negociaciones entre bambalinas

BdE, Sepi, CNMV y CNMC: el pacto de gobierno tiene un precio 'muy económico'

El pacto para la formación de un nuevo Gobierno supondrá la entrada del PSOE y de Ciudadanos en las más poderosas instituciones del poder económico en España

Foto: Mariano Rajoy en un acto de campaña del PP. (Reuters)
Mariano Rajoy en un acto de campaña del PP. (Reuters)

Las opciones de Rajoy para ser investido presidente del Gobierno con el apoyo explícito de Ciudadanos y el más tácito o rocambolesco del PSOE se cuecen en la trastienda del poder económico. El Partido Popular quiere que sus socios circunstanciales se impliquen en un pacto estructural que otorgue cierta estabilidad a la acción política durante buena parte de la legislatura e incluso está dispuesto a ofrecer alguna cartera ministerial como compromiso de un enlace que sirva para certificar un verosímil matrimonio de conveniencia. En materia financiera, el juego de las apariencias es fundamental y la experiencia al servicio de la alta función pública demuestra la importancia de salvar las formas a ojos de los grandes inversores internacionales.

El presidente en funciones mantiene 'in pectore' las constantes vitales de lo que ha sido el norte de su primer mandato legislativo y su única obsesión reside en atraer a sus presuntos aliados accidentales al redil de una gestión pragmática de servicio público sin mayores ínfulas ideológicas que solivianten los ánimos de involución. Rajoy y sus asesores de cabecera no creen que España sea un vehículo que pueda conducirse con el cambio automático de marcha que invocan los más furibundos grupos de oposición y prefieren apostar por un ralentí de ajuste fino y ordenado, a fin de avanzar en el proceso de combustión sin revolucionar demasiado el motor económico e impedir cualquier amenaza de estallido social.

Para evitar el peligro es fundamental esta vez propiciar la ocasión de una entente cordial e inequívoca que convierta a los socios de la investidura en cómplices de un Ejecutivo que va a nacer con muy limitadas prerrogativas parlamentarias. La única forma de gobernar es la que se deriva de un consenso de obsolescencia programada y que Rajoy tampoco puede forzar de antemano, so pena de defraudar la razón de Estado que encarna Felipe VI. En definitiva, la única levadura que puede dar consistencia a un eventual y disimulado acuerdo tiene que nutrirse mediante el generoso reparto de poderes en instituciones sobre las que descansa la autoridad, el control o, en el menor de los casos, la supervisión de la actividad económica del país.

El nuevo Gobierno tiene que cubrir cuatro puestos en la CNMV, tres en la CNMC, nombrar presidente en SEPI y un nuevo subgobernador en el Banco de España

A falta de pan, buenas son tortas porque es cierto que nadie en la oposición osará formar parte de un Gobierno débil constituido a modo de frontón, pero eso no obsta para que los llamados grupos moderados del arco parlamentario se sumen al convite de las más golosas entidades reguladores y empresas públicas. El surtido de dulces se presenta, además, en bandeja de plata, dado que ahora mismo la mayor parte de organismos estatales vinculados con la actividad económica muestran grietas funcionales en sus organigramas operativos que es preciso cubrir con el nombramiento de hombres de confianza dispuestos lo mismo para un roto que para un descosido. Candidatos sobran, pero hay algunos que han regado la ruleta con apuestas múltiples por los mejores cargos.

Entre los principales invitados al banquete destaca la figura de Luis Garicanouna de las personas con mayor ascendencia sobre Albert Rivera y que viene participando de manera recurrente en la definición de los nuevos ‘pactos de la Moncloa’ con la plana mayor del PP. El nombre del asesor de Ciudadanos retumba desde hace semanas en la sede de la CNMV, un organismo en clara expectativa de cambio desde la reciente salida de Elvira Rodríguez. La expresidenta y actual asesora con despacho en la Comisión de Valores mantuvo prácticamente intactas las estructuras básicas de la institución, dominadas desde tiempos remotos por conspicuos dirigentes vinculados en su mayor parte con los sucesivos Gobiernos de cuño socialista.

Luis Garicano. (EFE)
Luis Garicano. (EFE)

Nada tendría de extraño que el futuro titular del supervisor bursátil diera ahora un vuelco radical a la organización y para ello nada mejor que un experto economista limpio de polvo y paja que ni siquiera ha formado parte de las listas electorales y que tampoco tiene ninguna servidumbre de paso que pagar dentro de la CNMV. Tras contraer matrimonio en segundas nupcias, Garicano está de vuelta en España y es, sin duda, uno de los aspirantes mejor colocados para pasar la factura de ese tiente mientras cobro con el que Ciudadanos va a renovar la próxima semana su apoyo a Rajoy.

La Comisión de Valores tiene además que rellenar la vicepresidencia y un puesto del consejo aparte de los dos vocales natos, como son los responsables del Tesoro y el subgobernador del Banco de España. Este último cargo quedará vacante también en enero toda vez que su actual titular, Fernando Restoy, lleva tres meses haciendo las maletas con destino al Banco Internacional de Pagos de Basilea. La reestructuración del consejo de gobierno de la autoridad monetaria constituye otro caramelo a tener muy en cuenta en el reparto del botín con que el Partido Popular convalidará en el Congreso su victoria electoral del pasado 26 de junio.

Luis Garicano y Jordi Sevilla son los mejor colocados por parte de Ciudadanos y del PSOE para encabezar los principales organismos de supervisión financiera

La marcha de Restoy puede dar lugar a un movimiento de tierras generalizado dentro del Banco de España. No en vano el antiguo vicepresidente de la CNMV en la etapa de Zapatero ha sido la piedra angular en la estructura operativa de los principales organismos reguladores financieros durante toda la última década. Por lo demás, la crisis bancaria y los sucesivos procesos judiciales del caso Bankia tienen agotado al gobernador Luis Linde, un hombre que nunca se ha sometido a la tiranía de la ambición política y que ya ha estado tentado de tirar la toalla en algunos de los momentos más críticos que la institución viene padeciendo desde hace años.

Banco de España. (EFE)
Banco de España. (EFE)

Los cargos de gobernador y subgobernador del Banco de España suelen nombrarse de manera simultánea y, salvo alguna que otra excepción, han servido tradicionalmente como testimonio de consenso entre el PP y el PSOE. La continuidad de Linde no está asegurada y ni siquiera depende del puesto que ocupe finalmente Luis de Guindos en el futuro Gobierno porque el actual ministro de Economía no quiere seguir haciendo columpio con su colega Montoro ni media legislatura. Guindos será superministro económico o abandonará la carrera política y, en el primero de los supuestos, sus nuevos poderes servirán también para respaldar las opciones de un nuevo 'ticket' presidencial en el Banco de España donde Íñigo Fernández de Mesa, actual secretario de Estado de Economía, podría ser el sustituto de Linde para hacer tándem con Jordi Sevilla en calidad de subgobernador.

El que fuera ministro de Administraciones Públicas es uno de los eslabones perdidos por el PSOE en su reciente crisis de identidad y su recuperación para la causa sería de gran utilidad en la nueva era de restauración socialdemócrata que trata de imponer Susana Díaz con su lugarteniente en la gestora en Ferraz, Javier Fernández. Por si acaso, Sevilla es amigo personal de Guindos y tampoco se ha caracterizado por utilizar las puertas giratorias como han hecho otros de sus viejos colegas de partido. Es verdad que Sevilla trabajó en el equipo electoral de Pedro Sánchez pero no es menos cierto que también formó parte del Gobierno de Zapatero y no por eso dejó de criticar la política económica que se gastaba su antiguo jefe.

Íñigo Fernández de Mesa aparece como aspirante para relevar a Linde si el gobernador del Banco de España decide salir aprovechando la marcha de Restoy

Tanto el PSOE, en su difícil proceso de reconstrucción, como Ciudadanos, en su primeriza incursión de poder, están obligados a formar parte de las instituciones si no quieren escorarse hacia posiciones radicales que vinculen su labor de oposición con una estrategia destructiva al estilo Podemos. No en vano, ambos grupos llevan tiempo analizando la posibilidad de integrarse en la CNMC o en lo que pueda quedar de ella. La opción de trocear el llamado ‘supervisor mayor del Reino’ en dos bloques paralelos para controlar de manera separada los mercados y la competencia es una tentación al gusto de todos los partidos del arco parlamentario, que lógicamente podrían meter baza en la composición de las nuevas entidades resultantes.

Elvira Rodríguez, durante su intervención en un desayuno informativo. (EFE)
Elvira Rodríguez, durante su intervención en un desayuno informativo. (EFE)

En todo caso, si un milagro consigue mantener impoluta la CNMC, no se olvide que tres de los diez comisionados del plenario que a día de hoy preside José María Marín Quemada trabajan en funciones desde hace un año. Tres sillas a cubrir que serán seis a la vuelta de unos meses si el regulador único sigue vivo para entonces. En definitiva, el PP dispone de un margen suficiente y exquisito para hacer las delicias de los que solo están dispuestos a actuar tras las bambalinas del poder sin mojarse más de lo estrictamente necesario. Rajoy y su probable ministro único de Economía y Hacienda tienen para dar y regalar, incluyendo en el mismo cesto la presidencia de la Sepi, el 'holding' público heredero del antiguo INI y que todavía cuenta con retales de ancestrales empresas públicas muy importantes que gestionar.

La salida precipitada de Elvira Rodríguez de la CNMV la convierte en máxima aspirante para presidir la SEPI, dado que ahí no tiene incompatibilidades

 

Navantia, Indra, Correos o la propia RTVE son marcas bajo el perímetro de la antigua Sepi, que lleva descabezada desde que Ramón Aguirre prefirió volver al ruedo político como diputado en el Congreso por aquello de más vale pájaro en mano que ciento volando. El grupo público es ahora presidido en funciones por Federico Ferrer, pero el cargo es demasiado goloso como para no compensar algunos de los compromisos propios o ajenos que se han producir en cuanto empiece a tomar cuerpo la actual legislatura. Quizá esta vez, y por aquello de que la solidaridad empieza por uno mismo, en la sede de Génova existe la convicción de que la Sepi está reservada para un dirigente/'dirigenta' con mucha cercanía al PP y cuyas incompatibilidades tampoco le permiten mayores expectativas. Ni que decir tiene que nadie se atreve a pronunciar el nombre pero el perfil apunta a Elvira Rodríguez. Salvo mejor opinión de Guindos, claro está.  

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