Otra inmobiliaria de un gran banco, en manos de una firma de capital riesgo. Como hizo CaixaCatalunya en agosto y Bankia esta misma semana, La Caixa ha llegado a un acuerdo con Texas Pacific Group (TPG) para venderle el 51% del capital de Servihabitat Gestión Inmobiliaria, la sociedad en la que había agrupado gran parte de los activos adjudicados por los impagos del ladrillo. 

El precio acordado es de 185 millones de euros, ya que la totalidad de Servihabitat ha sido valorada en unos 370 millones de euros. Por tanto, un precio que duplica al que ha obtenido Bankia por quitarse de encima su banco malo -90 millones-y que multiplica por casi cinco los 40 millones ingresados por el otro banco catalán en manos del Estado.

No obstante, se trata de un precio ligeramente inferior al planteado en un principio, cuando La Caixa puso en el mercado su filial, por cuyo 51% esperaba ingresar unos 200 millones. En cualquier caso, se trata de una operación positiva para el grupo liderado por Isidro Fainé y Juan María Nin, que se apuntará unas plusvalías millonarias todavía por ajustar.

El acuerdo entre La Caixa y TPG supone trasmitir la gestión de los servicios inmobiliarios por un periodo de diez años, incluidos los de la inmobiliaria Building Center, la filial donde CaixaBank acumula las daciones en pago que entran en su balance después de la salida a bolsa. De esta manera, el banco con sede en Barcelona liberará recursos para una tarea tan poco grata como es la venta y alquiler de las viviendas, las cuotas asociadas a los bienes e inmuebles, las ejecuciones hipotecarias y el recobro.

Texas Pacific Group, un fondo de 54.000 millones de dólares asesorado en España por un exejecutivo de Bankia, Fernando Magnet, se ha impuesto en la puja por Servihabitat a Bridgepoint, que ha estado peleando hasta última hora. En la subasta también participaron fondos como Fortress y Starwood, interesados por un negocio recurrente muy interesante puesto que el flujo de operaciones está garantizado, independientemente de que Servihabitat o Building Center efectúen operaciones con minusvalías, como sucede en una situación de mercado como la actual.

La venta se produce después de que, a principios de este año, La Caixa segregara la sociedad Servihabitat Gestión del conjunto del grupo Servihabitat, filial donde la caja de ahorros presidida había concentrado los activos inmobiliarios que tenía en su balance antes de que CaixaBank saliera a bolsa. Esta división convirtió de facto a Servihabitat en su particular 'banco malo', donde agrupó inmuebles y terrenos adjudicados para poder sacar el negocio financiero al mercado sin que acumulara el lastre del ladrillo.

Lo que no ha podido ejecutar La Caixa es la venta de 12.000 pisos entre inversores cualificados y fondos especialistas en este tipo activos, operación que iba en paralelo con la de Servihabitat. La decisión la adoptó después de recibir ofertas vinculantes por 800 millones de euros, la mitad de la valoración que el banco dirigido por Fainé había realizado de dicha cartera de inmuebles.

Un buen negocio incómodo

El pasado lunes, Bankia anunció el traspaso de la gestión de su negocio inmobiliario Bankia Hábitat a una empresa del fondo capital riesgo Cerberus por un importe máximo de 90 millones de euros. La operación supone la cesión de la gestión en exclusiva de los activos inmobiliarios y los préstamos promotor de Bankia para los próximos diez años. Además, se encomienda a Cerberus la administración de los activos que el Grupo BFA-Bankia comercializa para terceros por el tiempo que estén vigentes.

Por su parte, el 7 de agosto, CatalunyaCaixa comunicó la venta  de su división inmobiliaria, CatalunyaCaixa Inmobiliaria (CXI), a un consorcio de inversores internacionales formado por las firmas estadounidenses Kennedy Wilson y Värde Partners. Aunque la entidad nacionalizada no informó del importe de la transacción, distintas fuentes aseguraron que la operación se cerró en cerca de 40 millones de euros.

Otros bancos, como Banesto, ahora integrado en Santander, y Popular se desprendieron meses tras de sus actividades de recobros, que también se han convertido en un negocio recurrente para los compradores e incómodo para las entidades, poco partidarias de perseguir morosos.