Las declaraciones ante el juez Ruz del expresidente de Asturias y fundador de Foro Asturias Ciudadanos (FAC), Francisco Álvarez-Cascos, ponen de relieve que, fuera del territorio de la comunidad autónoma del Principado, las coincidencias entre quien fuera secretario general del PP y esta organización, son mucho mayores que las discrepancias. Las divergencias se limitan prácticamente a este enclave geográfico, donde los enfrentamientos entre las partes son auténticos duelos fratricidas y los odios africanos pesan mucho más que la cercanía ideológica. En el Congreso de los Diputados, donde el grupo de Cascos cuenta con un representante, éste siempre votó en la misma línea que el PP en los asuntos de relevancia.

Independientemente de que las afirmaciones de Álvarez-Cascos en la Audiencia Nacional desmarcándose de cualquier vinculación con el 'caso Bárcenas' hayan sido realizadas por la cuenta que le trae, dado que están relacionadas con su pasado como dirigente del principal partido conservador y está en juego su propia condición de testigo de cargo, la actitud del político asturiano es coherente con su trayectoria cuando era el 'general secretario' del partido. La declaración de Cascos es una valoración positiva de su etapa como líder de la organización fundada por Manuel Fraga y una ratificación de la política que en aquellos años sostenía el Partido Popular.

Francisco Álvarez-Cascos se desvinculó totalmente de las actividades llevadas a cabo por Luis Bárcenas y justificó el supuesto desconocimiento de las funciones encomendadas a quien por aquel entonces era el tesorero general del PP. El exsecretario general disoció los cargos que ambos desempeñaban y separó en compartimentos diferentes las labores que cada uno de ellos cumplía a las órdenes de José María Aznar. Aunque estas declaraciones fueron muy cuestionadas en términos políticos, teniendo en cuenta la gran influencia de Cascos en toda la estructura del partido, la posibilidad de que pudieran ser entendidas como un desconcierto en las finanzas del PP llevaron a Cascos a convocar por separado en Asturias al día siguiente a los medios de comunicación, con motivo de su vista a la Feria de Muestras, en Gijón, para matizar que había puesto la mano en el fuego ante el juez por todo su equipo y por las personas que en los años noventa eran los responsables en la calle Génova. Estas puntualizaciones no pueden entenderse salvo como un explícito apoyo al PP, amén de las consideraciones personales que judicialmente tuviera que realizar.   

El responsable de Foro Asturias llegó a negar que existieran sobresueldos en el PP, lo que ha sido aceptado por otros dirigentes, y negó la existencia y el conocimiento de una contabilidad B en las finanzas de la organización. Sí aceptó, como ya había hecho en otras declaraciones suyas hace meses, cuando salió su nombre en una lista de beneficiarios de estos ingresos, que en el Partido Popular se recibía un dinero extra por parte de algunos dirigentes en función de responsabilidades específicas o de cometidos que les eran encomendados por la organización. Insistió en que estos pagos están perfectamente documentados en la contabilidad oficial y, en su caso, convenientemente declarados a la Agencia Tributaria.

Es geográfico el enfado entre Cascos y Rajoy, después de que éste le negara ser el candidato del Partido Popular en Asturias durante las elecciones autonómicas de 2011Si esta testificación tiene un claro signo de apoyo al PP, las intervenciones que su partido, Foro Asturias, ha efectuado durante su etapa en el Congreso de los Diputados denotan claramente una gran similitud entre los programas de una y otra formación ya que, en las ocasiones más relevantes en las que hubo que votar en el Parlamento, el botón pulsado por Enrique Álvarez Sotres coincidió con los de los diputados del Partido Popular. Baste citar, entre otros, la reforma laboral, la ley educativa que impuso el ministro José Ignacio Wert o los Presupuestos Generales del Estado, previa presentación de algunas enmiendas parciales vinculadas con Asturias.

Sin embargo, el principal escollo para que ambas fuerzas puedan tener una mayor relación política se llama, precisamente Asturias. Es geográfico el enfado entre Cascos y Rajoy, después de que éste le negara ser el candidato del Partido Popular en Asturias durante las elecciones autonómicas de 2011. En enero trascendió oficialmente que el exsecretario general del PP no sería el candidato de este partido a gobernar el Principado y en poco tiempo, éste se hizo con el santo y la limosna y se convirtió en presidente de la comunidad autónoma por la negativa del PSOE a presentar candidatura, dejando a su antiguo partido con tan solo 10 diputados y en parámetros similares a los de la vieja Alianza Popular.

A partir de ahí, Cascos y el PP se hicieron irreconciliables y, aparte de trayectorias y caracteres personales, una posible fusión del centro-derecha para gobernar con comodidad en Asturias o sumar fuerzas en el resto del país se antoja una utopía. El deterioro de las relaciones políticas y personales entre los dirigentes de ambas fuerzas y ha conllevado la imposibilidad, incluso, de apoyarse para hacerse con las instituciones democráticas, salvo el caso de Gijón, donde el PP dio sus cinco votos para que Foro alcanzara la Alcaldía, pero a su presidenta, Pilar Fernández Pardo, le costó meses después el cargo de edil y de responsable máxima del partido en la ciudad, asaetada por la venganza de sus compañeros.

Cascos y el PP se enfrentan en Asturias por la hegemonía de la derecha y, depende de quien se la lleve, los acontecimientos podrían evolucionar en uno u otro sentido. El PP ha perdonado a algunos militantes de Foro y los ha reincorporado a la disciplina de partido cuando estos afiliados chocaron con Cascos. El perdón para el líder de Foro Asturias y sus más destacados militantes parece imposible. Porque tampoco lo quieren. Si Asturias fuera una entelequia en el mapa, es más que probable que Francisco Álvarez-Cascos seguiría siendo militante del PP. O, por lo menos, votante destacado.