ESTRELLA CAMPS ADMINISTRÓ VARIAS SOCIEDADES DE LA INMOBILIARIA ASTROC

La hermana de Camps fue la 'conseguidora' de los pelotazos de Bañuelos en Valencia

En todo pelotazo urbanístico que se precie suele haber un conseguidor. Y Enrique Bañuelos, auténtico animador de la orgía inmobiliaria previa a la crisis económica y
Foto: La hermana de Camps fue la 'conseguidora' de los pelotazos de Bañuelos en Valencia
La hermana de Camps fue la 'conseguidora' de los pelotazos de Bañuelos en Valencia
En todo pelotazo urbanístico que se precie suele haber un conseguidor. Y Enrique Bañuelos, auténtico animador de la orgía inmobiliaria previa a la crisis económica y paradigma del enriquecimiento casi obsceno de los señores del ladrillo, acertó de pleno al elegir a Estrella Camps, la hermanísima, como llave para abrirle todas las puertas del Gobierno valenciano, según han relatado a El Confidencial fuentes cercanas al polémico promotor.  

La hermana del ex presidente de la Generalitat Francisco Camps trabajó durante una década a las órdenes de Bañuelos en el Grupo Astroc, y gracias, en buena medida, a sus inmejorables contactos en la Administración autonómica, el emporio inmobiliario levantado por el joven empresario saguntino logró en tiempo récord la recalificación de millones de metros cuadrados de inservible suelo rústico en muy rentables terrenos urbanizables.

Bañuelos, un encantador de serpientes especialista en comprar favores, fichó a Estrella Camps poco después de la creación de Astroc, en 1996. Faltaban aún siete años para que su hermano Paco se convirtiera en presidente de la Generalitat, pero ya por entonces el joven Camps -36 años- había sido teniente de alcalde con Rita Barberá, acababa de ser elegido diputado en el Congreso y estaba a punto de ser nombrado consejero de Educación en el Ejecutivo de Eduardo Zaplana.

'Colocar' a la hermana

Con esos credenciales de político emergente y valor en alza en un PP recién aterrizado en La Moncloa, Bañuelos accedió de mil amores a colocar a Estrella con un jugoso salario en Astroc, como le había pedido Camps, pese a que aquélla no tenía experiencia en el sector inmobiliario. Casi de la noche a la mañana, la hermanísima se convirtió en administradora de cinco sociedades del grupo: Inmuebles Nareva, Gross y Prim, SUP 2 Sagunto, Capital Madrid e Inmuebles Puerta del Mar.

Bañuelos, que en pocos años pasó de modesto vendedor de miel a millonario de la lista Forbes, no era un promotor inmobiliario al uso. Tampoco lo fue Astroc, que basó su modelo de negocio en la recalificación masiva de suelo. Para hacerse rico bastaba con comprar suelo rústico a precio de saldo, negociar con ayuntamientos y Generalitat su recalificación en urbanizable y, por último, venderlo al mejor postor. Sencillo, pero hacía falta una conseguidora. Y Bañuelos la tenía en nómina.

Al calor de la Ley Reguladora de la Actividad Urbanística, que el PP empezó a aplicar con fruición en 1995 tras desalojar al PSOE de la Generalitat, Bañuelos puso los cimientos de su meteórico enriquecimiento. La nueva legislación -hoy ya derogada- creó la figura del agente urbanizador o promotor sin tierra, que permitía a cualquier empresario ambicioso el desarrollo de proyectos urbanísticos aunque no fuera el propietario del suelo, siempre y cuando obtuviera los permisos pertinentes de los ayuntamientos y la Consejería de Territorio.

Y ahí es donde la hermana de Camps entraba en juego. "Estrella se movía a sus anchas por ayuntamientos y consellerias. Ejercía de hermana de, y desempeñó un papel clave en la transformación de los suelos rústicos que compraba Astroc en terrenos urbanizables", sostienen las fuentes consultadas. "Le bastaba con persuadir a los alcaldes y a la Generalitat para que iniciaran los procedimientos que dieran vía libre a esos desarrollos urbanísticos. Y siendo quien era, nadie se negaba".

La gallina de los huevos de oro

El empujón definitivo llegó en 2003 con el desembarco de Camps en la Generalitat y, sobre todo, con el nombramiento como conseller de Territorio y Vivienda de Rafael Blasco, hoy imputado por el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana a raíz del presunto desvío de fondos públicos destinados al Tercer Mundo. El binomio Estrella Camps-Rafael Blasco fue la gallina de los huevos de oro para Astroc, que llegó a acumular más de 17 millones de metros cuadrados de suelo gracias a las gestiones de la hermanísima y a las facilidades del conseller para agilizar los trámites.

Para entonces Bañuelos acumulaba una fortuna personal que rondaba los 7.000 millones de dólares. Y antes de morir de éxito con la salida a Bolsa en 2006 de su criatura -que finalmente le acabó devorando-, el promotor, convertido ya en un fenómeno mediático y social, siguió comprando -y pagando- favores. A Consuelo Císcar, la esposa de Blasco, le puso un palacete en Madrid como sede del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), que ella dirigía; y a Concepción Castillejo, hija de Concepción Gómez Ocaña, íntima amiga de Camps y mano derecha de éste durante su etapa de conseller de Educación, la nombró directora general de Astroc.

Pero el trienio dorado 2003-2006 acabó abruptamente para Astroc cuando Camps, acuciado por la presión popular, las denuncias de la oposición y las críticas de la Comisión Europea contra el urbanismo salvaje, cambió la ley y frenó la recalificación masiva de suelo. Desprovisto de ese colchón legal, la burbuja inmobiliaria le estalló prematuramente a Bañuelos en 2007, cuando las acciones de su compañía se desplomaron en Bolsa. En julio de aquel año renunció a la presidencia de Astroc. Y su Estrella, provisionalmente, se apagó.        
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