Domingo, 16 de junio de 2013

EL PRESIDENTE ASTURIANO, REELEGIDO EN EL PSOE

Fernández lamina en Asturias al chaconismo apoyado en ‘alfredistas’ y mineros

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Javier Fernández

Fernández lamina en Asturias al chaconismo apoyado en ‘alfredistas’ y mineros
El presidente del Principado y secretario general de la Federación Socialista Asturiana , Javier Fernández (Efe).
Vicente Bernaldo de Quirós. Gijón 02/10/2012   (06:00)
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La reelección de Javier Fernández como secretario general del PSOE asturiano supone concentrar el mayor poder que un dirigente de la Federación Socialista Asturiana (FSA) ha tenido desde la restauración de la democracia. Su candidatura, la única presentada, terminó avalada por el 92% de los delegados, laminando, además a los escasos afines a Carme Chacón registrados oficialmente en Asturias, sin que se oyera una sola voz de protesta y dejando fuera de la dirección a su, durante años adversario, Vicente Álvarez Areces, hoy senador y hasta 2011, presidente del Principado.

Fernández logró un respaldo tan masivo que superó el 90% y le permite obtener todo el poder en el partido, y poniendo fin a varios lustros de bicefalia, sin que se le note demasiado, porque este "fotofóbico" reconocido y autodeclarado, utiliza la discreción y la prudencia como ejes de su actuación política. Antes de ser candidato a la Presidencia del Principado apenas era conocido por la gran opinión pública y solo después de ocupar el despacho de la calle de Suárez de la Riva ha empezado a sentir las mieles de la popularidad, aunque no destaque por su participación en actos públicos, más que los estrictamente necesarios, y huya como de la peste de las declaraciones efectistas.

Esa discreción le ha permitido organizar a su equipo de dirección en la Comisión Ejecutiva de la FSA a su imagen y semejanza. Partidario de Alfredo Pérez Rubalcaba desde primera hora, alineó a los socialistas asturianos del lado del ex ministro del Interior en el congreso que le eligió secretario general del PSOE y en las filas del socialismo asturiano apenas habían asomado la cara los fieles a Chacón. Los que dieron la batalla, se han quedado sin cargo en la Ejecutiva, como es el caso de Ana Concejo, edil de la Corporación Municipal de Avilés y concejala de Hacienda en el equipo de gobierno. Otros posibles sustitutos de su mismo perfil quedaron descartados.

Igualmente, Fernández ha dejado sin puesto en la Ejecutiva a Álvarez Areces, enfrentado a él en su día, pero que en los últimos tiempos había protagonizado un cierto acercamiento. Oficialmente, la causa de la sustitución de Areces fue su abandono de la Presidencia del Principado, condición que le otorgaba el carácter nato de su puesto en la Ejecutiva, pero muchos afiliados coinciden en que Fernández ha dejado caer a su antecesor, ocupado ahora en las labores de senador por Asturias.

En cambio, ha mantenido en el puesto contra viento y marea a José Ángel Fernández Villa, hasta hace poco todopoderoso secretario general del Sindicato Minero de UGT, ariete guerrista en su concepción política y con un ejército de mineros liberados detrás de él que le proporcionaban un inmenso poder en los ayuntamientos y en el partido. Hoy, Fernández Villa, aquejado de una grave enfermedad que le impide acudir a los actos de relieve del partido, ya es solo la sombra de lo que fue su poder y en todas las quinielas se presagiaba su desaparición de la dirección del partido. Fernández, a quien le unen batallas de primera hora y posiciones ideológicas comunes hace años, ha preferido mantenerlo en el cargo, a pesar de que es consciente de que no acudirá a la mayoría de las reuniones, pero también sabe que las huestes del SOMA (Sindicato de Obreros y Mineros de Asturias) estarán con él cuando los necesite y conocerá sus puntos débiles, esos que consiguieron atemperar el disgusto de Vila, cuando hace años, Fernández prefirió alejarse algo de él para poder liderar el partido sin las reticencias de los renovadores.   

Fernández accedió a la Secretaría General en setiembre del año 2000 por un escaso margen de votos frente a una candidatura que apadrinaba el entonces presidente del Principado, Álvarez Areces, del que era consejero de Industria. En aquellos años, el partido estaba bastante dividido entre los renovadores y el sector más guerrista y 'aparatista' del PSOE, que encarnaba Fernández.

Poco a poco y, bajo su mandato orgánico, las diferencias entre las familias socialistas se fueron difuminando y el hoy jefe del Ejecutivo asturiano se fue convirtiendo paulatinamente en el líder de todas las tendencias, lo que le provocó algún que otro disgusto entre los más aguerridos de sus socios iniciales. Fernández dejó hacer a todos en teoría, pero controlaba en la práctica el trabajo de cada cual. El reelegido secretario general vigilaba desde su despacho de la sede socialista de la calle de Santa Teresa, en Oviedo, lo que hacían sus compañeros en las instituciones y, aunque no lo pareciese, corregía sobre la marcha lo que entendía no eran actuaciones de su agrado. Su liderazgo se robusteció cuando obligó a Álvarez Areces a romper las negociaciones con Izquierda Unida en 2007 que, a su entender, exigía demasiado para apoyar al Gobierno del PSOE. No obstante, meses después tuvo que transigir con el la alianza y tras las elecciones anticipadas de marzo de 2012, pactó con la coalición un gobierno plural que las bases de IU rechazaron por 13 votos.

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