Barcelona se ha convertido en
la clave del futuro de los socialistas catalanes. El último capítulo en la batalla por la capital catalana, la principal ciudad española donde gobiernan, tiene como principal protagonista al sindicato UGT, que debe posicionarse de cara a las primarias que mantendrán el actual alcalde,
Jordi Hereu, con su oponente, la también socialista
Montserrat Tura, ex consejera de Justicia y de Interior en los últimos gobiernos de la Generalitat.
Las elecciones para saber quién competirá por el cargo tendrán lugar el próximo 19 de febrero. Según las encuestas, Hereu podría perder la alcaldía frente al candidato convergente,
Xavier Trias, mientras que Tura podría frenar a éste y mantener, como mínimo, una mayoría simple que con el apoyo, implícito o explícito, de ERC y de ICV le aseguraría el sillón municipal.
El personaje que puede inclinar la balanza hacia uno u otro lado puede ser
el secretario general de UGT en Cataluña y ex dirigente del PSC, Josep María Álvarez. Aunque relativamente joven de edad, tiene a sus espaldas más de tres décadas de activismo en el sindicato y peso en círculos sindicales, empresariales, políticos, culturales y sociales. Álvarez es un asturiano a la vieja usanza (“Capaz de convertir lágrimas en sonrisas”, cuenta un amigo suyo), que logra alcanzar acuerdos
in extremis, como el que cerró recientemente con la multinacional Nissan, que adjudicó la fabricación de su nuevo modelo para Occidente a la planta de Barcelona cuando esta opción ya había sido desechada.
Álvarez es un hombre cuya voz se escucha en muchos foros. Y su relación con el actual presidente de la patronal CEOE,
Joan Rosell, es estrecha y cordial. Por algo llevan negociando durante décadas, cada uno a un extremo de la mesa, convenios y acuerdos sectoriales o globales. También es un interlocutor codiciado por administraciones, ya sean del Estado, autonómicas o locales. Por eso es una figura respetada tanto desde las instituciones como desde empresas, corporaciones o partidos.
Tanto peso social le puede acarrear problemas: en algunos círculos políticos, se ha filtrado que Álvarez
apuesta abiertamente por Tura como símbolo de renovación de los socialistas en Barcelona. Ello significaría un inestimable balón de oxígeno para la mujer que aspira a detentar la vara de la alcaldía en la capital catalana frente a su oponente, el actual edil. Fuentes muy cercanas al líder de UGT, no obstante, manifestaron a
El Confidencial que “
Álvarez es amigo de Hereu y es amigo de Tura. Una polémica de este calibre le puede acarrear problemas personales”. Ayer por la tarde, el secretario general de la UGT catalana se reunió con miembros de su círculo más íntimo para debatir el tema y de esa reunión salió una consigna: no entrar en la
batalla de Barcelona.
“La UGT no puede entrar en este tema -señaló a este diario una de las fuentes presentes en esta reunión-. Primero, porque es un sindicato y hay afiliados de muchos partidos. Y segundo, porque ése es un tema personal de Álvarez. Personalmente, puede opinar lo que quiera, pero
no va a permitir que se instrumentalice a la UGT para una cuestión política de un partido. Se puede comprender que Barcelona es muy importante para el PSC pero no nos meteremos en este lío”.
Para entender el interés del PSC en las municipales del próximo mes de mayo y su interés en Barcelona sólo hay que tener cuenta dos cuestiones fundamentales: primero, que la capital catalana es su principal feudo y puede garantizarles incluso la Diputación de Barcelona, la única corporación provincial que controlan; segundo, que la federación socialista de Barcelona, una de las más potentes del partido, que no tiene peso específico en la estructura del PSC, puede revitalizarse y detener su paulatino hundimiento. Desde mediados de la década de los 90, con
Pasqual Maragall todavía de alcalde, los socialistas de Barcelona nunca pudieron hacer sentir su voz en el partido. Con una renovación en sus filas, podría recuperar el
esplendor perdido.
Recuperar el ‘esplendor’ perdido Una fuente del PSC admite a
El Confidencial que “Maragall manejaba el partido como le daba la gana. Desde que se fue, no ha habido nadie con peso en la ciudad de Barcelona que plantase cara a la calle Nicaragua [sede el PSC]. El actual alcalde ha pecado de supeditación al PSC. Debería haber tirado por la calle de en medio y no plegarse a las órdenes de la cúpula del partido”. Pero Hereu tiene muchos
handicaps en su contra. Tantos que, vistas las encuestas, el PSC le dio un ultimátum el verano pasado; debería remontar en las encuestas antes de fin de año o, de lo contrario, pensar en su relevo. Los últimos sondeos ahondaron en su herida, puesto que le daban perdedor incluso agrandando la distancia con su principal rival; y como el hombre en el que había pensado el PSC para ser candidato,
Ferrán Mascarell, se fue de consejero de Cultura con
Artur Mas al nuevo Gobierno, se vio en Montserrat Tura la tabla de la salvación.
La estructura del PSC en Barcelona, con su máximo dirigente a la cabeza,
Carles Martí, cerró filas con Hereu. Ahora, un sector piensa en Montserrat Tura para recuperar ese
esplendor perdido. Incluso el sector crítico que encabeza el ex líder socialista
Raimon Obiols, que ya aboga abiertamente por una “refundación del socialismo”, se alinea con Tura y los nuevos aires. Y si pueden contar con una personalidad de peso social como Álvarez, la mitad de esta
guerra ya está ganada.