VINCULADO a LA CONGREGACIÓN DESDE LOS OCHENTA

El general del Cristo de Mena: “Los legionarios profesamos la fe llevando armas"

Antonio Ruiz Benítez es un activo congregante de la cofradía malagueña. Su crucificado, protector de la Legión, va acompañado cada Jueves Santo con el ‘Novio de la muerte’

Foto: El general Antonio Ruiz Benítez.
El general Antonio Ruiz Benítez.

Le gusta ver los encierros, la recogida de las procesiones. Antonio Ruiz Benítez (Ceuta, 1960, y criado en San Roque, Cádiz) acaba de ascender a general de División. Su vinculación con el protector de la Legión, el Cristo de la Buena Muerte, el que va acompañado cada Jueves Santo por las calles de Málaga, es intensa. Ha desfilado como teniente al mando de la tropa, ha llevado sobre sus hombros el trono y organizó un par de años los actos del traslado del Cristo, quizás el momento más conocido en toda España de la Semana Santa malagueña.

PREGUNTA. La primera pregunta es sobre Carme Chacón, la exministra de Defensa fallecida hace unos días. ¿Qué aportó Chacón a las Fuerzas Armadas?

RESPUESTA. Aportó un perfil diferente como primera mujer ministra de Defensa. No tengo elementos de juicio para hacer un balance. Era una persona joven y estaba en la flor de la vida, con unos proyectos importantes que lamentablemente no podrá realizar. Lamento profundamente la muerte de una persona tan vinculada a las Fuerzas Armadas. Descanse en paz.

P. ¿Qué le pareció el homenaje de los legionarios a niños enfermos de cáncer en el Hospital Materno Infantil de Málaga? [IU pidió explicaciones a la Consejería de Salud].

R. A mí me parece una idea magnífica y se demostró el gesto de solidaridad que pueden tener los legionarios. A pesar de su capacidad de combate y fiereza, demostraron su cariño con esos niños. Me he emocionado muchísimo viendo la escuadra de gastadores cantándoles el 'Novio de la muerte' a los que no pueden ir a la procesión y a los que no pueden asistir a la guardia. Ha sido una gran iniciativa de la Legión y la cofradía. Alabo las dos iniciativas. Yo cuando lo vi, me quedé encantado.

P. Ha sido 22 años oficial en la Legión. Se define como un kiwi, verde por dentro y caqui por fuera.

R. Me considero una persona con sentido del humor. Y esta es una expresión que en tono cordial pone de manifiesto el amor que siento por la Legión y reconocer la impronta que esta unidad ha impregnado en mí tras todos estos años de ejercicio en el mando. He tenido la suerte de ejercer desde teniente a coronel, y he estado en todos los empleos de la Legión. He servido cronológicamente en todas las unidades, en el primer tercio, pasé luego a la Academia de mando de la Legión; segundo y tercer tercios; cuartel general de la brigada de Legión, y, finalmente, como coronel en el cuarto tercio Alejandro Farnesio de Ronda. Significa una parte muy importante de mi vida profesional y personal.

P. ¿Cuándo empezó su vinculación con la Congregación de Mena?

R. En 1984, siendo teniente en la primera bandera de la Legión, fui designado como componente de la compañía de honores que ese año iba a acompañar al Cristo de Mena el Jueves Santo. Fue una experiencia inolvidable. Me marcó.

P. Hasta ese momento, ¿qué conocía de Mena y lo que significaba el Cristo protector?

R. Cuando fui destinado a la Legión de teniente, notaba un bullicio y una preparación intensa debido a la múltiple participación de la Legión, y en concreto de las unidades del primer tercio de Melilla ese año. Tengo una frase grabada de un teniente que me dijo: “Antonio, quédate con estas imágenes y estos días que no se te olvidarán nunca”. Y así ha sido. Hasta entonces, no era conocedor de esa vinculación y desde aquel año se quedó muy interiormente en mí. Ahora soy un congregante más.

Jueves Santo en Málaga: la Legión desfila con el Cristo de Mena. (Agustín Rivera)
Jueves Santo en Málaga: la Legión desfila con el Cristo de Mena. (Agustín Rivera)

P. ¿Cómo explicaría la importancia de la presencia histórica de la Legión en Mena y la devoción al Cristo de la Buena Muerte para los que nunca hayan estado en la Semana Santa de Málaga?

R. La vinculación de la Legión con Mena aparece en 1925, cuando el jefe del Estado y el jefe de la Legión participan en los desfiles de abril de ese año. Esa presencia fue el punto de comienzo del interés de que el Cristo de Mena fuese la figura que esos oficiales, suboficiales y legionarios necesitaban. La Legión acababa de nacer [fue en 1920] y esa participación fue determinante para que en 1928 la Legión designara al Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas como protector oficioso de la Legión.

P. ¿Qué determinó esa vinculación más estrecha?

R. Yo creo que fue la participación de España en la guerra de Marruecos y las múltiples bajas y la constitución de una serie de hospitales de campaña donde se curaban las heridas muchos oficiales, uno de ellos ubicado en Málaga, que propició que muchos de sus heridos antes de volver a su puesto de combate pasaran por la capilla del convento de Santo Domingo de Málaga, donde está la Congregación. Esa vinculación se agranda día a día hasta materializarse en la primera guardia legionaria, que se remonta a 1927, y a partir de ese momento, y con el paréntesis de la Guerra Civil, la Legión siempre ha estado presente acompañando a su Cristo.

P. ¿Cuál es su experiencia cofrade?

R. Aunque nací en Ceuta, mi afecto cofrade es gaditano. Me crié en San Roque y participé en una hermandad en el pueblo. Ya en 1971 salí de nazareno, luego fui capataz, hombre de trono…

P. ¿Y en Mena?

R. En la Congregación de Mena he hecho casi de todo. He tenido el privilegio de formar parte de la compañía de honores del Cristo en tres ocasiones. En 1984, de teniente. En 1991 y 1993, fui el capitán de esa compañía. He sido el único capitán de la Legión que la ha mandado dos años —en 1992 estuve en El Salvador en misión de paz y en 1993 el coronel del tercio decidió que también debía ser el capitán—. Además, he llevado al Cristo en mi hombro durante dos años, he sido responsable de la organización de los actos desde el punto de vista de la Legión. También soy consejero de honor como consecuencia de mi mando en el cuarto tercio, pero sobre todo me siento un congregante de a pie. Y estoy muy orgulloso de serlo.

P. ¿Cuándo fue hombre de trono?

R. En la Semana Santa de 1985 y 1986. Fue muy emocionante. Eran hombres de trono con diferentes motivaciones y experiencia. Debajo del varal, lo común es el esfuerzo y la devoción hacia la imagen, pero lo singular es que es muy variado. Hay personas de muy diferentes estratos sociales y está la dificultad de un trono que pesa tanto. Una cofradía está formada por diferentes personas que hacen estación de penitencia de muy diferentes maneras. En Mena, la llevan sobre sus hombros, otros como nazarenos y otros como legionarios que llevan un fusil… Lo importante más allá de la forma es el fondo.

El 'Novio de la muerte' es una oración cantada y los legionarios se dejan la garganta para de esa manera dulcificar el esfuerzo de los hombres de trono

P. ¿Ve fundamental que siempre se interprete el 'Novio de la muerte' acompañando al Cristo?

R. Sí, sin duda. El 'Novio de la muerte' es una canción que ha evolucionado. Empezó siendo un cuplé y allá por la mitad de los setenta un capitán músico del tercio Duque de Alba de Ceuta la arregló para ser cantada a paso lento. Fue adaptado como uno de los himnos oficiales de la Legión y desde ese momento no se puede concebir al Cristo de Mena sin el son del 'Novio de la muerte'. Es una oración cantada, y los legionarios se dejan la garganta para de esa manera dulcificar el esfuerzo de los hombres de trono.

P. ¿Sería inconcebible que al paso del trono se interpretara otra marcha procesional?

R. No conviene polemizar sobre este tema. Esas situaciones son naturales. El mejor refrendo de que las cosas deben ser así es oír a las personas que esperan a la Legión desde las tres de la tarde en la calle Carretería o en la calle Larios. También se debate si ellos están esperando a la cofradía o es solo a la Legión, o por el Cristo. A mí no me gusta entrar en este tipo de polémicas. Desde un punto de vista de un congregante, veo a la cofradía de Mena como un todo, y todo es necesario, igual que Nuestra Señora de la Soledad va con su Salve Marinera y con la Armada. Está muy bien ver el Cristo en la calle Larios y pasar por la tribuna de un tirón, sin capataces ni mayordomos, ni orden ni dirección. Solo con los hombres de trono dirigiendo el Cristo. A mí me parece una imagen tradicional aceptada y demandada por la mayoría de la gente de Málaga.

P. ¿Cómo se compagina lo militar con lo religioso?

R. La participación en los actos religiosos del personal militar es totalmente voluntaria. Nadie puede ser obligado a participar contra su voluntad. De ahí la importancia de conocer la devoción y profundo arraigo en la Legión. Siempre se presentan muchos voluntarios de los que pueden formar parte de la guardia de honores. Para un legionario no es una obligación, sino un privilegio poder acompañar al Cristo durante su recorrido procesional. Y no es fácil. Hay una elección personal del jefe de acuerdo a la marcialidad junto al comportamiento y desempeño profesional. Se elige a los mejores. Hay legionarios que han participado en la procesión aunque no eran católicos, pero lo consideran su protector, por encima de religiones o de prácticas religiosas.

Jueves Santo en Málaga: la Legión desfila con el Cristo de Mena. (Agustín Rivera)
Jueves Santo en Málaga: la Legión desfila con el Cristo de Mena. (Agustín Rivera)

P. ¿Y qué explicación tienen las armas en una procesión?

R. Es la forma de hacer profesión de fe que tienen los militares ante su Cristo, escoltarlo con sus armas para que esa compañía de honores muestre cuál es la vinculación todo el año.

El "ideólogo" Millán-Astray

P. ¿Hay que reivindicar la figura de Millán-Astray, el fundador de la Legión?

R. Más que reivindicarla, yo creo que hay que recordar que el teniente coronel Millán-Astray es el fundador y el ideólogo de la Legión, creador de su mística, recogida en gran parte del código Bushido japonés. Fue un visionario que con su ejemplo y clarividencia fue capaz de crear una unidad de élite en un entorno tan difícil como la España de los años veinte. No hay que olvidar que en aquel momento España se encontraba inmersa en un proceso grave de pérdida de pujanza en el mundo internacional. Acabábamos de perder las últimas colonias que nos quedaban de nuestro imperio (Cuba y Filipinas), nos vimos arrastrados a una presencia en el norte de África, tras el Tratado de Algeciras, donde España no fue bien tratada en la distribución del territorio… Nos vimos involucrados en unas condiciones complicadas, en una guerra con un ejército mal dotado y de escasa moral, con una exclusión monetaria de la obligación de ir a filas. Millán-Astray transformó totalmente la filosofía de la unidad del Ejército para crear una unidad de voluntarios con un armamento puntero para la época y un espíritu que le llevó en muy poco tiempo, en menos de un año, tras una marcha de 100 kilómetros en Marruecos, a defender Melilla, que parecía que iba a caer tras el desastre de Annual. Es una figura insigne para la Legión.

El general del Cristo de Mena: “Los legionarios profesamos la fe llevando armas"

P. Su nombre tampoco ha estado exento de polémica, con la retirada de su calle en Madrid y su célebre desencuentro con Unamuno con la frase de “viva la muerte” o las concentraciones a su favor.

R. Me gustaría ceñirme a su faceta como ideólogo de la Legión. El resto de las interpretaciones sobre su figura no me corresponde a mí hacerlas, porque podría ser interpretado de otra manera. Millán-Astray fue herido en combate en cuatro ocasiones y creó e impulsó el credo legionario estructurado en 1920 y que, respetando la estructura jurídica de España, tiene plena vigencia.

P. ¿Cuál ha sido la evolución de la Legión en las últimas décadas?

R. Ha cambiado al ritmo de la propia sociedad española. Los primeros legionarios que se alistan proceden de estamentos de la sociedad poco favorecidos. Esa leyenda ha perseguido a la Legión durante mucho tiempo, hoy en día los componentes son hombres y mujeres que ejercen su vocación como ciudadanos de uniforme. Actualmente, los procesos de selección para ingresar en la Legión son comunes a todas las condiciones militares y se requieren una serie de condiciones físicas, psicotécnicas y médicas, además de la ausencia de antecedentes penales. Han cambiado su táctica, su procedimiento, su armamento y material y sus misiones dentro de los compromisos internacionales de España. Al mismo tiempo, el espíritu y tradición han permanecido inmutables para seguir siendo una de nuestras unidades de élite.

P. ¿Fue importante la incorporación de la mujer al Ejército?

R. Hace tiempo ya que ha dejado de ser una novedad. Rindo homenaje a todas las mujeres que forman parte de una unidad de combate como es la Legión. No hay para ellas un solo privilegio. Ni discriminaciones negativas, ni positivas. Ellas no las merecen y han cumplido con sus misiones a plena satisfacción.

P. ¿Cómo ve el futuro de las Fuerzas Armadas? ¿Debería profundizarse en esa línea de profesionalización o bien volver a una cuota de servicio militar obligatorio?

R. Soy muy optimista, lo veo en una línea ascendente y positiva. Eso viene marcado en la tendencia de los últimos años con nuestra presencia en misiones internacionales y el éxito que hemos cosechado. Así lo ratifica el reconocimiento que recibimos de nuestros aliados y amigos, y la tendencia a la mejoría es constante. Creo que hoy en día los ejércitos necesitan adaptación, el modelo está consolidado, y no obstante no es una decisión militar, sino política. Las Fuerzas Armadas estaríamos dispuestas a adaptarnos a cualquier decisión que el Gobierno tomara.

Jueves Santo en Málaga: la Legión desfila con el Cristo de Mena. (Toñi Guerrero)
Jueves Santo en Málaga: la Legión desfila con el Cristo de Mena. (Toñi Guerrero)

P. ¿Qué valores debe tener el militar del siglo XXI?

R. Los mismos valores que ha tenido siempre, fundados en nuestros antepasados castrenses y recogidos en nuestras reales ordenanzas, como la disciplina, el valor, la integridad, la responsabilidad, la competencia profesional, la abnegación, la constancia, el entusiasmo, la iniciativa, el amor a España, el patriotismo.

P. ¿Era partidario del servicio militar obligatorio?

R. Fue una medida instaurada por Napoleón en la República francesa como consecuencia de la movilización para incrementar los ejércitos. Hasta ese momento, los ejércitos los componían mercenarios pagados con dinero de determinados señores. En la España de principios de la década de los noventa, se empieza a estudiar que ese Ejército obligatorio se sustituya por otro profesional. Y no cabe duda de que cada modelo tienen ventajas e inconvenientes. Se ha hecho un gran esfuerzo de adaptación y hay que considerar que los últimos soldados de reemplazo que se incorporaron al Ejército tenían un tiempo de estancia en filas de nueve meses y luego, dependiendo de la unidad, necesitaban adquirir una serie de capacidades de conocimiento de material pesado, y era un tiempo muy condensado. Un ejército profesional con esa especialización y armamento específico permite un rendimiento muy adecuado por la permanencia.

P. Su primera misión internacional fue entre 1992 y enero de 1993, en El Salvador. Explique cómo se desarrolló.

R. Participé como observador militar de la ONU en el proceso de desmovilización de la guerrilla, que actualmente, tras su transformación en partido político, es quien gobierna en El Salvador, el FMLN [Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional]. Tras tanto esfuerzo, aunque la seguridad algunas veces se puede ver afectada, me siento muy orgullo de aquella misión. Aquel año, España se vio involucrada en la celebración del Quinto Centenario con la Expo 92 de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona. Dimos un paso muy importante porque la misión de observadores militares en El Salvador fue mandada por primera vez por un español, el general Suánzez Pardo, compuesta de modo mayoritario por militares de nuestro país. España aportó 101 oficiales, fue la primera misión en el ámbito de Naciones Unidas cuyo idioma oficial fue declarado el español, y desde que se concluyó ha sido tomada como ejemplo de eficacia. Se nos pidió verificar el cumplimiento de los acuerdos de paz tanto por el ejército como por la guerrilla. No llevábamos armamento, éramos observadores militares. Y, a pesar de que hubo momentos difíciles, se consiguió desmilitarizar a los guerrilleros y la reinserción a la vida civil con plenas garantías.

Misión en el Congo

P. ¿Cuál es la misión internacional de la que se siente más orgulloso?

R. Todas han sido muy importantes para mí, como la de la brigada 3 de Almería en 1996, donde fui jefe del área de cooperación cívico-militar con el control de los campos de refugiados, distribución de ayuda humanitaria, reconstrucción de infraestructuras y colaboración con autoridades civiles, o la del año 2000 en el norte de Kosovo, en las tareas de inteligencia y seguridad. También en Líbano, en 2008. En la misión de la Unión Europea desarrollada en la República Democrática del Congo, entre julio y diciembre de 2006, fui jefe del contingente español desplegado en este país al mando de 130 legionarios. Era teniente coronel y es la vez en que ejercí el mando con mayor responsabilidad y dificultad.

P. Especifique la importancia de esa misión.

R. España decidió unirse a la misión que por primera vez destacaba en África para apoyar la democracia. Estábamos en una zona de operaciones muy importante, a 5.000 kilómetros de distancia en avión del territorio nacional y con un importantísimo reto logístico: todo el armamento tuvo que ser transportado y desplegado vía marítima a través del río Congo. Recogimos el material en un puerto fluvial. Tras dos jornadas de marcha a lo largo de todo el país, llegamos finalmente a la zona de despliegue. Gracias a la intervención del grupo logístico de la Legión, aquello se hizo posible y en los sucesos del 21 y 22 de agosto de 2006, la compañía de acción inmediata al mando del capitán Ríos tuvo una participación heroica en la puesta en libertad de los embajadores de Estados Unidos, Francia, Bélgica y Japón que se encontraban retenidos en el interior de una vivienda y que fue atacada por fuerzas leales al Gobierno.

P. ¿En qué medida ha sido importante su capacidad de liderazgo en las misiones que ha dirigido?

R. El liderazgo es fundamental en el mando. Es una capacidad que tiene que ser exigible a quien lo ejerce. Hay quien argumenta que el líder nace, pero yo creo que el liderazgo puede aprenderse y debe ejecutarse. No hay líder si no hay buenos soldados, suboficiales y oficiales.

El oficial es partidario de traspasar los valores del Ejército al mundo de la empresa

P. ¿Los militares tienen una escala de valores diferente a la del resto de ciudadanos?

R. Creo que no. El militar se consagra al servicio de España, no únicamente como una profesión, sino como una vocación. Está dispuesto a afrontar el máximo sacrificio, es decir, a sacrificar su propia vida en defensa de su patria. El soldado tiene que asumir que tiene que matar o que tiene que morir en cumplimiento de la misión encomendada. Por eso, el militar tiene que ser depositario de una serie de valores y cultivarlos a lo largo de toda su vida, como lealtad, perseverancia, valentía, alegría, abnegación, disciplina…, pero esos valores no son exclusivos de los militares. Nosotros tenemos que defender esos valores porque al cultivarlos, si es preciso con nuestra vida y unos medios susceptibles de matar, tenemos que tener una serie de valores arraigados que no nos hagan ser un colectivo sin control, ni unos mercenarios, sino personas con valores y capacidades para defender a nuestra patria.

P. Usted defiende aplicar esos principios al mundo de la empresa. ¿Se pueden emplear la disciplina y obediencia que impulsa la Legión?

R. Se puede y se debe. Lo más importante que tenemos en el Ejército son las personas. Para que una organización funcione, debe tener un nivel de satisfacción y reconocimiento tanto desde el punto de vista personal como profesional. La diferencia entre una empresa en la que su personal está involucrado y aquellas en que no lo está radica en la gestión del personal. Si hay una empresa que trata bien a su personal y le dedica tiempo a su formación y se preocupa, esa empresa funcionará bien. Se pueden aplicar principios como el liderazgo, la responsabilidad, la integridad, la iniciativa, la competencia profesional, la abnegación, el valor… Y además es un acierto total hacerlo así. No cabe hablar de una militarización de las empresas, pero sí cabe hablar de la transmisión de una serie de valores dentro de la empresa.

P. Su reciente ascenso como general de división coincide con su nombramiento, el pasado 11 de abril, de director de Doctrina, Investigación, Orgánica y Materiales (Didom) del Ejército de Tierra con sede en Granada.

R. Hasta hace dos semanas, me he dedicado a la enseñanza militar con la formación de nuestros oficiales, suboficiales y tropa. El trabajo que voy a desarrollar en el Didom es un campo con muchísimas posibilidades y es el que marca el motor que mueve al cambio en el Ejército. Es una oportunidad de complementar mi formación.

P. ¿Cuánto tiempo prevé estar en este puesto?

R. No tenemos tiempo limitado de destino. Solo nos lo marca la situación en activo a la que pertenecemos. Si pasara a la reserva, debería dejar el mando. Los militares siempre tenemos la mochila preparada para el destino que se nos requiera, y hablar de tiempos máximos no procede.

P. ¿Le apetecería volver a alguna misión internacional?

R. Sin duda es muy atractivo, pero ahora toca concentrarme en cuerpo y alma en este cometido que se me ha asignado, y eso para mí supone un reto con muchísima ilusión.

P. ¿Y llegar a capitán general?

R. Tengo la ilusión de afrontar el día a día a plena satisfacción y no defraudar a las personas que trabajan conmigo. No cabe duda de que hay una lógica aspiración profesional.

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