Domingo, 16 de junio de 2013

José Antonio Zarzalejos

LAS CLAVES DE LA JORNADA

España sin proyecto (del 21-O al 25-N)

16/10/2012
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No hay recuerdo de un episodio de la reciente historia de España que resulte más azaroso que el actual. Se trata de un triángulo que parece comportarse como una jaula sin salida para el Estado constitucional de 1978: 1) El próximo domingo es más que posible que entre 45 y 50 de los diputados del Parlamento vasco (de 75) sean de obediencia nacionalista y, en distinto grado, independentistas, desafectos al actual modelo territorial y sólo contenidos por sus propias debilidades más que por las fortalezas de España; 2) también el domingo, el Partido Popular se juega la mayoría absoluta en Galicia, única de las tres nacionalidades históricas en las que ha logrado gobernar, combinando el galleguismo con una estricta lealtad constitucional que, de perderse a manos de un bipartito socialista-nacionalista, empeoraría la ya inestable situación político-institucional del país; y 3), mientras tanto, la precampaña en Cataluña se abre paso a dentelladas dialécticas, sin concesiones e, incluso, sin fair play.

Si el ministro de Educación pudo estar torpe –y a mi juicio lo estuvo- a propósito de la españolización de los escolares catalanes, ¿qué decir del golpe bajo de Artur Mas haciendo suponer que fuera de Cataluña los españoles siguen enseñando en la escuela la España del “una, grande y libre” del franquismo? Si el presidente de la Generalidad quería dar réplica a José Ignacio Wert, lo ha conseguido. Que conste que estas refriegas verbales son algo más que una esgrima dialéctica: dejan traslucir una fortísima hostilidad de fondo, una ruptura de equilibrios y contenciones recíprocas y transparentan una ausencia preocupante sobre la dimensión de los problemas mutuos a que nos podría llevar un choque de trenes como el que irremediablemente se avecina.

 

Como si los astros se alineasen para amplificar la crisis española de este azaroso otoño, ayer Londres y Edimburgo, Cameron y Salmond, firmaron el Acuerdo de San Andrés por el que el Gobierno británico autoriza en 2014 un referéndum en Escocia (en el que podrán votar los jóvenes de 16 años) sobre la independencia de este territorio que antaño fue Reino independiente. En el ambiente emocional y tenso que se percibe en España, ¿cómo explicar que el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte no dispone de un sistema constitucional cerrado sino integrado por leyes varias, actas, convenciones y criterios consuetudinarios que le permiten una flexibilidad muy lejana a las constituciones del sur europeo? ¿Cómo explicar que el independentismo escocés –representado por el SNP, con mayoría absoluta en Edimburgo- se ha disparado desde que en el Mar del Norte se han localizado y se explotan ya riquísimos yacimientos de petróleo y dispone de un lecho marino especialmente idóneo para los parques eólicos de energía eléctrica? ¿Cómo explicar, en fin, que entre Cameron y Salmond lo que se pretende es que el segundo salve la cara del referéndum prometido y el primero, con determinadas concesiones de autogobierno y económicas, plantee esta operación política como una oportunidad de sellar con soplete la unidad de Gran Bretaña? Nadie, o muy pocos, estaría en condiciones de escuchar tesis de esa naturaleza, porque prima aquí una visceralidad que ni siquiera en Flandes –que desde el lunes tiene en la alcaldía de Amberes a un soberanista que propugna la evaporización progresiva de Bélgica- alcanza con Valonia el grado de acidez que registramos en España.

La crisis económica se empareja con la política en eso que se ha dado en llamar la tormenta perfecta que nos pilla con las defensas bajas y un pesimismo noventayochista. Digo pesimismo por no afirmar, lisa y llanamente, que nos chocamos con una crisis de cohesión que se veía venir desde hace mucho tiempo –desgraciadamente, mirar atrás es toparse de bruces con un Rodríguez Zapatero verdaderamente imperdonable, impulsor de una segunda tanda de Estatutos que terminó por descalabrar un modelo territorial chirriante- y para la que no hay un proyecto de solución, más allá del coloquialismo de las frases al uso, el listado de argumentos económicos e históricos habituales y la ingenuidad de la bondad del vamos a entendernos. España necesita un nuevo diseño político con base autonómica –más flexible que la federal- que salve los principios dogmáticos de la Constitución de 1978 y revise prácticamente todo lo demás: la planta de las comunidades y su número; los niveles competenciales; la financiación y el engranaje de todo ello en un Estado integrador. La propia Escocia, Bélgica, Quebec… demuestran que nuestros problemas no son inéditos ni necesariamente irresolubles. Lo que no tiene parangón es la carencia de creatividad jurídico-constitucional y política para abordar esta crisis que se rubrica con tres elecciones en los territorios más sensible y centrífugos de España y que disponen de su propio espectro político tan diferente al de las demás comunidades autónomas. Sería terrible que, demostrado que no hay modelo para combatir la Gran Recesión que nos aqueja, tampoco dispongamos de criterio para eludir este tsunami político del otoño de 2012.

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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES

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COMENTARIOS

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30hartodelacasta 16/10/2012 | 22:20

#22 Bueno bueno. La historia es historia. Así es. Si todo fuera taaaaaan inamovible, hoy no existirían los países independientes del continente americano ni dos tercios de los países europeos [mire el mapa de Europa de antes de la primera guerra mundial]. Fíjese, en Reino Unido, se acuerda y se vota en una consulta. Aquí estamos, por una lado diciendo "¡qué se vayan los catalanes!¡son unos parásitos!", pero por otro lado, da pavor en pensar en una consulta popular y en RESPETAR lo que de ella salga. ¿Merece tanta atención?

Y lo más triste de todo: estamos perpetuando los privilegios de una casta.

No me opongo a ese referéndum, pero en primer lugar, antes de ni siquiera plantearlo, hay que limpiar España: cambiar leyes, eliminar prebendas y arrinconar a la casta. con España bien limpia, con estructuras aquilatadas [parece que hoy en día, que hay ordenadores y telecomunicaciones, necesitamos 4 veces más de funcionarios que en 1975 para hacer prácticamente lo mismito, y eso que tenemos menos militares] y veremos las consultas sin temor. Al contrario, a nadie se le ocurrirá largarse, sino todo lo contrario.Pero no, aquí, sostenella y no enmendalla.

Y la casta, se ríe feliz

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29verbigracia 16/10/2012 | 20:32

Pues no estoy de acuerdo. Nunca el nacionalismo sube tanto como cuando gobierna el PP. ¿No se aucerdan de que en la primera legislatura de Aznar, éste hablaba catalán en la intimidad? ¿No se acuerdan que a raiz de la mayoría absoluta subió Ezqurra Republicana más que nunca? ¿Qué sucede ahora?. ¿No incendian el ambiente un día si y otro tamnién éstos ministrillos del PP hablando chorradas cada vez que tiene una alcachofa al alcance?. O es que Zapatero va a tener la culpa de la explulsión de los moriscos. Que trabajen para sacarnos de la crisis que para les votaron [que yo no me los creí] tanto incauto y se dejen de mamandurrias como le gusta decir a Espe.

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28Lawally 16/10/2012 | 20:30

Creo que es injusto hablar de falta de proyectos o, "sin proyecto" a España. Pues bien, 927890 emigrantes, entre ellos, 117500 españoles, muestran a las claras que existe un proyecto: irse, hacer lo que hicieron sus abuelos, ir a Latinoamérica: Argentina, Venezuela, Uruguay... En Argentina _tengo datos_ más de 1000 españoles ingresan sin inconvenientes. Otros, son americanos que regresan. El hecho es que el proyecto de los jóvenes es retirarse de España. Quedará una población vieja _mal europeo_ poco preparada para los cambios, con escasas ilusiones y proyectos, escaso consumo... No los culpo. España tiene una deuda impagable. Hoy, Portugal presentó su Presupuesto 2013. Obviamente, con un ajuste brutal e impuestazos varios. Cuando te quitan la esperanza, el único proyecto es la huida.

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27sonweb 16/10/2012 | 17:56

De la extremada debilidad de España podría sacarse aún alguna fuerza si la insensatez de los españoles no les impidiera unirse.

La bondad o tara de sus próximas décadas se definen en estos tiempos, y sin un pacto social y político peligra la prosperidad de las futuras generaciones.

Sin acuerdos de Estado los españoles están condenados al fracaso. Esta sería una buena hora para rediseñar la Nación procurando mejorarla desde sus fundamentos. Los desdichados españoles deberían aprovechar esta triste coyuntura para atacar sin complejos los males que se ceban con su patria con reformas y reescribiendo leyes y artículos constitucionales.

Si pensaran en el mañana, regenerarían su fracasado sistema educativo para tratar de convertirlo en uno de los mejores del mundo; reformarían todo lo que fuera necesario reformar para situar a España definitivamente en este siglo nuevo.

Esta podría ser la hora en que la generosidad prevaleciera sobre los privilegios; en que entre ciudadanos, políticos, medios y agentes sociales se acordara el esfuerzo por el bien común antes que seguir con enfrentamientos por los despojos de esta tristeza en que han convertido a España.

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26Urquiola 16/10/2012 | 17:44

Se olvida que los "políticos abertzales" son de iguales ideología y objetivos estratégicos que socialistas y comunistas, variará su situación aparente en ciertas pirámides de mando o sus tácticas, hay ultra-izquierdistas que siguiendo las técnicas de manipulación de asambleas y de la opinión ya iniciadas durante la "revolución" francesa, llaman "bestias" a los abertzales por presentar propuestas agresivas burdamente inaceptables, y así que su propia e inaceptable propuesta disfrazada de moderada tenga éxito u obtenga menos rechazo. Los países no deben tener proyectos, ese tipo de cosas es del ámbito personal o al menos privado, y toda toma de postura que roce lo ético o las ideas debería estar fuera de la acción de los gobiernos, que solo son administradores del estado con la única misión aceptable de proveer ciertos servicios públicos. Puede haber diferencias en objetivos concretos o la forma de alcanzarlos, eso serían solo criterios operativos; la megalomanía y las utopías deben permanecer siempre fuera del campo de lo gubernamental, un estado aconfesional admite que sus empleados o miembros tengan su propia fe, pero no que lo usen de púlpito, hay meapilas de izda, C J Cela dixit

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José Antonio Zarzalejos es licenciado en derecho por la Universidad de Deusto y periodista. Ha desempeñado puestos de distinta responsabilidad tanto en el Grupo Correo, primero, como en Vocento, después. Fue director del diario ABC de 1999 a 2008. Su "cuaderno de notas" pretende ser una aproximación certera a la realidad política, económica y social española e internacional.

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