la banca solo se plantea darle dinero a corto

Isolux sufre ejecuciones masivas por impago mientras ultima un rescate exprés

La compañía participada por CaixaBank y Santander pierde contratos a la carrera al ver que los contratistas se quedan con sus avales por insolvencia para acabar las obras

Foto: Sede de Isolux en Madrid. (E. Villarino)
Sede de Isolux en Madrid. (E. Villarino)

La delicada situación financiera de Isolux está empezando a pasar factura, una dura factura. La compañía de ingeniería ha visto que ha perdido varios contratos en el exterior al no poder hacer frente a los pagos comprometidos. En consecuencia, los contratistas han ejecutado los avales, algo que solo ocurre en condiciones extremas sin mediar negociación previa. Se trata de una espiral diabólica que ha llevado al grupo presidido por Nemesio Fernández Cuesta a lanzar un ultimátum a sus accionistas para que le concedan de una vez por todas un crédito exprés.

Fuentes oficiales de la compañía han confirmado la ejecución de las garantías financieras que Isolux había dado al firmar los contratos de construcción de proyectos, al no ser capaz de continuar con los mismos por no disponer de dinero en caja. No obstante, dichas fuentes de la empresa matizan que de momento los embargos son puntuales, no masivos, sin precisar la cuantía de los proyectos perdidos. Otras fuentes señalan que el grupo participado por CaixaBank, Santander, Bankia, Popular y Sabadell, junto con una serie de fondos oportunistas, ha perdido obras por entre 300 y 600 millones de euros.

El pasado mes de febrero, la Agencia Nacional de la Energía Eléctrica (ANEEL), el regulador de Brasil, expropió dos concesiones por las que Isolux iba a construir dos líneas de alta tensión de 700 kilómetros en el país latinoamericano. En concreto, un contrato de 436 kilómetros en el estado de Pará y otro de 250 kilómetros en Rondonia. Ambos activos serían gestionados por la compañía española durante los próximos 30 años. Se trata de unos activos que Isolux ganó en subasta a mediados de 2015, pero que no ha podido poner en marcha al no conseguir el cierre financiero de los proyectos.

Foto: Isolux Infrastructure.
Foto: Isolux Infrastructure.

Isolux está tratando de mantener la cifra en secreto para no provocar un efecto contagio con otros contratistas que también están dudando sobre la solvencia de la ingeniería española para cumplir con sus obligaciones. Un bucle muy peligroso que se suma al cierre de las líneas de crédito y de avales por parte de la gran mayoría de entidades financieras que no han entrado en el capital tras la conversión de 2.100 millones de deuda llevada a cabo el pasado año y la inyección de dinero fresco por 300 millones.

La compañía que era propiedad de Luis Delso ha pedido a sus tres principales acreedores 300 millones adicionales para sobrevivir, petición que CaixaBank, Santander y Bankia están analizando desde hace casi tres meses sin que hasta la fecha se hayan puesto de acuerdo. Isolux ha mantenido reuniones diarias con el conocido G-3 para urgir la concesión de la nueva línea de crédito para frenar las ejecuciones y poder hacer frente a las próximas nóminas, pero estas tres entidades han solicitado al mismo tiempo al resto de bancos que arrimen el hombro para aprobar una segunda aportación de fondos.

Préstamo con vencimiento a nueve meses

El G-3 ha invitado a Banco Popular y Banco Sabadell —G-5— a que participen en el rescate, petición que han extendido a Natixis, Société Générale y Deutsche Bank, tres entidades que también tienen dinero atrapado en Isolux. En la reunión de ayer, Isolux detalló la situación actual de cada uno de los proyectos y las necesidades individuales de liquidez para seguir adelante con ellos y no perderlos, sobre todo los localizados en México, Argelia e India. Los responsables de los bancos se fueron con la impresión de que el momento es muy delicado y con el compromiso de someter el rescate a sus comités de riesgo en los próximos días.

CaixaBank y Bankia son los más empeñados en apoyar la segunda inyección de capital porque “el coste de dejarla caer es más caro”, según indican fuentes financieras. Pero el resto de acreedores, incluido el Santander, ve el futuro muy negro. El banco dirigido por Ana Botín considera que el riesgo es muy alto, motivo por el cual ya ha vendido a precio irrisorio la deuda que le había prestado a la propia compañía hace apenas tres meses. Actualmente, el valor de los bonos de Isolux es de apenas 10 céntimos, prueba inequívoca de que los inversores le dan muy pocas probabilidades de subsistencia.

La última propuesta consiste en prestar 120 millones de euros en metálico y otros 180 millones en forma de avales con vencimiento a 31 de diciembre de 2017. De aquí a fin de año, Isolux debería encontrar un inversor que comprase la mayoría del capital y se hiciese cargo de los pasivos. Una operación nada fácil para evitar que el grupo entre en concurso de acreedores y acabe en liquidación a corto plazo.

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