El severo correctivo que padecieron en las urnas los socialistas catalanes no variará mucho la estrategia a corto plazo que se habían marcado tras el primer revés encajado en las autonómicas del 28 de noviembre pasado. El Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) celebrará un congreso en octubre en el que se elegirá una nueva cúpula directiva y se diseñarán las líneas maestras de la estrategia política de los próximos años. Las circunstancias obligan a la formación catalana a aplicar con rigor el estoicismo en su estrategia, es decir, a aprender de la adversidad.
Y, aunque los resultados fueron negativos e, incluso, catastróficos en algunos lugares, como Barcelona o Gerona, lo cierto es que algunos alcaldes socialistas resistieron el embate. Son ellos quienes pueden tener opciones a formar parte de la nueva cúpula que será elegida este otoño. “Evidentemente que los alcaldes que han salido bien tienen un plus, pero algunos se ven más como eventuales candidatos a la Generalitat que como líderes de la formación”, señala un miembro de la cúpula del PSC a El Confidencial.
Sobre el tapete ya se han puesto algunos nombres, como el del alcalde de Lérida, àngel Ros, que revalidó su mayoría absoluta de 15 concejales, dejando a CiU y a PP con seis concejales cada uno. Otro es el alcalde de Cornellà, Antoni Balmón, que sustituyó en la alcaldía a José Montilla cuando éste abandonó el Ayuntamiento para ser ministro de Industria y, posteriormente, presidente de la Generalitat. Balmón revalidó la mayoría absoluta a pesar de perder dos ediles y 5.000 votos. Y en la misma línea se sitúan otros tres alcaldes: el de Sabadell, Manuel Bustos, que mantiene 13 concejales de un consistorio con 27, aunque su nombre encuentra algunas reticencias en el aparato del partido; Josep Fèlix Ballesteros, de Tarragona, que bajó de 13 a 12 y que ahora puede perder la alcaldía por un pacto CiU-PP, que suman siete ediles cada una, pero que hizo un buen papel en las locales; y Pere Navarro, alcalde de Terrassa, que bajó de 13 a 11 pero que puede gobernar con el apoyo de ICV, que tiene 3 concejales. No están todos los que son, pero sí son todos los que están.
Los nombres de los municipales, no obstante, se barajan como candidatos a la presidencia de la Generalitat. “Son líderes territoriales que han demostrado su valía, que tienen buena imagen dentro de sus feudos y que son buenos gestores. Ese potencial lo hemos de aprovechar”, añaden las fuentes consultadas. Otra cosa será la estructura del partido, sobre la que pende el más absoluto mutismo, aunque desde algunos círculos se apuesta porque el poder municipal tome el mando de la organización. Pero el PSC del futuro será bicéfalo, si se quiere calificar de esta manera: el máximo líder no será el candidato a la presidencia, sino que se dedicará exclusivamente al aparato. Ahí apenas se barajan nombres, aunque en algunos círculos se han dejado caer los nombres de àngel Ros, Pere Navarro e incluso del actual portavoz, Miquel Iceta, como el nuevo hombre fuerte, aunque fuentes oficiales desmienten con rotundidad.
No obstante, otras fuentes más críticas señalan a este diario que “lo que debería es convocarse el congreso cuanto antes para organizar el partido y prepararnos para el futuro. Pero todos están fuera de juego y no saben a quién poner al frente. De ahí que se retrase hasta octubre”.
Las prioridades: pactos para gobernar
Diversas fuentes consultadas del PSC consultadas por El Confidencial coinciden en señalar que la prioridad absoluta “es tratar de llegar a pactos municipales para estar presentes en el mayor número posible de gobiernos”. Y eso implica “que a partir de hoy, hablaremos con todos, sin exclusión, incluida Convergència i Unió. Sólo nos hemos marcado como prohibición el llegar a cualquier tipo de acuerdo con Plataforma per Catalunya (PxC)”. La mayor herida que produjeron los comicios fue la pérdida de la ciudad de Barcelona y de la Diputación de esta provincia. Sin esas pérdidas, reconocen las fuentes, “las elecciones hubiesen ido bien, aunque se hubiesen perdido algunas plazas importantes como Gerona”.
Miquel Iceta detalló ayer las prioridades de los pactos: primero, están los pactos de la izquierda “en los sitios donde se pueda”; luego, apuesta por “garantizar la estabilidad de los gobiernos municipales”; y, en último término, se deja en manos de los dirigentes locales las preferencias de pactos dentro de sus respectivos municipios.
En la capital catalana, CiU quiere tener las manos libres. El candidato convergente,
Xavier Trias, está dispuesto a gobernar en solitario con sus 15 concejales (la mayoría absoluta se sitúa en 21),
sin contar con los 8 del Partido Popular (PP). Y ello puede traer como consecuencia que se abra un diálogo entre PSC y CiU. “
A Convergència no le interesa un pacto global y permanente con el PP, por lo que en las próximas semanas habrá conversaciones”, admiten en las filas socialistas.
Pero, oficialmente, desde el PSC se insiste en que “tradicionalmente, CiU se ha aliado siempre con el PP. No deberíamos sorprendernos de que alcancen algún acuerdo. Incluso en Barcelona pueden establecer un pacto. Y no porque no pueda gobernar en solitario. Pero el desgaste es mucho mayor. Jordi Hereu gobernó los últimos cuatro años en minoría y mira cómo sufrió [en realidad, el PSC se alió con ICV, pero entre los dos sumaban sólo 18 escaños]. Por tanto, objetivamente, A Trias le conviene tener atado a alguien para evitar ese desgaste, ya que con la hostilidad de todos los rivales no saldría adelante. Y ese alguien sólo puede ser el PP”.