Pascual Sala comenzó ayer su nueva andadura como presidente del Tribunal Constitucional. La nota más destacable es que es la primera vez en la historia de este tribunal que va a estar al mando un juez de carrera. Hasta ahora, todos los presidentes han procedido del mundo académico. Juez, valenciano, de 75 años y progresista. Sala tiene una dilatada carrera judicial, entre otras cosas ser presidente durante seis años, entre 1990 y 1996, del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial.
Su carrera ha estado siempre asociada al progresismo: su presidencia en el Alto Tribunal coincidió con el Ejecutivo de
Felipe González; durante su juventud, fundó el movimiento Justicia Democrática y defendió a los opositores que juzgaba el Tribunal de Orden Público. En todos estos años, a Sala no se le ha conocido por ser amigo de las cámaras y los flashes. Siempre ha criticado el papel de los jueces ‘estrella’, más preocupados por lo que se dice de ellos en los medios de comunicación que por dictar resoluciones.
Pascual Sala fue nombrado ayer presidente del TC gracias a los votos de todos sus compañeros del bloque progresista excepto uno,
Manuel Aragón, que prefirió votar en blanco. Era su principal rival pero, al final, se premió la fidelidad al Gobierno en la sentencia del Estatuto de Cataluña. La nueva cabeza del Constitucional defendió a capa y espada el texto estatutario, incluso apostó hasta el final por definir a Cataluña como “nación”. Por el contrario, Aragón se posicionó con el sector conservador y votó para declarar inconstitucional varios artículos del Estatuto. Junto a Sala,
Eugeni Gay, ahora nombrado vicepresidente, fue otro de los principales defensores del texto catalán, una defensa que se ha visto ahora reflejada en ambos nombramientos.
Tres años de retraso Sala llega a la presidencia con tres años de retraso y con una institución muy dañada tras el intenso y largo debate sobre el Estatuto. Si se cumple la ley y no hay nuevos bloqueos entre partidos, deberá abandonar el tribunal en 2013, que da por concluido su mandato después de nueve años como miembro. Algo más de dos años en los que deberá resolver asuntos importantes, sobre todo de carácter social, dado que el PP ha recurrido dos de las leyes más pioneras y relevantes del Gobierno de
Rodríguez Zapatero. Durante su presidencia, se deberá estudiar la inconstitucionalidad tanto de la Ley de matrimonio homosexual como la Ley del Aborto. No va a tener fácil solución porque algunos de los magistrados del sector ‘progresista’ no están a favor de estas leyes.
Licenciado en Derecho por la Universidad de Valencia, Sala ingresó en la carrera judicial en 1963 como número uno de su promoción. Magistrado de la Sala Tercera de lo Contencioso-Administrativo del Supremo, fue también presidente del Tribunal de Cuentas durante dos años (1988-1990), órgano del que formaba parte desde 1982 cuando fue elegido consejero a propuesta del PSOE. Durante la presidencia del Tribunal Supremo, tuvo que hacer frente a asuntos conflictivos como el de Banesto, Filesa, escuchas del CESID, los GAL y la condena del juez
Pascual Estevil por prevaricación, a pesar de la férrea defensa de los vocales del CGPJ conservadores.
Tanto por sus cargos como por sus decisiones, Sala ha tenido que afrontar múltiples críticas, como las que recibió durante su presidencia en el Tribunal de Cuentas por su informe fiscalizador del proceso de reprivatización de Rumasa. Con el PP ha tenido varios encontronazos, como el recurso interpuesto por esta formación política en 2007 contra la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ), mediante la cual se prorrogó el mandato de la presidenta
María Emilia Casas. El PP recusó a Sala por su imparcialidad, aunque nunca llegó a ser admitida.