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LA VÍCTIMA FALLECIÓ HACE CINCO AÑOS

El último etarra que secuestró al empresario Aguinagalde es juzgado 25 años después

El último etarra que secuestró al empresario Aguinagalde es juzgado 25 años después

El etarra Luis Enrique Gárate Galarza, alias "Zorro", en la Audiencia Nacional (EFE).

Carlos Fonseca 13/04/2011   (15:12h)

Han tenido que pasar 25 años para que el último de los tres etarras que secuestraron al empresario vasco Lucio Aguinagalde se siente en el banquillo de los acusados. Luis Enrique Gárate Galarza reconoció esta mañana ante el tribunal su pertenencia al comando de ETA que en la tarde del 15 de octubre de 1986 abordó al empresario cuando salía del frontón Mendizorroza de Vitoria y lo mantuvo retenido en una cueva del monte Eguski-Ola (Vizcaya) mientras la banda negociaba el pago de un rescate con su familia.

Aguinagalde fue rescatado por la Ertzaintza 18 días después en una operación en la que fue asesinado el entonces máximo responsable de la Policía Autónoma Vasca, Genaro García Andoaín. Los etarras Juan María Gabirondo Agote “Chispas” y Francisco Antonio Cabello Pérez, “Patxi” fueron detenidos, pero Gárate Galarza consiguió escapar. Tras años de exilio, la banda pidió que se reincorporara a su disciplina el año 2000, recién rota la tregua decretada en 1998, y en 2004 fue detenido en Francia y posteriormente extraditado a nuestro país. 

La sesiónde esta mañana  fue un desfile de testigos canosos y aspecto apacible en los que nadie sería capaz de descubrir su antigua militancia en ETA y su implicación en el secuestro. Salvo Juan María Gabirondo Agote “Chispas”, que aún permanece encarcelado como autor de los disparos que costaron a vida al jefe de la Ertzaintza, el tercer miembro del comando, Francisco Antonio Cabello “Patxi”, y las personas que les ayudaron a llevar a cabo el secuestro se encuentran ya en libertad una vez cumplidas sus condenas. Todos prestaron declaración como testigos y se reunieron al final de la vista como si fueran miembros de una cuadrilla que hace tiempo que no se ven.

Aguinagalde no era un empresario cualquiera cuando fue secuestrado. Carné número 6 del PNV de Álava, se negaba a pagar a ETA el denominado “impuesto revolucionario” cuando el miedo era la moneda corriente entre el empresariado vasco. De 69 años de edad, casado y con cinco hijos, era propietario de una pequeña empresa de bisutería en Vitoria que permitía a su familia vivir sin apreturas, pero sin excesos. Aficionado al frontón, un comando de ETA le abordó cuando salía precisamente de ver un partido de pelota y lo condujo hasta una cueva que habían acondicionado para mantenerle retenido.

El 1 de noviembre, un día antes de su liberación, un ertzaina libre de servicio que paseaba por el mundo descubrió que la entrada de la cueva estaba cubierta con una losa que se intentaba ocultar con ramas. Al acercarse a ella comprobó que la piedra estaba sujeta por unas cuerdas para poder ser manipulada desde el interior y dio aviso a sus superiores.

A la mañana siguiente, un dispositivo de la Ertzaintza se desplegó en torno a la cueva y tras pedir a los etarras que salieran de su interior, éstos se abrieron a tiros. Luis Enrique Gárate fue el único que consiguió escapar. Esta mañana, un cuarto de siglo después, ha sido juzgado y se enfrenta a una petición fiscal de 78 años de reclusión.

 

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