EFE/Ballesteros
La cara del pequeño Froilán era un poema, ya que ni sonrió ni realizó sus habituales trastadas. El pequeño, vestido con el clásico traje de marinerito, posa con su hermana pequeña que, curiosamente, lleva una banderita de España sobre la solapa. Pese a la seriedad, el nieto de los Reyes no suelta un regalo comprado en unos grandes almacenes –el papel da la pista-, su mayor tesoro.
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