SU MANDATO CONCLUYE ESTE AÑO Y YA HAY RUMORES DE REELECCIÓN

Antonio Salinas, un leal Fiscal Anticorrupción

Antonio Salinas es el jefe de la Fiscalía Anticorrupción desde 2003. Su mandato acaba a finales de este año y ya empiezan a sobrevolar los rumores

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Antonio Salinas, un leal Fiscal Anticorrupción
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    Antonio Salinas es el jefe de la Fiscalía Anticorrupción desde 2003. Su mandato acaba a finales de este año y ya empiezan a sobrevolar los rumores sobre su reelección. En ocasiones, parece ser un cargo con un perfil bajo y poco valorado por la carrera fiscal pero personas de su entorno sostienen que no se le puede subestimar. Salinas ha sobrevivido a dos fiscales generales del Estado y va ya por el tercero.

    Le nombró hace ya diez años el fiscal general Jesús Cardenal, en sustitución del polémico Carlos Jiménez Villarejo, a pesar de tener en contra a la mayoría de su asociación, la Unión Progresista de Fiscales (UPF). Fue precisamente el que es hoy su superior jerárquico, Eduardo Torres Dulce, de la conservadora Asociación de Fiscales, quien le apoyó hace una década para llegar al puesto que hoy día salvaguarda. En el PSOE se llegó a decir que su nombramiento suponía “meter un auténtico misil en la línea de flotación de la Fiscalía Anticorrupción”.           

    La clave de su permanencia en un cargo para el que fue tan cuestionado es la lealtad que profesa a sus jefes. Puede estar más o menos de acuerdo con las órdenes recibidas desde arriba, puede incluso discutirlas, pero jamás va a incumplir ni desobedecer el mandato de sus superiores. Las personas que le conocen en el trato más cercano dicen que es amable, divertido, cariñoso e incluso algo tímido. Como muestra no es un gran orador, no le gusta realizar exposiciones verbales y evita en la medida de lo posible salir a la luz pública. En los últimos años, sólo se le recuerdan dos ruedas de prensa. Una fue tras la detención del jefe de la mafia georgiana, Lashar Shushanasvili, en 2010, en la que acusó a la policía griega de no colaborar en la detención; y otra tras la Operación Emperador, en octubre de 2012, en la que dijo que no se trataba de una mafia china.

    Pero de puertas para fuera, en el entorno profesional, se le considera como alguien sin personalidad. Se dice, incluso, que “si las cosas funcionan bien en Anticorrupción es a pesar suyo”. Se dice también de Antonio Salinas que es un jefe prudente, tranquilo y que no pierde los nervios con facilidad. Estos calificativos son un arma de doble filo, aunque sus fiscales atribuyen a esa tranquilidad la armonía que se respira en el edificio de la Fiscalía Anticorrupción, sin rivalidades personales ni profesionales. Cada representante del Ministerio Público lleva sus temas, muchas veces incluso trabajan en pareja, y no tienen enfrentamientos entre ellos.

    Duro enfrentamiento con Zaragoza

    El único asunto que le agita, incomoda e incluso altera es su enfrentamiento con el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza. Los constantes ataques y movimientos de este último para que su departamento absorba todos los asuntos de crimen organizado le tienen nervioso. Sin embargo, Zaragoza nunca lo ha conseguido a pesar que el anterior fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, era persona de su más absoluta confianza y quien le eligió en el cargo.

    Desde las filas del PP se le han acusado de no controlar a sus fiscales y de dejar hacer y deshacer en sus causas, concretamente en el caso Gürtel, aunque sin recordar que él fue el fiscal del caso Filesa, el hombre que llevó a los tribunales al PSOE en los años 80. Sin embargo, fuentes próximas a la Fiscalía rechazan de plano esta acusación. Si Salinas recibe una orden por parte del fiscal general del Estado de turno, cumplirá su cometido.

    Un superviviente

    Probablemente por esa razón siga en el cargo. Cuando Conde Pumpido fue nombrado fiscal general por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, la relación entre ambos no era especialmente buena si no todo lo contrario. Salinas era minusvalorado por su superior, pero sólo necesitó algo de tiempo para convertirse en su brazo derecho hasta que le mantuvo en su puesto en 2008. De ahí que se diga del jefe de Anticorrupción que es una persona de media y larga distancia. Va poco a poco pero finalmente consigue sus objetivos.

    Una lentitud que, por cierto, nada atrae a Torres Dulce, que quiere agilizar el Ministerio Público y que las causas no se alarguen tanto en el tiempo. Ambos se respetan aunque no hay una relación especialmente fluida, claro está que el actual fiscal general todavía no lleva suficiente tiempo en el cargo para estrechar lazos con Salinas.

    Salinas no tiene el reconocimiento de la carrera fiscal. Algunos compañeros creen que llegó muy joven a la Fiscalía del Tribunal Supremo, desde donde dio el salto a Anticorrupción. Su nombramiento provocó el desprecio de la UPF y la desconfianza de parte de los fiscales de su nueva sede, quienes fueron abandonando el barco. Algunos pensaban que era un usurpador, otros una persona dócil con el PP. Lo que no se le puede quitar es que fue nombrado por el PP, siendo progresista, se mantuvo en el cargo con el PSOE habiendo sido nombrado por el anterior Gobierno, y está a la espera de lo que haga de su futuro el Ejecutivo de Mariano Rajoy.pp

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