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20 años de la Expo 92, el punto de partida del despilfarro andaluz
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LA CARTUJA SE ENFRENTA A UN NUEVO 'AHORA O NUNCA'

20 años de la Expo 92, el punto de partida del despilfarro andaluz

“Tienes que venir”. Aquel póster colgado en el salón de un piso de estudiantes de Salamanca anticipaba el futuro. “Tienes que venir” era uno de los

Foto: 20 años de la Expo, el punto de partida del despilfarro andaluz
20 años de la Expo, el punto de partida del despilfarro andaluz

“Tienes que venir”. Aquel póster colgado en el salón de un piso de estudiantes de Salamanca anticipaba el futuro. “Tienes que venir” era uno de los eslóganes de la Exposición Universal de Sevilla. Fue un 20 de abril de 1992 cuando la capital andaluza recuperó, como lo había sido varios siglos antes, el título de capital del mundo. La muestra modernizó la ciudad conservadora, ensimismada y complaciente. Sevilla se aleja del tópico y descubría la televisión en alta definición y las gafas 3D. El resto de Andalucía intentaba arañar algo de los avances proyectados, como si fueran fantasía, en la isla de La Cartuja de los fuegos artificiales con los que se cerraban cada jornada el espectáculo del lago de España.

[Así eran y están los pabellones de la Expo 92 en el 2017]

“Lo mejor fue la apertura de Sevilla al mundo y las infraestructuras: el AVE, el aeropuerto de San Pablo, la SE-30 y los puentes sobre el Guadalquivir”, apunta Carlos Telmo, director de relaciones externas de la preExpo y responsable de las visitas VIP durante la muestra universal. ¿Lo peor? “Se han aprovechado muy mal las infraestructuras. Excepto el de Andalucía, destruyeron todos los pabellones autonómicos”, critica Telmo, director de Protocolo del Pabellón de España en la exposición Universal de Shanghai, en declaraciones a El Confidencial.

“No soy nada mitómano, pero me quedo con una visita de Catherine Deneuve o la presencia entusiasta de la Duquesa de Alba. A doña Cayetana le encantaba ir el pabellón de Arabia Saudí. Quedábamos en el Pabellón de Japón. Este país regaló el pabellón al Gobierno español y decidieron tirarlo. Fue una pena”. Tadao Ando, el arquitecto de joya efímera, consiguió en 1995 el prestigioso premio Pritzker, el Nobel de la arquitectura.

El periodista Javier Rubio coordinaba el suplemento diario de la Expo, de 16 páginas, en color verde “papel lagarto”, que publicaba Diario 16 Andalucía. “Fue algo muy variopinto, un mundo cosmopolita que se creó durante seis meses. Aquello fue una fiesta continua y lo pasamos muy bien. El último día pensé que la gente se amotinaba. El Rey clausuró la fiesta y santas pascuas; no hubo más”, explica Rubio, que recuerda que el ministro de Relaciones con las Cortes, Virgilio Zapatero, se quejó de la voz “rotundamente crítica de Diario 16” (cuenta el periodista) mientras el resto de los medios de comunicación se centraban en los aspectos positivos del evento.

Pérdidas de 210 millones de euros

El turismo nacional salvó la Expo. En los primeros meses la muestra no acababa de arrancar. No fue hasta septiembre cuando se consiguió un repunte de visitas: al final fueron 20 millones. El último mes fue el mejor. Los sevillanos tomaron la Exposición Universal 92, un formidable espectáculo en el que trabajaron 150.000 empleados y alcanzó un volumen de negocio de 300.000 millones de pesetas sólo en Sevilla y su provincia. Eso sí, el Tribunal de Cuentas certificó que la muestra tuvo pérdidas económicas de 210 millones de euros (35.000 millones de pesetas).

Más datos. Cada visitante gastó entre 1.400 y 1.600 pesetas diarias en el recinto de La Cartuja. En 1993, Francisco Ferraro, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, por aquel entonces secretario general de Economía de la Junta de Andalucía, destacaba que la muestra había servido para “la articulación de las infraestructuras en Andalucía” como la A-92 (terminada muchos años después) que cruza la comunidad autónoma de Oeste a Este por el interior, la circunvalación de Málaga y la llegada del AVE no sólo a Sevilla, sino a Córdoba. La inversión global en Andalucía se elevó a 1 billón de pesetas, según un estudio de José Javier Rodríguez Alcaide, catedrático de Economía de la Universidad de Córdoba, publicado en el Boletín Económico de Andalucía.

“Yo no tengo nostalgia de la Expo. Lo que no entiendo es cómo nadie se había dado cuenta de que el 20 de abril se cumplían 20 años. Ahora a todos les han dado las prisas”, lamenta Carlos Telmo, que no se explica cómo en Sevilla no hay ni un museo de la Expo ni se va a celebrar una exposición de calibre a la altura de su importancia. La muestra no esquivó la polémica. Baltasar Garzón instruyó el denominado caso Expo por supuesta malversación de caudales públicos, apropiación indebida y falsedad documental. Garzón archivó el caso en 2003.

“Si fuese para celebrar el aniversario de una hermandad…”

A falta de las instituciones públicas que impulsaron la celebración de la efemérides, la Asociación Legado de la Expo es quien ha tomado la iniciativa. “Nos miramos demasiado el ombligo. Somos así. Si fuese para celebrar el aniversario de una hermandad seguro que no pasaría esto”, critica Telmo. Unas jornadas organizadas por la Casa del Libro de Sevilla han servido para recordar a los personajes que capitanearon la Expo: el abogado Manuel Olivencia, comisario general de la Expo, destituido en 1991; Jacinto Pellón, ya fallecido, El albañil, presidente de la Sociedad Estatal 1992; Alejandro Rojas Marcos, alcalde de Sevilla entre 1991 y 1995; y Emilio Casinello, sucesor de Olivencia. También se trató de la prehistoria de la Expo, un espacio de 215 hectáreas cuyas obras empezaron en 1987

El recinto ha envejecido muy mal. Con numerosos pabellones desmontados o destruidos, con vallas para impedir el acceso a un sinfín de zonas, La Cartuja acoge un mosaico sin orden de infraestructuras de todo tipo. La más exitosa es Cartuja 93, el parque científico y tecnológico que emplea a 15.000 personas y cuenta un volumen de negocio de 1.912 millones de euros –el año pasado cayó un 13%, el mayor descenso en una década–. Dispone de un hotel de lujo (el Barceló Renacimiento), un teatro (el Central, sufragado por la Junta de Andalucía); parque de atracciones (Isla Mágica) y una parte del Campus universitario de la Universidad de Sevilla como la Escuela Técnica Superior de Ingeniería o la Facultad de Comunicación.

La isla, que acoge el Monasterio de Santa María de las Cuevas, que recibió la visita de Cristóbal Colón y donde los consejeros del Gobierno de la Junta de Andalucía toma posesión, da mucho de sí. En el solar del antiguo pabellón de los Descubrimientos, parcialmente destruido poco antes de la inauguración de la Expo, se construye la Torre Cajasol, el polémico rascacielos diseñado por César Pelli, que continúa su acelerado ritmo de construcción a pesar de las advertencias de la Unesco. El caso más flagrante de infrautilización es el del estadio de La Cartuja. Ni el Sevilla FC quiso abandonar el barrio de Nervión, ni el Real Betis se decidió por jubilar el histórico Benito Villamarín de Heliópolis.

“Sevilla no ha colonizado mentalmente La Cartuja”

“La Cartuja no ha terminado de integrarse en la ciudad. No es un desierto, trabajan miles de personas, pero cuando termina la jornada laboral se vacía de noche. Tiene sólo un uso urbano de día. Sevilla aún no ha colonizado mentalmente La Cartuja. A pesar de estar frente al Centro, muchos sevillanos consideran que está lejos”, argumenta Víctor Fernández Salinas, profesor de Geografía Humana de la Universidad de Sevilla.

Esta imagen de infraestructura provisional, con escasos espacios para aparcamiento, necesita un lifting. ¿Podría solucionarse en parte con un uso residencial? Telmo apunta a una urbanización de lujo “tipo La Moraleja”, Rubio recuerda que en el franquismo se plantó crear en la Cartuja un barrio con 30.000 viviendas. “Hubo una reacción brutal y se paralizó el proyecto”, puntualiza. El último PGOU (Plan General de Ordenación Urbana) de Sevilla contemplaba la creación de una residencia para científicos, pero finalmente no se puso en marcha.

Cuando se cumplen dos décadas del arranque de la Expo, quizá podría haber llegado el momento de volver a diseñar un recinto privilegiado que albergó un sueño universal. Lo decía la voz en off de una de las promociones. “No esperes a que te lo cuenten. Ven a vivir ya lo mejor del mundo en Expo 92. No te lo puedes perder. Expo 92. Ahora o nunca”.

“Tienes que venir”. Aquel póster colgado en el salón de un piso de estudiantes de Salamanca anticipaba el futuro. “Tienes que venir” era uno de los eslóganes de la Exposición Universal de Sevilla. Fue un 20 de abril de 1992 cuando la capital andaluza recuperó, como lo había sido varios siglos antes, el título de capital del mundo. La muestra modernizó la ciudad conservadora, ensimismada y complaciente. Sevilla se aleja del tópico y descubría la televisión en alta definición y las gafas 3D. El resto de Andalucía intentaba arañar algo de los avances proyectados, como si fueran fantasía, en la isla de La Cartuja de los fuegos artificiales con los que se cerraban cada jornada el espectáculo del lago de España.

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