Alberto García-Alix
El gusto de García-Alix por los personajes de la calle se transmite gracias a obras como ésta: No hay Gran Vía sin Eva (1988). El retrato es sin duda el fuerte del fotógrafo y lo empieza a domar a partir de 1986, cuando decide comprarse una cámara de medio formato. “Cuando cojo la cámara me veo obligado a reflexionar sobre el personaje que estoy retratando, cómo es, cómo quiero ver a esa persona, qué me aporta, qué consigo…”, explica el propio artista.
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