El alemán Henkell & Co, principal interesado

La rama de los Ferrer, la última barrera para que Freixenet siga siendo catalán

Los Ferrer-Hevia ya han unido fuerzas con los Bonet para vender sus paquetes. Juntos suman el 58% del capital y eso les permite ofrecer a los inversores un paquete de control
Foto: Foto: Freixenet.
Foto: Freixenet.

La familia Ferrer es el último bastión que le queda al fabricante de cava Freixenet para seguir siendo catalán. La clave radica en si los Ferrer tendrán suficiente empuje y lograrán conseguir financiación para comprar el 58% de la compañía y hacerse con el 100% de la empresa. En caso contrario, los Hevia ya han unido fuerzas con los Bonet para vender sus paquetes. Juntos suman el 58% del capital. Y el grupo alemán Henkell & Co ya se ha interesado por la compañía, según explican fuentes del sector alimentario.

La venta se encuentra en una fase muy preliminar. De hecho, fue en el consejo de administración del pasado de lunes cuando se puso de manifiesto que los Bonet se unían a la iniciativa vendedora que habían impulsado los Hevia, tal y como informó 'La Vanguardia'. Ante esta disyuntiva, solo los Ferrer, con el presidente de honor José Ferrer (91 años) a la cabeza, quieren seguir al frente de la empresa. La duda es si podrán hacerlo.

 

José Ferrer tiene dos hijos varones, Pedro y José María. La cuestión es si ambos tendrán la fuerza suficiente para buscar un grupo de bancos que les financien la compra del 58%. Su única ventaja es que tienen derecho de tanteo para igualar cualquier oferta que ponga sobre la mesa un competidor. A partir de aquí, Freixenet, una empresa sin protocolo familiar y carente de blindajes accionariales, es pasto fácil para que en la cuarta generación deje de ser catalana.

Freixenet es el primer productor de cava de España y una de las 20 mayores empresas de bebidas del mundo. Facturó 501 millones en su último ejercicio pero casi no gana dinero: solo 2,2 millones de beneficio. Y su mejor momento ha pasado, cuando se hablaba del cava como “el oro amarillo”. Depende mucho de la exportación y en el último año, Alemania, su principal mercado, se ha debilitado. Además, necesita un giro en la gestión, que para todo el sector se está volviendo problemática.

Se buscan 300 millones

Pedro Ferrer Noguer (i), hijo del presidente de honor de Freixenet, y José Luis Bonet, actual presidente.
Pedro Ferrer Noguer (i), hijo del presidente de honor de Freixenet, y José Luis Bonet, actual presidente.

Los Ferrer necesitan 300 millones de crédito para comprar este 58%, según apuntan fuentes financieras conocedoras de los entresijos de las tres familias. En ese montante se valoran los dos paquetes del 29% que atesoran los Hevia y los Bonet, grupo que lidera el actual presidente José Luis Bonet (76 años). Bonet no solo ocupa la presidencia. Dos de sus hermanos, Pedro Bonet y Eudald Bonet, son miembros del consejo ejecutivo.

En el consejo de administración de Freixenet están representados los 12 primos que forman parte de la tercera generación. Y algunos miembros de la cuarta, un total de 47 bisnietos de los fundadores, ya se están integrando en la empresa.

De hablar catalán a hablar alemán

El inversor que más se ha interesado por Freixenet es el embotellador alemán Henkell & Co, un viejo conocido del grupo catalán porque había sido su aliado en la red de distribución en Alemania. Se trata de un gigante controlado por Dr. Oetker que ha mostrado interés por el sector de cava español. En 2012, ya compraron Cavas Hill, grupo que había formado parte de la antigua Rumasa y que adquirieron a precio de saldo por 4,5 millones y en medio de un proceso concursal. Henkell & Co factura más de 700 millones anuales. En otros tiempos, hubiera podido ser adquirido por Freixenet.

El carácter familiar hace que todas las ramas se hayan incorporado a la gestión del grupo Freixenet, incluyendo los miembros de la cuarta generación

La venta que ahora se plantea de Freixenet no es barata. A pesar de su escasa rentabilidad y su elevado endeudamiento, el 58% es un paquete de control ,y por eso los Bonet y los Hevia piden la cifra que piden tras romperse el equilibrio accionarial. Además, está el valor de las marcas.

Por debajo de esta operación subyace el problema estructural de este sector vinícola, que va más allá de coyunturales problemas políticos. El cava no ha sabido apostar por la calidad y aunque los fabricantes presumen de que cada año venden más -157,25 millones de botellas en 2015-, es a un precio cada vez menor y con una rentabilidad dudosa. Además, Freixenet tiene el convenio vitivinícola más alto de España, lo que encarece su producción por la vía de los costes.

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