero en Andalucía, señala que la Expo supuso “un cambio de ciclo”. “Salimos de la Andalucía que heredamos de la preautonomía y le dimos la cara al nuevo siglo”. “Cayó el muro de Torneo”, que dividía físicamente la ciudad, “pero cayeron muros mucho más importantes”. “Y eso a pesar de que una parte de esta ciudad, sus fuerzas vivas, no quería la Expo. Bueno, más bien no quería que la hiciera quien la hizo”, cuenta. Hay que recordar que el alcalde de Sevilla, Alejandro Rojas Marcos, llevó al pleno la calificación de 'persona non grata' a Jacinto Pellón, y que ningún alcalde posterior le ha revocado ese título, aunque la Junta le dio la Medalla de Andalucía como desagravio. Pepe fue el primero que entrevistó a Felipe González, para la SER, cuando se supo que Sevilla optaba a ser sede de la exposición universal.

Tiene una anécdota que ahora cobra especial valor. “El día de la inauguración estuvimos comiendo en La Dorada y había una mesa con muchas personalidades, los ministros Aranzadi, Solchaga, José Aureliano Recio, gente del BBVA y una señora desconocida”. El periodista saludó a la mesa y aprovechó que alguien se acercó para preguntarle quién era la mujer. “Era una desconocida Marta Gayá, empresaria mallorquina, me dijeron. No le di más importancia”. Las revelación de las escuchas al rey Juan Carlos hace pocos meses dejan claro que era entonces más que una amiga para el monarca. Fernández solo entiende ahora que el propio Rey ordenara el relevo inmediato de un agente del Cesid, hoy CNI, “con muy buena planta que estaba como jefe de seguridad en el Pabellón Real y que resultó que había sido muy amigo de la señora Gayá”. Uno de los asuntos más jugosos de aquella exposición fue el fuerte choque que se produjo por la seguridad en el recinto. Hubo una dura pugna entre el Ministerio de Interior y el de Defensa porque, según narra Pepe Fernández, se quiso instaurar un sistema de espionaje y escuchas dentro de la Expo que finalmente el Gobierno abortó. “De aquello se acordará bien Curro Arrebolá, que estuvo al frente de la comisaría de la Expo”. ETA aún era una grave amenaza.

“Perder el complejo”

Ángel Aramburu, de la asociación Legado Expo, confía en que esta efeméride se aproveche para “dar un espaldarazo a lo que supuso la Expo para la ciudad de Sevilla y para Andalucía”. “Fue un proyecto de Estado que puso a Sevilla en el centro del mundo. Hoy tenemos que reivindicar el parque tecnológico, las inversiones en infraestructuras, el AVE, la estación de Santa Justa... Debemos reivindicar la importancia de ese momento, que fue un punto de inflexión, y también es una ocasión para el agradecimiento al Estado, a la Junta, pero también a los cientos de participantes, a todos los países, las empresas, que se dejaron un buen dinero en este proyecto”.

“Es una oportunidad de perder el complejo que nos queda”, señala Aramburu. En la exposición que su asociación prepara junto a Epgasa —Empresa Pública de Gestión de Activos—, que será inaugurada el viernes en el Pabellón de la Navegación, se podrá ver el antes, el durante y el después. “Desde un punto de vista conceptual, la exposición es muy novedosa, habrá elementos que te permitirán revivir un día en la Expo, volver a reencontrarnos con cosas que hace 25 años que no se ven e incluso con otras que formaron parte de la exposición pero que nunca llegaron a estar expuestas al público”, avanza. Serán tres euros la entrada, con descuentos para niños, grupos o si se conserva el carné de la Expo.

“Faraónica”, “majestuosa”, “se han lucido de verdad”, “de maravilla pero agotador”, “lo único malo, las colas”... decía el público al programa ‘Los reporteros’ de Canal Sur un día antes de cerrarse la muestra. La cabalgata, el espectáculo del lago, el 3-D del pabellón Fujitsu... Una ciudad única que es ya propiedad de la memoria colectiva de muchos españoles.

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