unos 500 alumnos en la capital

La aventura de estudiar catalán en Madrid

Estudiar catalán en la capital es una 'rareza' que practican de modo presencial alrededor de 500 personas. Reivindican la utilidad y pertinencia de aprender idiomas co-oficiales
Foto: Una clase en el Centro Cultural Blanquerna. (Roberto Gómez)
Una clase en el Centro Cultural Blanquerna. (Roberto Gómez)

Tres tardes a la semana, Pablo recorre medio Madrid para sentarse a hacer algo que sólo conocen sus amigos más íntimos. Y por si alguien lanza miradas furtivas en el interior de su mochila, ha forrado sus libros con papel estraza. “No es que me dé vergüenza pero prefiero que mis compañeros de trabajo no sepan que estudio catalán porque hay gente que se reiría de mí y yo ya tengo suficiente fama de rarito en el curro”.

El recelo de Pablo no es lo habitual. Estudiar catalán en la capital es una 'rareza' que practican de modo presencial y sin mayor problema alrededor de 500 personas. Más de la mitad, cerca de 300, acuden al Centro Cultural Blanquerna, situado en lo mejor de la Calle Alcalá, a unos pasos de la Gran Vía, y financiado por la Generalitat. Una de sus profesoras, Luisa, admite que su trabajo suele generar asombro, tanto en Madrid como en Cataluña.

Luisa, durante una clase de catalán. (Roberto Gómez)
Luisa, durante una clase de catalán. (Roberto Gómez)

“Sorprende pero por motivos distintos. Aquí en Madrid se asombran de que tengamos tantos alumnos y me preguntan a menudo para qué sirve estudiar catalán. No entienden por qué alguien puede querer estudiar catalán en lugar de inglés, francés u otro idioma. Y allí, en Cataluña, no se pueden creer que haya alumnos nada menos que en Madrid. Se les cae la baba cuando se lo digo y les hablo de ello”, comenta.

Sorprende y quizá no debería. Se ha hablado muchas veces del asunto. De lo conveniente, o no, que resultaría dar a conocer algo de catalán (y de otras lenguas co-oficiales) en el resto de España. Una de las últimas voces en proponer "catalanizar España" fue Esperanza Aguirre, quien en sus días como presidenta lanzó un proyecto para abrir un colegio público con clases en catalán en la capital. Una iniciativa que aparentemente fracasó ante la falta de interés suscitada. En la última semana, las declaraciones de un diputado andaluz de Ciudadanos han vuelto a resucitar la polémica. 

Para los directivos es una herramienta de marketing porque en Cataluña se hacen mejor negocios hablando en catalán que en castellano

¿Es accesible el catalán en Madrid? Además del Blanquerna, también el Círculo Catalán y la Escuela Oficial de Idiomas (EOI) ofrecen clases. Esta última opción, financiada por la Comunidad de Madrid, dispone de un pequeño departamento en su sede central, en Chamberí, donde actualmente hay matriculados unos 60 alumnos. “Llegamos a tener 150 hace unos años pero la subida de las tasas y el hecho de que ahora mismo no certificamos el nivel C (el más alto) nos ha hecho perder mucho tirón, como ha pasado con otros idiomas”, comenta Narcis Selva, uno de los dos profesores.

Fuera del ámbito público, no hay demasiado donde elegir. Algunas grandes academias, como Berlitz, intentaron incorporar las lenguas co-oficiales de la península a su oferta hace años, pero se retiraron pronto de la carrera, incapaces de competir con los precios subvencionados. En Blanquerna se pagan entre 45 y 60 euros por 90 horas de enseñanza, según el nivel. Y en la EOI la matrícula sube hasta los 269 euros (las tasas se han multiplicado con la crisis), pero los cursos son más largos (120 horas) y se ofrecen dos convocatorias de examinación oficial homologada gratis.

En Internet es fácil encontrar cursos on-line gratuitos (como este, financiado por la Generalitat). Con un ordenador y un teléfono se puede contactar también con decenas de profesores particulares, aunque sólo unos pocos se ganan total o parcialmente la vida con ello.

“Yo alterno clases de francés y de catalán”, detalla Eva, uno de los docentes que aparece destacado en la mayoría de las búsquedas. “Ahora mismo tengo cinco alumnos, todos directivos de medianas o grandes empresas que quieren aprender o perfeccionar su nivel de catalán. Digamos que es una herramienta de marketing porque saben que en Cataluña se hacen mucho mejor negocios hablando en catalán que en castellano”, dice.

La librería de la Generalitat en Gran Vía. (Roberto Gómez)
La librería de la Generalitat en Gran Vía. (Roberto Gómez)

Enamorados de Cataluña

El jefe de estudios de Blanquerna, Xavier Basora, nos recibe sonriente en la librería, con la condición de que no convirtamos la conversación en una entrevista sobre asuntos políticos. Rodeados de libros en catalán, nos habla de su experiencia, según la cual la mayor parte de sus alumnos se adapta a uno de los siguientes perfiles. El primer grupo, dice, lo forman catalanohablantes que aprendieron en su día a hablar pero no a escribir, o que necesitan un título oficial para optar a un puesto de trabajo en Cataluña. “Estos son como el 30%. Algunos de ellos, jubilados a los que Franco prohibió alfabetizar en catalán y ahora están recuperando eso”, dice.

El segundo grupo es el de los castellanohablantes que tienen una pareja catalana o que planean desplazarse a Cataluña por motivos de trabajo. “Ellos se preparan para irse a vivir o viajar a menudo allí. Y luego existe un tercer grupo, que es el de la gente que lo estudia porque le gusta el idioma, por afinidades culturales, porque escuchan música catalana o incluso porque son del Barsa”, describe.

Xavier Basora, durante la entrevista. (Roberto Gómez)
Xavier Basora, durante la entrevista. (Roberto Gómez)

En la clase de Luisa encontramos un poco de todo. Está Miguel Ángel, prejubilado, que estudia catalán por pasión. “Me agrada Cataluña y me gusta su cultura y su forma de pensar. No busco ningún título, sino aprender una cultura a través de su idioma”, comenta. Y Maria Cristina, que lo hace para entenderse mejor con su nieta, que vive en Barcelona. “He aprendido algo y ya hasta le canto canciones en catalán. Mi hija se fue a vivir allí y yo no quiero perderme nada cuando voy a verlos”.

Ana, la más joven del aula, empezó a estudiar con los libros que traía su madre a casa, castellana pero apasionada por la cultura catalana. “Fuimos de vacaciones a Girona y nos enamoramos, nos encantó. Además, me quiero ir a hacer un master en Barcelona cuando acabe la carrera y quizá quedarme allí a vivir”, dice.

Tenía una alumna polaca y los otros alumnos le hacían bromas. Le decían que ella no tenía que estudiar, que ya sabría catalán

A su lado se sientan Alfonso (un jubilado nacido en Cataluña que no lo estudió cuando era niño) y Javier, quién reclama algo parecido a lo que propuso hace unos días el diputado andaluz José Antonio Funes. “El catalán es la segunda lengua más hablada de España y como españoles tendríamos que conocerla un poco, como todas nuestras culturas. Además es realmente útil porque abre muchas posibilidades para trasladarse a vivir y trabajar a varias comunidades autónomas donde viven millones de personas y hay puestos de trabajo”, dice.

De la utilidad de hablar catalán nos habla Fernando Béjar, el otro profesor de la EOI, que también da clase en la Universidad Complutense. Él no tiene familia catalana, ni ha vivido nunca allí. Se interesó por el idioma siendo un chaval y gracias al fútbol. “Suena un poco ridículo, pero yo era hincha del Valencia y la verdad es que me puse a estudiar catalán por eso. Luego me gustó y seguí adelante. Mucha gente se reía y me decía que no me iba a servir de nada, pero mira, me he ganado la vida durante muchos años con ello. Antes de ser profesor trabajé como teleoperador y saber catalán era un plus, pagaban más y había más trabajo”.

Material didáctico y libros en catalán. (Roberto Gómez)
Material didáctico y libros en catalán. (Roberto Gómez)

Béjar asegura que un porcentaje significativo de sus alumnos acuden a la EOI para obtener un certificado con el que optar a una plaza de funcionario en Cataluña; o para conseguir un trabajo. “Con algunos lo primero que tengo que hacer es rebajar el cabreo que traen e interesarlos por la cultura catalana porque vienen de uñas por tener que hacer un examen de catalán para trasladarse”, explica.

En la universidad, abunda, da clase a una veintena de personas, la mayoría filólogos con un interés académico particular (“tuve un alumno que estaba aprendiendo todas las lenguas del Mediterráneo”) y estudiantes erasmus (“vienen muchos franceses porque para ser profesor de español allí te exigen estudiar además otra lengua peninsular”). Una de sus alumnas más célebres fue una polaca, a quien acabó teniendo que explicar las bromas del resto de alumnos. “Le decían que ella tenía ventaja porque como era polaca, lo iba a entender todo. La pobre chica no lograba comprenderlo”, recuerda.

Mientras en Blanquerna insisten en que prefieren evitar cualquier referencia al independentismo en sus aulas, los profesores de la EOI utilizan la política para fomentar el debate y animar la conversación. “Lo hacemos sin entrar en polémicas tontas, solo porque es un tema que interesa y una manera de hacer que la gente se suelte a hablar. Y nunca ha pasado nada, ni se nos ha enfadado nadie. Sí es verdad que hay algunos alumnos que esconden en el trabajo o con los amigos que estudian catalán, sobre todo sectores específicos como policías y militares. Pero son casos aislados. La inmensa mayoría lo estudia como quien estudia francés o inglés".

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