INVESTIGACIÓN EN LA AUDIENCIA NACIONAL

Timo en el lago: este tipo se forró vendiendo a VIPs chalés en Brasil que no existen

Nicolás Mateos, un vendedor de coches, logró 15 millones con una promoción fantasma. Irá a juicio 10 años después. Santiago Segura, Cristina Tárrega y deportistas de élite, atrapados

Foto: Luis Nicolás Mateos quería construir 13.000 viviendas en Brasil.
Luis Nicolás Mateos quería construir 13.000 viviendas en Brasil.

Poca gente representa tan bien y tan a lo grande la historia de la burbuja inmobiliaria como Luis Nicolás Mateos. Un chico humilde de Murcia, un vendedor de coches que en 2003, con solo 29 años, montó su empresa para construir urbanizaciones de miles de viviendas. Compró un terreno en Brasil, abrió oficinas en Londres, Barcelona y Madrid y se subió a un Ferrari. Promocionó a lo grande su resort de lujo: Lagoa de Coelho. Sin poner ni un ladrillo llegó a ingresar unos 15 millones de euros de cientos de compradores -entre ellos famosos como Cristina TárregaSantiago Segura y un puñado de futbolistas profesionales- para una urbanización que nunca llegó a construir. Una década después, la Audiencia Nacional ha terminado la investigación y Luis se sentará en el banquillo por estafa, donde el fiscal le pide casi nueve años de cárcel. Cuando estallan las burbujas duelen.

Había que estar ahí. En Murcia, en esos años locos del ladrillo. Cuando un melonero era capaz de vender un resort -no los llamaban urbanizaciones- de miles de viviendas en un secarral en el interior. Cuando Camacho anunciaba Polaris World y los ingleses parecía que comprarían cualquier vivienda, sin importar la ubicación ni calidad de los cimientos. Ahí fue cuando Luis Nicolás vio que no iba bien encaminado. Que su obsesión por ser millonario no iba a llegar vendiendo Mercedes en un concesionario de Murcia. Se le daba bien, era alto, guapo, y tenía labia. Pero con los coches no se ganaba tanto dinero.

Así que se pasó al ladrillo. "Comenzó a vender casas de Polaris a ingleses. Primero como agente y luego las compraba sobre plano y les daba el pase. Luis puede vender humo y le iba muy bien", cuenta una persona que le trató. Dar el pase es el concepto clave. Dar el pase era vender una vivienda sin haber hecho nada y ganarle unas decenas de miles de euros. Con el precio de la vivienda desbocado quien no daba un pase era tonto.

Estaba obsesionado con entrar en la lista Forbes. Casi a diario miraba cuánto dinero hacía falta para estar.

El 28 de enero de 2003, con solo 29 años, dejó su trabajo como vendedor de coches y fundó el Grupo Nicolás Mateos. Pese a que el capital social era de solo 3.000 euros el nombre da idea de que iba a lo grande. "Estaba obsesionado con el tamaño. Todo tenía que ser enorme. Si se ponía un cartel promocional tenía que ser el más grande". Montó oficinas en Murcia y coronó un edificio con su nombre.

Él decía que su padre se había arruinado con la construcción y que quería resarcirlo, que era una forma de homenaje. En 2005, sin haber movido ni un camión, lanzó su órdago. "Compró un terreno en Brasil baratísimo. El lugar era precioso, en el noreste, cerca de Natal, junto a un lago", recuerda una persona próxima a él. Lo llamó Lagoa de Coelho. "Según constaba en los diversos anuncios y folletos, en el complejo residencial se proyectaba la construcción de aproximadamente 13.500 viviendas, así como centros comerciales, lago, teatro, instalaciones deportivas", según la calificación del fiscal. "Pese a conocer que no contaba con el soporte económico ni financiación para acometer la obra comenzó la promoción de la misma, sobre plano, con el fin de lucrarse ilícitamente con las cantidades que le sería entregadas por los compradores", añade.

No construyó ninguna de las 13.000 viviendas prometidas. Él lo achaca a "circunstancias sobrevenidas por la crisis mundial"

Hoy cuesta creer que gente de clase media pueda dar un anticipo para comprarse una casa en Brasil, pero entonces tenía sentido. "Te explicaba que en avión tardabas cinco horas, que iba a ser igual volar desde Alicante que ir en coche a Segovia", cuenta uno que estuvo a punto de comprar una casa. Los compradores daban un anticipo de unos 20.000 euros. Parecía no haber riesgo. Las casas valían entre 76.500 y 130.758 euros. Las cantidades estaban avaladas por la sociedad italiana Albatross Invest SPA Fidejussoni & Canzioni y utilizaba bancos de renombre, principalmente el Popular y el Santander. Él garantizaba que la promoción se revalorizaría y que cuando estuviera terminada podrían venderla por más dinero. A quien no quisera vender, Luis Nicolás le garantizaba que le pagaría durante dos años un alquiler de 400 euros al mes.

¿Qué podía salir mal? La fachada era impecable. Abrió oficina en Trafalgar Square (Londres), en Barcelona y en Madrid. Presentó el proyecto en una fiesta en La Moraleja en la que se gastó 300.000 euros. Solo la maqueta costó 30.000. Se movió entre deportistas profesionales y famosos. Le compró un Ferrari rojo a Fernando Morientes y fichó un guardaespaldas. "Llevaba un reloj de esos enormes que hacía que se escorara hacia un lado", resume un exempleado que pide el anonimato. Cristina Tárrega, Santiago Segura, el exfutbolista del Atlético y el Rayo José María Movilla fueron algunos de los que picaron. Por eso Promociones Skolnick, la empresa de Segura dedicada al sector inmobiliario, figura entre las acusaciones en la Audiencia Nacional. 

"Había gente de la música, del fútbol y del baloncesto. El proyecto era precioso", cuenta una compradora

Ninguno ha querido comentar la compra para este diario. Nadie quiere salir como el que picó en una cosa así. Un agente de futbolistas, Mariano Aguilar, de la agencia de representantes Baia, vendía casas entre famosos, como hacían otros deportistas profesionales. "Había gente de la música, del fútbol y del baloncesto. El proyecto era precioso", resume una de esas compradoras. En el listado de demandantes de la Audiencia Nacional hay un letrista de canciones de Miguel Bosé, un notario, un dentista, el dueño de una empresa de ropa de comuniones para niñas... pero también algún camionero y gente modesta. Hay multitud de británicos atrapados y hasta un neozelandés. Mientras los compradores picaban, Luis Nicolás se gastaba el dinero en pirotecnia. Patrocinó un equipo ciclista profesional que presentó junto al alcalde de Murcia. "Estaba obsesionado con entrar en la lista Forbes, casi cada día entraba a mirar en la web cuánto dinero hacía falta para estar ahí".

Con el tiempo surgieron las dudas. Las obras debían comenzar en octubre de 2006, pero el Grupo Nicolás Mateos no tenía experiencia ni músculo financiero. Necesitaba unos 250 millones de dólares y aunque hasta 2008 siguió vendiendo casas e ingresó unos 15 millones seguía muy lejos del mínimo necesario. En un momento alguien en la empresa puso en duda cómo iba a construir aquello y Luis Nicolás contestó que con su pulmón. Cuando ya era evidente que no iba a poder construir 13.000 viviendas vendió el 40% de la empresa por unos ocho millones a Torrevisa, una constructora de Torrevieja. Eso le dio credibilidad y le permitió seguir un tiempo. "Movimos algunas tierras para tranquilizar a los clientes pero no había forma de construir en Brasil", resume un colaborador. Los consultados han pedido el anonimato. Nadie quiere que le recuerden en esa empresa. Han borrado el Grupo Nicolás Mateos de sus currículos.

Una empresa italiana insolvente garantizaba las cantidades que adelantaban los compradores

Pero al final cuanto más subes más dura es la caída. Las empresas italianas que avalaban a los compradores estaban "en situación de quiebra desde el 15 de mayo de 2007" y el gobierno italiano las había suspendido el 15 de diciembre de 2006. A principios de 2009, cuando debía entregar las primeras llaves, "en el terreno no se había realizado más que un desbrozamineto de la maleza", según el fiscal. No fue el único proyecto fallido. Emprendió una residencia de ancianos en Campos del Río (Murcia) que tampoco terminó.

Según la fiscalía, no solo es que no construyera las casas, es que falsificó facturas para cobrar la devolución del IVA pero la Agencia Tributaria se dio cuenta, lo que añade la tentativa delito fiscal. El fiscal pide para él casi nueve años de cárcel: seis años por estafa, 22 meses por falsificación en documento mercantil y 11 meses por delito contra la Hacienda pública en grado de tentativa. A final de octubre pasado el juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno dictó auto de apertura de juicio oral y aunque estaba previsto para octubre la vista se realizará en la primavera de 2017. No es su único problema, ya que tras dejar Lagoa de Coelho y liquidar su grupo fue detenido en una trama de compraventa de oro.

"En el terreno se había realizado más que un desbrozamineto de la maleza", según el fiscal

Luis Nicolás Mateos no ha querido contestar a El Confidencial. Su abogado ha culpado de todo a la crisis económica. Es lo que declaró en una entrevista al diario 'La Verdad': "Si no llega a venir la crisis mundial, nada me habría pasado". Ese era el argumento principal de su escrito final de defensa, presentado en febrero pasado: "Luis Nicolás y sus mercantiles siempre han tenido la intención de construir el proyecto inmobiliario, tenían la propiedad de la finca libre de cargas, desarrolló el proyecto inmobiliario y comenzó a ejecutarlo, siendo circunstancias sobrevenidas por la crisis mundial, y en particular en el sector inmobiliario, lo que le impidió ejecutar el proyecto al cerrarse toda financiación por las entidades bancarias".

Dos de sus exempleados coinciden en esa versión. O al menos en que él creía en eso. "Él no es el peor de los que operaron durante la burbuja, pero puede que sí el más iluso. Él creía que iba a hacerlo. Su plan desde el principio no era quedarse con el dinero, pero no tuvo capacidad", opina uno. Otro añade: "Él pensaba que ser promotor era montar fiestas y eventos. Nunca hablaba de construir las casas y entregarlas. Jugaba a ser empresario y se lo creyó, se metió en el papel". Al final, Luis Nicolás Mateos ha resultado ser un personaje y su vida un guión, uno del estilo de 'Huevos de oro'.

"¿Recuperaremos el dinero?"

Al saber que la instrucción en la Audiencia Nacional contra Luis Nicolás Mateos está terminada y que una década después se encamina a juicio, los afectados consultados repiten la misma pregunta: "¿Recuperaremos el dinero?".

La respuesta es que no será sencillo. El terreno en Brasil está a la venta a precio de saldo pero nadie parece quererlo. Los administradores concursales señalan que todo el dinero se gastó en "gastos de imagen, publicidad y marketing, así como remuneraciones a empleados y patrocinios como estrategia comercial o de captación de clientes". Apenas encontraron documentación sobre las cuentas. "No aparece el notorio Ferrari", señalan en su informe.

La esperanza de algunos está en aplicarle a los bancos que recogían el dinero la sentencia del Supremo que ha obligado a la banca a devolver el dinero que recibieron a cuenta para promociones que nunca llegaron a construirse. Lo hacen en virtud de una ley de 1968 para proteger a los consumidores.

Ana María Vázquez Meiriño, abogada del Grupo Lawyer, explica que están explorando esa posibilidad aunque se trata de algo novedoso porque la promoción estaba en Brasil y no en España y hasta ahora nadie ha optado por esa vía.

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