SE SOMETIÓ A FECUNDACÓN IN VITRO EN EE.UU.

Así es Mauricia, madre a los 64 años: de pisar embajadas a ser el "ogro" del pueblo

Es la segunda mujer de más edad en dar a luz en España, y lo hace tres años después de perder la custodia de su primera hija por desamparo, a la que tuvo ya con 58 años. Los Servicios Sociales también le han quitado la custodia de los gemelos

Foto: Instantánea del proceso de cesárea programada de Mauricia Ibáñez, el pasado martes en Burgos. (Hospital Recoletas)
Instantánea del proceso de cesárea programada de Mauricia Ibáñez, el pasado martes en Burgos. (Hospital Recoletas)

Un "bicho raro", un "ogro", la que "no se habla con nadie en el pueblo". Así definen en Palacios de la Sierra (Burgos) a Mauricia Ibáñez, 'la Mauri’, conocida en España por haberse convertido, con 64 años, en la segunda mujer de más edad en dar a luz en nuestro país. El martes fue madre de mellizos en el hospital Recoletas de Burgos, pero pocos vecinos lo han celebrado. No se habla con su familia desde hace años y no se le conocen amigos. "Sale de su casa, hace la compra sin decir nada y se encierra de nuevo. Si puede cruzar por otra calle para no saludarte, lo hace", cuenta un vecino apostado en la fuente que preside la plaza Mayor.

[Lea aquí: Los Servicios Sociales retiran la tutela de sus gemelos a la madre burgalesa de 64 años]

Pese a haber dado a luz con casi 65 años (los cumple en abril), la vida privada de Mauricia Ibáñez no tendría mayor relevancia pública si no fuera porque ya tuvo una hija con 58 años a la que los servicios sociales retiraron la custodia. Ocurrió en 2014. Los técnicos de la Junta de Castilla y León dictaminaron que la niña, de nombre Blanca, padecía una situación de desamparo. Vestía pobremente a pesar de que Ibáñez disponía de abundantes recursos económicos ("iba con ropa vieja llena de lamparones"), carecía de una higiene mínima y no estaba escolarizada. Blanca tenía entonces tres años. Hoy tiene seis y vive felizmente en Canadá tutelada por una sobrina de la madre.

Un grupo de vecinos conversa en la calle en Palacios de la Sierra. (D.B.)
Un grupo de vecinos conversa en la calle en Palacios de la Sierra. (D.B.)

Este caso, pues, no implica solo un dilema ético (¿debe la medicina permitir a una mujer de 64 años ser madre?), sino una emergencia infantil (¿están los mellizos en riesgo con su madre?). En Palacios de la Sierra todo el mundo tuerce el gesto. Los vecinos rechazan las preguntas, no quieren hablar. "Aquí nos conocemos todos y nadie quiere enemistarse con la Mauri. Tiene muy malas pulgas y solo falta que hables mal de ella para que luego te las estés encontrando cada día haciendo la compra. Es incómodo. Cuando ha venido a mi tienda estos meses de embarazo ni le he preguntado cómo está. Recuerdo una señora que al principio le dijo que si ya tenía claro lo de ser madre de nuevo y la mandó a meterse en sus asuntos", cuenta un comerciante. Los pocos vecinos que dan su opinión lo hacen en condición de anonimato. Su hermano se niega a atender cualquier pregunta y una de sus sobrinas huye a la carrera en cuanto se le acerca el periodista.

Así es Mauricia, madre a los 64 años: de pisar embajadas a ser el "ogro" del pueblo

Los Ibáñez son una de las familias más prominentes de Palacios de la Sierra, un bello pueblo de 734 habitantes. Aquí nacieron Mauricia y sus cinco hermanos. Tres de ellos emigraron a Canadá sobre los años 50 y los otros tres, entre ellos Mauricia, se quedaron en el pueblo. Mauricia pudo, no obstante, marchar en su juventud a estudiar a Madrid, donde inició una prometedora carrera en el servicio exterior, ejerciendo cargos administrativos en las embajadas españolas de varios países. Fue hace unos 15 años cuando decidió regresar a Palacios para disfrutar de su prejubilación y cuidar de sus ya muy ancianos padres.

Edificio familiar de los Ibáñez en el centro de Palacios de la Sierra, donde vive Mauricia. (D.B.)
Edificio familiar de los Ibáñez en el centro de Palacios de la Sierra, donde vive Mauricia. (D.B.)

Todo invitaba a pensar en un feliz reencuentro familiar junto a sus padres, hermanos y los sobrinos que permanecieron en el pueblo, pero la relación pronto se marchitó. La voluntad de convertirse en madre soltera ya en su cincuentena fue la gota que colmó el vaso. "Se encabezonó con que quería ser madre. A todo el mundo le pareció una locura pero ella es muy tozuda y tiene mucho carácter", cuenta una de sus vecinas de calle. Así que Mauricia hizo las maletas, se plantó en Estados Unidos y se sometió con éxito a una fecundación in vitro, cuyo coste asciende a más de 40.000 euros. A los 58 años dio a luz a Blanca con cesárea programada en el hospital Recoletas de Burgos, donde ahora ha tenido, replicando el mismo proceso (y desembolso económico), a los mellizos.

"Con la niña era tremenda. No la dejaba jugar con el resto de niños, la tenía aislada", cuenta una madre

"Con la niña era tremenda. No la dejaba jugar con el resto de niños, la tenía aislada", cuenta una madre que vivió varios momentos incómodos con Mauricia. “Ella es una mujer muy inteligente, pero quería criar a su hija a su manera. Todo lo que hacíamos el resto de padres le parecía fatal, decía que si ahora los niños hacen lo que quieren. Por eso no la quiso meter en la escuela, la educaba ella en su casa”, continúa. El estado de aislamiento, poca higiene y actitud de la madre alertó primero a una de sus hermanas, Pilar, maestra de profesión, y luego a los servicios sociales. A partir de ahí, se lanzó el procedimiento judicial para retirarle la custodia.

"Recuerdo ver varias veces a los de servicios sociales y a la policía tocándole a la puerta. Y ella nunca les abría", afirma uno de los pocos veinteañeros que vive y trabaja en Palacios. "Conociéndola, alguna trifulca tendrían. A los anteriores dueños del bar (el Arlanza, justo al lado de su casa) los tenía fritos a llamadas. A cualquier ruido les echaba la bronca por teléfono", continúa risueño el muchacho antes de soltarle a un amigo que justo llega: "¡Mira, aquí viene el padre de los mellizos!". A lo que este responde jocoso: "¡No! Mío solo es el niño".

Los vecinos aún se sorprenden del revuelo que ha armado el caso. (D.B.)
Los vecinos aún se sorprenden del revuelo que ha armado el caso. (D.B.)

La gente joven de Palacios es, de hecho, la única que no pone cara de espanto cuando se le interpela por ‘la Mauri’. "Yo la recuerdo ya desde pequeña, que nos pegaba cuatro gritos a los niños cuando algo le molestaba. Era un poco bruja, pero ya de mayor no he sabido más de ella", rememora una chica de 26 años. Los vecinos de más de 40 años, en cambio, escurren el bulto con un punto de temor. "Yo no tengo nada que decir", "uy, pregúntale a otro", "no sé nada", son respuestas que se suceden en cascada.

Así es Mauricia, madre a los 64 años: de pisar embajadas a ser el "ogro" del pueblo

Alguno también la defiende, como la vecina que asegura que los informes de los servicios sociales "fueron exagerados". "La niña iba con ropa vieja pero no andaba desarrapada ni pasaba hambre. Mauricia quería muchísimo a la niña, le tuvo que doler mucho que se la quitaran", prosigue la mujer, bolsa de la compra en mano, antes de acelerar el paso. Un dato que choca con la valoración de los servicios sociales, que hasta la fecha han mantenido vigente una orden de alejamiento. En este tiempo la mujer solo ha podido hablar con su hija los domingos mediante conferencia de Skype, según el relato de los vecinos.

Mauricia tendrá que criar a sus mellizos con la supervisión constante del equipo de intervención familiar de la Diputación de Burgos

Sorprendidos aún con el revuelo mediático, en Palacios ya solo esperan a que en unos días regrese Mauricia con los mellizos a la casa familiar, que se compone de varias viviendas en un enorme edificio rústico que lleva toda la semana cerrado a cal y canto. Mauricia tendrá que vivir (si accede esta vez a abrirles la puerta) con la supervisión constante del equipo de intervención familiar de la Diputación de Burgos y, en última instancia, de la fiscalía de Burgos, que tendrá que volver a actuar si los profesionales sanitarios detectan cualquier perjuicio en el desarrollo de los recién nacidos.

La vivienda de Mauricia Ibáñez, cerrada a cal y canto. (D.B.)
La vivienda de Mauricia Ibáñez, cerrada a cal y canto. (D.B.)

Una "temeridad" sanitaria

Independientemente del factor psicológico de la madre, el caso ha sacudido a la comunidad científica, que coincide en que permitir a una mujer ser madre superados los 50 años es una irresponsabilidad médica. Si bien en España no existe una regulación legal al respecto, hay un compromiso entre los profesionales de no practicar fecundaciones in vitro por encima de esa barrera de edad. "Todo lo que lo supera es una temeridad, no por el hecho de juzgar si una persona es capaz de cuidar de un niño o llevarlo adelante, sino por cuestiones de salud", explica Agustín Ballesteros, presidente Sociedad Española de Fertilidad. Establecer el límite en 50 años "es lo natural, es la edad a la que la mujer como tarde ha tenido la menopausia", comparte Manolo Muñoz, director de la clínica IVI de Alicante, especializada en reproducción asistida. En los centros públicos, la edad límite para esta intervención se reduce a 40 años, con el fin de invertir los recursos disponibles en las mujeres con más probabilidades de éxito.

Los riesgos de ser madre superado el medio siglo afectan a la madre y también al embrión. "Está perfectamente documentado entre los expertos que tener un hijo por encima de los 45 años aumenta el riesgo de patologías de hipertensión y diabetes en la madre que influyen negativamente en el desarrollo cognitivo y mental del bebé y que pueden provocar un nacimiento prematuro", explica el doctor Muñoz. Y señala sobre este caso particular los riesgos de introducir dos embriones a una paciente de edad tan avanzada, ya que duplica los riesgos médicos mencionados. "No debería hacerse, nosotros por encima de los 45 años sólo introducimos un embrión porque gestar dos multiplica los riesgos", concluye.

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