GÉNOVA considera QUE LOS BARONES NO SE MOVERÁN

El Partido Popular se hace a la idea de que el 25-S tampoco acabará con el bloqueo

El PP asume que Sánchez amaga con el 'Gobierno Frankenstein' para ir a terceras elecciones y espera que un éxito arrollador de Feijóo sirva para preparar los comicios que parecen inevitables

Foto: Mariano Rajoy en la Calle Génova de Madrid, tras conocer los resultados electorales del 26J. (EFE)
Mariano Rajoy en la Calle Génova de Madrid, tras conocer los resultados electorales del 26J. (EFE)

"Ni Sánchez va a facilitar la investidura de Rajoy, ni Susana Díaz y los barones se van a mover para que lo haga; les ha cogido la medida y sabe que no se arriesgarán a perder sus posiciones". En la dirección del PP empiezan a admitir en privado y en esos términos sus escasas esperanzas en que el 25-S sirva para el desbloqueo de la situación política. Solo esperan que un éxito arrollador de Alberto Núñez Feijóo sirva para preparar unas terceras elecciones generales que parecen inevitables.

Mariano Rajoy, como ocurrió en 2009 después de superar la crisis del congreso de Valencia, vuelve a necesitar una mayoría absoluta en Galicia para seguir adelante. En fuentes del PP destacan que su jefe "ha disfrutado" estos días en la campaña de pueblo a pueblo (al estilo Manuel Fraga) bastante más que en las generales. Celebran, porque les viene bien para la movilización, que alguna encuesta ponga en duda que alcanzarán los 38 escaños; pero echan cuentas sobre 40 o más para confirmar que el partido sigue al alza en apoyo popular para el caso de tener que volver a la urnas en diciembre.

Esa confianza del PP en otra mayoría absoluta en Galicia se contrapone con el temor a que el voto útil, o del miedo, al entendimiento Podemos-Bildu juegue en el País Vasco a favor del PNV y en contra propia.

Alberto Núñez Feijóo, durante el acto de cierre de campaña que los populares han celebrado en Vigo. (EFE)
Alberto Núñez Feijóo, durante el acto de cierre de campaña que los populares han celebrado en Vigo. (EFE)

"Nuestro electorado allí es proclive al mal menor", admiten los veteranos de Génova que recuerdan el apoyo logrado en su día por el candidato socialista José María Benegas cuando el PSOE de Felipe González se presentó con opciones de imponerse al PNV más radical. Esta vez Urkullu ofrece la cara más moderada del nacionalismo (no independentista) frente a la izquierda populista y los batasunos medio reciclados en Bildu. Se conformarían con no bajar de sus actuales 10 diputados (en una Cámara de 75) o al menos con sumar solos los necesarios para garantizar la gobernabilidad de la autonomía.

En la clave de las consecuencias sobre el bloqueo de los resultados, en el PP ya no hablan de la posibilidad de que un desastre electoral de la magnitud anunciada por las encuestas mueva al PSOE del "no es no" de Pedro Sánchez. El secretario general de los socialista ha enseñado sus cartas antes de los resultados para pasar la página de la derrota sea cual sea el balance final, quede o no tercero en Galicia o pierda casi la mitad de los escaños en el País Vasco. "Siempre puede decir, como en los comicios de junio, que ha superado las expectativas de las encuestas y amagar con su frente anti-PP", admiten en medios de los populares.

La vieja guardia del PSOE sin peso

En Génova reconocen ya que las esperanzas en algún cambio del PSOE hacia la abstención abonadas por la vieja guardia socialista y los antiguos grupos de comunicación de referencia carecen de fundamento. "Sánchez se ha atrincherado en el cargo y sus críticos no moverán un dedo porque tampoco quieren arriesgar sus actuales posiciones, la primera Susana Díaz", repiten.

"Sánchez se ha atrincherado en el cargo y sus críticos no moverán un dedo porque tampoco quieren arriesgar sus actuales posiciones, la primera Susana"

La dirección del partido ha constatado con la apuesta de Sánchez por el 'Gobierno Frankenstein' (PSOE, Podemos e independentistas) su creencia en que el dirigente socialista prefiere unas terceras elecciones por encima de todo.

"Alimenta a las bases del partido y a su electorado con el 'no' a Rajoy y luego enreda con Podemos y los demás en una serie de conversaciones para culparles después que que no haya un Ejecutivo de izquierdas (suyo) y así hasta que se agote el tiempo y se tengan que convocar los comicios". Es lo que esperan en Génova que haga Sánchez durante la primera quincena de octubre. No esperan que se atreva a postularse ante el Rey como aspirante a la investidura, entre otras cosas porque requeriría un pacto cerrado con todos los grupos de izquierda e independentistas de la Cámara de difícil digestión hasta para el propio PSOE.

Al margen de lo que haga Sánchez, la otra posible vía de desbloqueo político después del 25-S sigue siendo el PNV y sus 5 diputados. Las relaciones entre el PP y el PNV, al menos las representadas en público, han tocado fondo en la etapa electoral. De los puentes personales entre Rajoy y Urkullu o los 'orgánicos' entre María Dolores de Cospedal y la dirección del PNV dependerá cualquier cambio, siempre que baste con los escaños del grupo popular para completar una mayoría nacionalista en la Cámara autonómica.

El nacionalista canario Pedro Quevedo, incluido en el grupo parlamentario socialista, podría "despistarse" en el último minuto para evitar las terceras elecciones

Con los cinco votos de los peneuvistas sumados a los 170 de PP, Ciudadanos y CC, Rajoy solo necesitaría una abstención para conseguir la investidura. Es la vieja 'salida Quevedo' al desbloqueo con la que se especula en el Congreso desde el principio de la legislatura por el apellido del diputado nacionalista canario incluido en el grupo parlamentario socialista que podría "despistarse" en el último minuto para evitar las terceras elecciones.

La clave de los 1.450 millones en juego

Una de las claves de las relaciones entre el futuro Gobierno vasco en minoría y las aspiraciones del PP a seguir en el poder está en la liquidación del cupo del periodo 2007-2016. Las discrepancias sobre la liquidación de las cifras que presentan la administración central y la autonómica asciende ya a los 1.450 millones de euros. Es una de las cuestiones que puede estar en cualquier conversación de contraprestaciones mutuas entre los partidos que aspiran a estabilizarse o seguir en el poder. 

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