Ahora conocido como 'El violador de la paz'

Detienen al 'violador del ascensor' como autor de cuatro nuevas agresiones

En 2013, fueron muchos los que alzaron la voz por la puesta en libertad de Pedro Luis Gallego. La policía ha confirmado este miércoles que no se equivocaban: ha vuelto a ser detenido por abusos

Foto: Pedro Luis Gallego, en el momento de salir de la cárcel en 2013. (EFE)
Pedro Luis Gallego, en el momento de salir de la cárcel en 2013. (EFE)

En 1992 fue condenado a penas de 273 años de cárcel por el asesinato en Valladolid de la joven Leticia Lebrato (17 años), por el asesinato y violación de la burgalesa Marta Obregón (19 años) y por otras 18 agresiones sexuales, pero en noviembre de 2013 salió a la calle gracias a la derogación de la doctrina Parot. A punto de cumplirse cuatro años desde entonces, su nombre ha vuelto a sonar con fuerza este miércoles tras descubrirse que se le imputan nuevas agresiones sexuales, y es que el 'violador de La Paz' y el 'violador del ascensor' parecen ser en realidad la misma persona: Pedro Luis Gallego.

Detienen al 'violador del ascensor' como autor de cuatro nuevas agresiones

Durante la década de los ochenta y noventa, el sujeto aprovechó su profesión como mecánico de ascensores para acceder a los portales de sus víctimas, donde después las forzaba. La crueldad de Gallego llegaba a tal punto que en una ocasión le arrebató el DNI a una de ellas para que esta fuera consciente de que sabía quién era y dónde vivía. "Puedo ir a la cárcel, pero tarde o temprano saldré a la calle", le dijo entonces, según explico la propia víctima al diario 'El Mundo'.

Y no se equivocaba. En 2013, Gallego salió de la cárcel, una decisión que fue muy criticada por aquellos que le conocían. El pequeño pueblo al que se mudó, la pedanía de Honcalada, se llenó entonces de carteles en los que pedían que se marchara, objetivo que finalmente lograron. "No queremos asesinos ni violadores", podía leerse en uno de ellos. "P. Gallego. Viola a tu madre", decía otro. La situación llegó a tal punto que las alumnas del instituto Condesa Eylo Alfonso, a escasos metros del lugar en el que vivía el violador, comenzaron a ir a clase con un silbato colgado del cuello.

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Aunque dichas medidas parecían exageradas en 2013, la información que ha revelado ahora la policía demuestra que toda precaución es poca, y es que Pedro Luis Gallego ha vuelto a ser detenido en Segovia como presunto responsable del secuestro y violación de cuatro mujeres en las inmediaciones del Hospital La Paz, en Madrid. Desde hace meses y tras las denuncias de dos de sus víctimas, los investigadores buscaban a este hombre que, a punta de pistola, las raptaba en la calle Arzobispo Morcillo, situada en el distrito de Fuencarral-El Pardo, para después trasladarlas a otro lugar y agredirlas sexualmente. Según han informado fuentes policiales a EFE, a Gallego se le imputan ahora dos agresiones sexuales consumadas y otras dos en grado de tentativa.

Fuentes de la Unión Federal de la Policía explican a El Confidencial que su detención ha sido posible gracias a las bases de datos policiales. En este sentido, apuntan a que las denuncias de las víctimas les permitieron saber cuáles eran los rasgos físicos del violador y su 'modus operandi', información suficiente para limitar el número de sospechosos. Tras advertir que Pedro Luis Gallego se encontraba entre los candidatos, los investigadores pusieron en marcha dos operaciones: por un lado, la de vigilar la calle en la que se estaban produciento los secuestros y, por otro, la de seguir de cerca al sospechoso. De esta manera, los agentes lograron recabar suficientes pruebas para proceder a su detención. "Además, tenemos su ADN", señalan desde la UFP, aunque matizan que todavía es pronto para hablar de condenas.

Teniendo en cuenta los antecedentes de Gallego, son pocos los que confían en que vaya a rehabilitarse en prisión. El Confidencial ha podido hablar con uno de sus sobrinos, y ni siquiera él sale en su defensa. "¿Ha vuelto a las andadas? Pues espero que le vaya bonito donde le encierren", responde con indignación antes de colgar el teléfono. Una vez más, la polémica en torno a la reinserción de los violadores salta a la palestra.

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