¿dónde se marca la línea roja DE LA HISTORIA?

Más allá de Franco: ¿cuántas calles de Madrid sobrevivirán al revisionismo?

El ayuntamiento de la ciudad ha aprobado la sustitución de los homenajes al franquismo, pero advierte de que podría ir más allá del mero cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica
Foto: Estatua de Juan Domingo Perón en Madrid. (EC)
Estatua de Juan Domingo Perón en Madrid. (EC)
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La ciudad de Madrid, a través del consistorio que encabeza Manuela Carmena, se dispone a eliminar del callejero toda referencia al pasado franquista. En esta primera fase, 30 denominaciones serán eliminadas para cumplir con la Ley de Memoria Histórica que aprobase el Gabinete Zapatero en 2007.

Aun polémica, la medida no debería sorprender a nadie en tanto que sigue un mandato parlamentario que el posterior Gobierno popular no ha querido derogar, al menos 'de facto'. No obstante, Rita Maestre, portavoz municipal, ha deslizado esta semana que el plan integral no se limitará a la dictadura franquista, sino que se extenderá a todos aquellos homenajes urbanísticos que entren en conflicto con "los derechos humanos y la historia de la ciudad".

En esta tesitura se plantea una pregunta obvia: ¿dónde se tira la línea roja del revisionismo histórico? ¿Puede un país tan viejo como España, con más de cinco siglos escritos en sangre -como cualquier otra nación-, congratularse con su pasado bajo el prisma de los derechos humanos actuales? Sirvan estos ejemplos para evidenciar que pocos de nuestros referentes históricos quedarían en pie tras una revisión minuciosa.

Calle de Francisco Pizarro

Atahualpa, emperador de los incas, rinde armas ante Pizarro.
Atahualpa, emperador de los incas, rinde armas ante Pizarro.

Francisco Pizarro (1478-1541), uno de los más notables conquistadores españoles del siglo XVI, pone nombre a una céntrica calle de Madrid. Sin embargo, en Sudamérica, especialmente en Perú, Pizarro es sinónimo de crueldad. Narran los libros de Historia que el extremeño, pertrechado con 180 soldados durante la conquista de América, abrió fuego contra las tropas desarmadas de Atahualpa cuando este, confundido, dejó caer una Biblia al desconocer por completo su significado. 

Después de causar una matanza de la que no se libraron mujeres y niños, Pizarro encarceló al emperador inca mientras sus tropas forzaban a los indígenas a llevarles hasta las vetas de oro. Una vez los incas comprendieron que el interés de los españoles pasaba por los metales preciosos, ofrecieron un rescate por su líder: pagaron 84 toneladas de oro y 164 de plata para salvar la vida de Atahualpa, pero Pizarro faltó a su palabra y terminó por estrangularlo públicamente días después, lo que dio lugar a una oleada de suicidios masivos entre sus súbditos, que preferían la muerte a convivir con las atrocidades de los españoles.

En el libro ganador del premio Pullitzer 'Armas, gérmenes y acero' (1998, editorial Debate), el norteamericano Jared Diamond explica cómo los españoles conquistaron el contienente venciendo sistemáticamente a ejércitos hasta 100 veces mayores en número basándose en dos premisas: la tecnología y las enfermedades desconocidas.

Calle del Arzobispo Morcillo 

Visita del arzobispo Morcillo a Villanueva de Gállego en 1962.
Visita del arzobispo Morcillo a Villanueva de Gállego en 1962.

A pocos metros de las Cuatro Torres y la estación de Charmartín se encuentra la calle del Arzobispo Morcillo (1904-1971), primer arzobispo de Madrid y también presidente de la Conferencia Episcopal en los años más duros del franquismo. Aunque no fue ni mucho menos el único, Morcillo perteneció a esa estirpe de religiosos muy cercanos al régimen franquista, cómplices por omisión de una barbarie que chocaba con la moral cristiana.

No fue responsable único, ya que hasta el Concilio Vaticano II, en 1959, la Curia Romana apoyó públicamente el nacionalcatolicismo español y sus métodos, que incluían la censura de "obras amorales", la marginación de la mujer o la pena de muerte. Morcillo, además, aprovechó la línea directa con el Generalísimo para cambiar el nombre de su pueblo natal de Chozas de la Sierra al actual Soto del Real, aun con la desaprobación de la Real Academia de la Historia y sin consultar a los vecinos.

Avenida del General Perón

Juan Domingo Perón, en una imagen de archivo.
Juan Domingo Perón, en una imagen de archivo.

Si de lesiones en los derechos humanos hablamos, Juan Domingo Perón (1895-1974), que tiene una avenida con su respectiva estatua en Madrid, no presenta una hoja de servicios limpia. El militar argentino no solo participó en el golpe de Estado que derrocó al Gobierno de Castillo en 1943, sino que sistemáticamente reprimió y torturó a sus opositores, los populares antiperonistas. 

A través de su Policía Federal, Perón asesinó a líderes comunistas y socialistas, además de ejercer un control férreo sobre los medios de comunicación. El peronismo, que ha sobrevivido a la figura de Perón durante décadas, quizá fue el mal menor en la Década Infame argentina, si bien es cuestionable que merezca tamaño reconocimiento en España, que acogió a buena parte de sus exiliados políticos.

Estatua de Blas de Lezo

Estatua de Blas de Lezo en Cartagena de Indias, Colombia.
Estatua de Blas de Lezo en Cartagena de Indias, Colombia.

La ciudad de Madrid instaló el año pasado una estatua en la Plaza de Colón en honor al marino vasco Blas de Lezo (1689-1741) en el peor de los momentos. Con la cuestión catalana más candente que nunca, Barcelona pidió que se retirase inmediatamente, ya que Lezo dirigió el bombardeo y sitio de la Ciudad Condal en 1714, último reducto leal al archiduque Carlos de Austria al final de la Guerra de Sucesión.

Barcelona finalmente capituló tras más de un año de asedio y fue castigada con los Decretos de Nueva Planta, por los que Carlos V recuperaba las competencias de los reinos de Valencia, Aragón, Mallorca y el Principado de Cataluña. "Fue la pérdida de un sistema jurídico y político propio; no solo se perdieron las Cortes, la Generalitat y un tribunal de tipo constitucional, sino la capacidad de que el hombre común participara en política. De golpe y porrazo, se impuso un sistema militarizado y absolutista", explica Joaquim Albareda, catedrático en la Pompeu Fabra.

El ayuntamiento, por entonces a cargo de Ana Botella, declinó la retirada de la estatua amparándose en que "de ningún modo sucumbirá a la manipulación de quienes pretenden manipular la historia de una gran nación como es España".

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