Se hizo pasar por el presidente de la empresa

Nicolás prometió trabajo en Pascual a la hija del jefe de estudios para aprobar selectividad

La Policía considera acreditado que cometió cohecho y falsedad documental al poner la foto de un amigo en su DNI para que éste le hiciera el examen, que superó con un 8,25

Foto: Francisco Nicolás Gómez Iglesias. (EFE)
Francisco Nicolás Gómez Iglesias. (EFE)

Francisco Nicolás Gómez Iglesias falsificó el documento nacional de identidad (DNI), pagó a otro alumno para que se hiciera pasar por él durante el examen de selectividad, sobornó a sus amigos para que aparentaran normalidad e incluso prometió que daría trabajo nada menos que en el Grupo Pascual a la hija del jefe de estudios de su instituto con el fin de superar la prueba. Así lo considera acreditado el último informe remitido por la comisión de investigación de la Policía Nacional al titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Madrid, Arturo Zamarriego, que dirige las pesquisas.

Los agentes concluyen que el acusado podría haber cometido un delito de cohecho por el pago en especies prometido al directivo escolar, otro de falsedad en documento público por alterar el DNI mediante la incorporación de la foto de un compañero y un tercer ilícito de falsedad en documento oficial al planificar y llevar a cabo todos los preparativos dirigidos a conseguir la acreditación de selectividad que le permitió su posterior ingreso en la universidad.

Según revelan los correos electrónicos intervenidos por la policía, el joven remitió un 'mail' a la hija del jefe de estudios haciéndose pasar por el presidente del Grupo Pascual, Tomás Florencio Pascual, en el que anunciaba a la chica que quería contratarla, que estaba recomendada por Gómez Iglesias y que no se preocupara por la poca experiencia que tenía porque en el equipo le enseñarían todo lo necesario. Ella, de hecho, se creyó el correo y las promesas de que iba a tener un sueldo de 64.000 euros al año, hasta el punto de que abandonó su anterior trabajo para incorporarse a un destino que solo existía en su imaginación y en la del ahora acusado.

En declaraciones ante la policía, de hecho, el propio presidente de la mercantil asegura que nunca se ha comunicado con Gómez Iglesias, que no le conoce de nada y que en ningún momento ha manejado la cuenta de correo electrónico que se creó en Gmail para llevar a cabo la maniobra relatada. "Niega categóricamente tener esa dirección, ya que solo tiene la corporativa, que usa tanto para temas laborales como personales; añade además que ni es su estilo de redacción ni su forma de proceder", explica el informe de la comisión de investigación, encabezada aún por el comisario Marcelino Martín Blas, quien recientemente ha presentado su dimisión como jefe de las pesquisas.

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La misiva remitida a la hija del jefe de estudios por Gómez Iglesias haciéndose pasar por el presidente del Grupo Pascual, en concreto, fue enviada el 23 de agosto de 2012 y rezaba del siguiente modo. "Buenas tardes, María. Soy Tomás Pascual, te escribo desde mi correo personal. Me dijo Fran que estabas en Sodexo trabajando. He estado navegando este fin de semana con él por el sur... Lo hemos pasado muy bien y me ha recomendado para ponerte en un puesto de dirección que tenemos vacante. Más que recomendado, obligado ja, ja. No te asustes por el cargo, siempre hay que dar el paso y más cuando estamos en familia. Me gustaría comer contigo, con el consejero delegado del grupo y con Fran para cerrar todo y responderte a las dudas que precises para que empieces en octubre".

Más de un mes después de recibir el correo, el 26 de septiembre del mismo año, la hija del jefe de estudios escribe a Gómez Iglesias para pedirle explicaciones porque no tenía ninguna noticia de Pascual. "Buenas tardes, Fran. Soy María, la hija de Pepe. Todavía no me han llamado del Grupo Pascual y estoy bastante inquieta con este asunto porque he dejado mi trabajo en Sodexo. Estamos intentando contactar contigo pero no hay forma", le transmite al joven.

Tomás Pascual Gómez-Cuétara, presidente del Grupo Pascual. (EFE)
Tomás Pascual Gómez-Cuétara, presidente del Grupo Pascual. (EFE)

El papel del jefe de estudios, José Y. J., resultaba "clave" para los planes de Gómez Iglesias, según entiende la policía, dado que el joven impostor necesitaba saber quién iba a ser el profesor del instituto que vigilaría los exámenes. Si el docente conocía al ahora acusado, se daría cuenta de que había alguien sustituyéndole. Si no, habría posibilidades de llevar a cabo su plan. Por eso, como relata el informe, el joven informó "detalladamente" de todo lo que iba a poner en marcha al alto cargo escolar, quien a cambio le dijo el nombre del profesor que se encargaría de cuidar a los alumnos, motivo por el que la policía acusa al funcionario de cohecho.

La relación entre José Y. J. y Gómez Iglesias, calificada por los investigadores como algo más que la normal entre profesor y alumno, se rompió después de este episodio que el informe policial califica de "engaño". El jefe de estudios remitió una carta al chico en la que le transmitió lo que estaba sufriendo por su hija, a la que él "había truncado un proyecto de vida", y la "pesadilla" en la que se había convertido el día a día de su familia. No en vano, el joven también había prometido otro trabajo a la segunda hija de José Y. J., aunque esta vez en la constructora OHL.

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El examen tuvo lugar entre el 11 y el 13 de septiembre de 2012, pero días antes ya estaba organizando todo el joven, que incluso informó a sus amigos más cercanos a través de un chat privado de lo que iba a hacer con el fin de que todos ellos conocieran que iba a venir otro chico que se parecía a él para usurpar su identidad y realizar la prueba en su nombre. Gómez Iglesias incluso llegó a enviar dos fotos al mencionado grupo de mensajería con el fin de que el resto de miembros conocieran la cara de la persona a la que tenían que acoger como si fuera su amiga, otro alumno identificado por la policía como Manuel A. S., a quien los investigadores le imputan dos delitos de falsificación documental, uno por el DNI y otro por realizar los exámenes haciéndose pasar por otro.

Según declararon posteriormente ante la policía algunos componentes del chat, como revela el informe, el ahora acusado le prometió a su 'alter ego' la cantidad de 6.000 euros, que otras fuentes aseguran que nunca llegó a ser desembolsada por Gómez Iglesias, quien también anunció a sus amigos que les compensaría por el favor en forma de fiestas en el chalé del lujoso barrio madrileño de El Viso.

Para obtener el DNI con la imagen de su amigo, por otro lado, el joven acudió a la comisaría de Santa Engracia (Madrid), dijo que había extraviado su documentación y pidió un nuevo carné con su foto actualizada. Luego se personó en las dependencias policiales del distrito madrileño de Tetuán para obtener el DNI con sus datos personales pero con la cara de su amigo. La División de Documentación de la Policía acreditó posteriormente que el carné era "auténtico" así como que la fotografía no se correspondía a la identidad del usuario.

En este contexto, la comisión de investigación señala a la funcionaria de la Policía O. P. R. como presunta autora de un delito de falsificación, al ser la que expidió el DNI al chico con una foto que no era la suya y con el acusado presente. El informe remitido al Juzgado número 2 argumenta que en aquel momento "se permitía emitir duplicados de DNI por cambio de foto o firma tan solo cuando su identificación fuera confusa", pero se exigía siempre que esa nueva imagen fuera remitida a la División de Documentación, cosa que la funcionaria no hizo.

"Creía que era la misma persona", declaró ante la comisión judicial la agente ahora acusada, quien aseguró que entendió que bastaba con la comprobación de la identidad mediante la huella dactilar. La funcionaria, añade el informe, debería haber contrastado "in situ' que la fotografía aportada se correspondía y permitía la identificación", además de haber verificado la instantánea con la imagen que aparece en la pantalla del equipo informático de expedición.

Gómez Iglesias superó de este modo los exámenes de selectividad con una nota de 8,25, sustancialmente superior a la media que había obtenido en bachillerato, que se situó en un 5,53. La calificación del joven fue una de las más altas de su instituto. La nota final, asegura el informe policial, unida a la de bachillerato, arroja "una media de 6,125", lo que le permite ingresar en el Colegio Universitario de Estudios Financieros (Cunef), vinculado a la Universidad Complutense de Madrid, donde cursa la carrera de derecho y dirección de empresas.

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