El ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, está moviendo sus fichas y quiere evitar que no le salpique ninguna de las decisiones polémicas e impopulares que está adoptando el Gobierno. La última muestra ha sido su posicionamiento con el caso del etarra Jesús María Uribetxeberría Bolinaga. Después de que la primera plana del Ejecutivo, con el propio Mariano Rajoy a la cabeza, hayan cerrado filas en torno al ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, sobre su decisión de apoyar la libertad del etarra enfermo, Ruiz-Gallardón se desmarcó al defender ayer públicamente el recurso de la Fiscalía en contra de dicha libertad.
Si bien, el titular de Justicia lo hizo de manera que dicho apoyo no supusiese contradecir a Fernández Díaz. Explicó que se desmarca únicamente de la decisión del juez José Luis Castro, que es quien firmó la puesta en libertad del carcelero de Ortega Lara, enfermo de cáncer. Según Gallardón, el recurso de la Fiscalía distingue perfectamente entre la decisión administrativa, que "cumplió todos los requisitos legales", de la decisión del juez de Vigilancia Penitenciaria de concederle la libertad condicional, en la que no se da esa circunstancia.
Exceptuando miembros aislados del PP como la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, o el exministro Jaime Mayor Oreja, el partido ha intentado defender que el Gobierno está obligado a facilitar la libertad de Uribetxeberría por razones humanitarias a pesar de sus execrables crímenes. Incluso, el presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti, salió en defensa de Fernández Díaz tras conceder al terrorista el tercer grado como paso previo para la libertad condicional que debía acordar, y que así hizo, el juez Castro.
Gallardón, sin embargo, se apresuró ayer en defender la postura de la Fiscalía, que considera que Bolinaga debe permanecer en prisión porque su estado de salud no es terminal y el tratamiento que debe seguir para el cáncer puede recibirlo dentro de los servicios hospitalarios del centro penitenciario.
Ocho meses sin desgaste
No es la primera vez que el ministro de Justicia se desmarca del Gobierno. En los ocho meses de vida del Ejecutivo Rajoy, Ruiz-Gallardón ha trabajado para que su imagen no se viera desgastada por las decisiones, principalmente económicas, que ha tenido que tomar el presidente. Así, ha tenido un plano muy secundario en los recortes aprobados, se ha mantenido en la sombra, y la muestra es que a día de hoy es el ministro mejor valorado por los españoles. Ha sabido dar una de cal y otra de arena, resaltando en pocos temas como la Ley del Aborto, la prisión permanente revisable o su enfrentamiento con los jueces.
Asimismo, ha sabido contentar al electorado de la derecha con algunas de sus decisiones, pero sin marcarse como uno de los ministros de los recortes, al contrario que otros de sus compañeros que sí se han quemado, como Luis de Guindos o Cristobal Montoro en el área económica y Jorge Fernández Díaz en la política policial y penitenciaria.
Desde dentro del Gobierno y del PP se comenta que Gallardón ha jugado a taparse para encontrar su momento. También que éste sería ser el sustituto de Mariano Rajoy en caso que se acelerase su salida si España fuera intervenida. El presidente del Gobierno está sufriendo un duro desgaste que ya ha quedado reflejado en medios de comunicación internacionales. Incluso se comenta en voz baja entre destacados presidentes de empresas y bancos españoles o mandatarios extranjeros.
Su popularidad, al contrario que la de Gallardón, se ha desplomado como consecuencia de las duras medidas adoptadas contra la crisis económica. La prueba de fuego será el día 21 de octubre, cuando se celebren las elecciones gallegas y vascas y se compruebe el desgaste real que ha sufrido el PP desde que llegó al Ejecutivo.
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