EN EL ÚLTIMO CONSEJO DE MINISTROS Y SIN CONSENSO

El Gobierno planea cambiar el estatuto del CNI sólo dos días antes del 20-N

El Gobierno de Zapatero será rompedor hasta el final y en todos los ámbitos de la Administración, incluidos los servicios secretos. Esta semana prepara un decreto

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El Gobierno planea cambiar el estatuto del CNI sólo dos días antes del 20-N
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    El Gobierno de Zapatero será rompedor hasta el final y en todos los ámbitos de la Administración, incluidos los servicios secretos. Esta semana prepara un decreto ley de reforma del estatuto de personal del Centro Nacional de Inteligencia que planea aprobar el próximo viernes en el Consejo de Ministros, en la última reunión del Ejecutivo antes de las elecciones generales del domingo, según ha sabido El Confidencial.

    Es difícil encontrar en el Estado un organismo más delicado que el CNI y, dentro del centro, un asunto tan sensible como el “régimen interno” de sus funcionarios (antes llamados espías) después de la turbulenta etapa con el socialista Alberto Saiz al frente. Y no puede haber una fecha más inadecuada para hacerlo en toda la legislatura que en el último Consejo de Ministros hábil antes de unos comicios que, según todas las encuestas y el propio partido en el poder, dará lugar a un cambio de Gobierno.

    El proyecto de nuevo estatuto de personal, que regula el sistema de ingreso, de ascensos, de incompatibilidades, de concursos de méritos, de cambios de destino o de jubilaciones, fue elaborado el pasado año por el CNI y remitido por el secretario de Estado y director del centro, Félix San Roldán, al Ministerio de Defensa, del que depende orgánicamente. El texto fue enviado, como es preceptivo, al Consejo de Estado, que ya ha hecho su informe. A Defensa le han entrado ahora las prisas y prepara el decreto ley correspondiente para aprobarlo el viernes.

    El anteproyecto se ha elaborado con la opacidad lógica en el caso del CNI y con la añadida después por el departamento que dirige Carme Chacón. Como es habitual, Defensa tampoco se ha molestado en consultar la reforma con la oposición pese a que sea un asunto de Estado, en teoría “apolítico”, y a sus responsables les queden seis semanas en el cargo. Fuentes del PP confirmaron a El Confidencial que no han recibido información alguna de los cambios en los servicios de inteligencia.

    El primer estatuto de personal es de 1995, etapa de la más grave crisis que vivió el centro con los escándalos finales del felipismo y la sustracción de información reservada del entonces Cesid. En febrero de 2004 el último Gobierno del PP acometió una reforma de aquel texto que, entre otros cambios, relajaba los requisitos de años de servicio para los ascensos. Al llegar José Luis Rodríguez Zapatero al poder y colocar éste a José Bono como ministro de Defensa, resultó elegido el dirigente socialista castellano-manchego Alberto Saiz para dirigir los servicios de inteligencia. Se abrió otra época turbulenta en el centro, con delaciones y la aparición de informes contra el propio Saiz sobre uso personal de fondos públicos.

    Félix Sanz, el pacificador militar

    Saiz “revolucionó” el CNI con la promoción de recién llegados o el ascenso arbitrario de funcionarios de nivel inferior que colocaba por encima de los de superior rango en una institución cuyos funcionarios en buena parte son militares. El Gobierno tuvo que destituir a Saiz en julio de 2009 y colocó en su lugar a un militar de larga carrera: el ex jefe del Estado Mayor de la Defensa Félix Sanz Roldán. El centro resultó inmediatamente pacificado, en parte con una nueva política de personal que influyó en que los servicios dejaran de ser noticia por cuestiones internas.

    Sanz siempre ha dejado claro que aplica al CNI los mismos principios de organización interna y de funcionamiento que aprendió en el Ejército. Las jerarquías, promociones y ascensos  han pasado a ser por formación, méritos y años de servicio. Es de suponer que el texto que remitió al Ministerio de Defensa reforzaba esos principios en el nuevo estatuto, pero el anteproyecto lleva el camino del Consejo de Ministros sin que nadie lo conozca salvo los máximos responsables del departamento.

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