“Me echaréis de menos”, dijo Alfredo Pérez Rubalcaba en los pasillos del Congreso después de anunciar que dejará su escaño en septiembre. No se refería a su partido. En el Gobierno y en el grupo parlamentario popular ya han sufrido la próxima salida del secretario general de los socialistas a la hora de aprobar el aforamiento de Don Juan Carlos y se esperan lo peor en la interlocución con el PSOE a partir de ahora en asuntos de Estado: la unidad de España frente al reto separatista, el respeto a la Monarquía constitucional y la vía de diálogo para los nombramientos institucionales.

Los primeros pasos y las equívocas declaraciones de Eduardo Madina y Pedro Sánchez en cuestiones fundamentales como la respuesta al independentismo catalán no han hecho más que aumentar el recelo en el PP ante cualquiera de ellos como jefe de la oposición.

El presidente del Congreso, Jesús Posada, expresa mejor que nadie el lamento de los populares ante la marcha de Rubalcaba. Ayer interrumpió el desarrollo normal del pleno para expresar su tristeza al conocer que dejaba la Cámara y proclamar, en nombre propio y de la “gran mayoría” de los diputados, el agradecimiento a su labor de 21 años como parlamentario por la “categoría y altura” que había dado al cargo hasta convertirse en “una gran figura del parlamentarismo del siglo XXI”.

Pánico en el PP: contra Rubalcaba se gobernaba mejor... y con sentido de Estado

Socialistas, populares y parte de los nacionalistas catalanes y vascos se pusieron a aplaudir en pie como homenaje al exvicepresidente del Gobierno, exministro de Educación, Presidencia e Interior, con Felipe González en los años 90 primero y con José Luis Rodríguez Zapatero después. Soraya Sáenz de Santamaría y el portavoz del Grupo Popular, Alfonso Alonso, tuvieron palabras de elogio para el secretario general del PSOE.

En el PP le temieron más cuando era el brazo armado del PSOE de Zapatero en el poder que después, como jefe de la oposición. Pasaron de la denuncia de sus “malas artes” cuando era ministro del Interior para controlarlo todo y tapar la negociación con ETA (el caso Faisán) a una relación fluida y muy personal con Mariano Rajoy en la política de Estado ante la Unión Europea, a la hora de forzar al PSC a bajarse del tren de la autodeterminación en Cataluña conducido por Artur Mas o a la de tramitar la abdicación de Don Juan Carlos.

También han llevado Rajoy y Rubalcaba de forma directa el cierre de los nombramientos institucionales que dependen de las mayorías cualificadas que sólo pueden formar PP y PSOE. En dos años y medio de legislatura hubo dos momentos de ruptura total: en el caso Bárcenas y en la negociación para el relevo en RTVE. En el primero el secretario general de los socialistas llegó a proclamar una ruptura de relaciones que luego no cumplió y en el segundo retrasó los cambios en la corporación para mantener su control sobre la misma. Al final, obligó al Gobierno a forzar un cambio de marco legal.

El aspirante a liderar el PSOE, Eduardo Madina. (EFE)El aspirante a liderar el PSOE, Eduardo Madina. (EFE)

Por lo que ya sabían de Madina (veterano en el grupo parlamentario y fruto del zapaterismo en el PSOE) y por lo que van viendo en los primeros movimientos de Sánchez (novato en el Congreso), en el PP dan por iniciada una etapa de absoluta incertidumbre en la dirección socialista. Les preocupa que, además de débil en términos de partido, el sucesor de Rubalcaba salga del congreso de su formación sin las ideas claras sobre la responsabilidad institucional del PSOE. Madina admitió la convocatoria de una consulta secesionista en Cataluña (“pero legal”) y Sánchez apoya el “federalismo asimétrico” para aplacar a los nacionalistas.

En fuentes de los populares apuntan que les puede interesar como partido que el PSOE se aplique al giro a la izquierda para competir con IU y Podemos porque les deja sin competencia entre los sectores más inclinados hacia el centro. Pero reconocen al mismo tiempo que sería un problema añadido para la estabilidad del sistema; sobre todo si también los socialistas se apuntan al mismo tiempo a los principios y causas del nacionalismo catalán o del vasco hasta en Navarra, donde Madina no descartaba avalar la moción de los batasunos.

De momento, el vacío que se abre en la dirección del PSOE obliga a cerrar el curso parlamentario el próximo día 10, fecha en la que se celebrará un pleno extraordinario que será con toda probabilidad el último de la temporada. Los socialistas no estarán después para nada hasta que termine su congreso el último fin de semana de julio.

El Gobierno no tiene ya interlocutor en la oposición; ni para coordinar la respuesta a Mas y Junqueras ni para pactar nada. Ni siquiera para abordar el destrozo que deja para España la salida de Magdalena Álvarez del Banco Europeo de Inversiones y cuyo relevo también tendrá que esperar a que haya un nuevo secretario general de los socialistas. Al menos para comunicarle el nombre propuesto por el Gobierno para cubrir la vacante.