NO TENER GRUPO PROPIO LE HACE UN AGUJERO A CDC

Un pacto subrepticio entre el PP y los independentistas por un millón y medio

El PP presta al PNV una secretaría en la Mesa de la Cámara Alta y se compromete a que CDC disponga también de grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados

Foto: El portavoz de CDC en el Congreso de los Diputados, Francesc Homs (d), pasa ante el presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy. (EFE)
El portavoz de CDC en el Congreso de los Diputados, Francesc Homs (d), pasa ante el presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy. (EFE)

Si los nacionalistas vascos y los independentistas catalanes (PNV, CDC, ERC) hubiesen querido, Ana Pastor no sería desde ayer presidenta del Congreso. Parece evidente que Mariano Rajoy y el PP han pactado subrepticiamente -es decir, de manera oculta- para que CDC y PNV, en segunda vuelta, se abstuvieran. ¿A cambio de qué? Muy sencillo: el PP presta al PNV una secretaría en la Mesa de la Cámara Alta y se compromete a que CDC disponga también de grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados.

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Un pacto subrepticio entre el PP y los independentistas por un millón y medio

Los exconvergentes, según el artículo 23 del Reglamento del Congreso, no tienen derecho a grupo parlamentario porque, aunque han obtenido ocho diputados, en dos circunscripciones en las que se presentaban –Barcelona y Tarragona- no obtuvieron el 15% de los votos, condición necesaria para, con cinco o más diputados, obtener grupo propio. Tampoco logró ese porcentaje mínimo en el conjunto de Cataluña. Para el refundado partido catalán (PDC) -que se ha identificado ya como independentista y republicano-, que sus diputados pasasen al grupo mixto o se integrasen en el de ERC resultaba un auténtico desastre.

Un desastre político -falta de visibilidad política y mediática y poco margen de protagonismo parlamentario- pero, sobre todo, económico. Según la Ley Orgánica de Régimen Electoral General (artículo 175), solo percibirán subvención por elector los partidos que logren obtener grupo parlamentario. Por este concepto, CDC podría recibir -solo si es grupo parlamentario- la bonita cantidad de 965.876 euros, incluyendo en ella los gastos de 'mailing' a los cinco millones de electores catalanes. Igualmente, los exconvergentes obtendrían 343.164 euros anuales para el pago de asesores y mantenimiento del grupo. En total, el primer año de legislatura, CDC recibiría -si finalmente la Mesa del Congreso acepta su petición de grupo parlamentario- más de un millón y medio de euros y 350.00 en los sucesivos. CDC se gastó en la campaña del 26-J del orden de 1.600.000 euros. Y sin el retorno de ese dinero en subvenciones, la viabilidad del partido está en el alero.

El pragmatismo se impone a tanto discurso 'de principios' cuando lo que está en juego son los tronos del poder

En la reunión celebrada en Moncloa entre Rajoy y Homs el pasado día 12 de julio, este fue el orden del día: los ocho diputados independentistas no serían obstáculo para que prosperase el ya previsible pacto entre el PP y Ciudadanos para sacar adelante la designación de la presidencia de las Cortes. ¿Criticable semejante acuerdo? A tenor de lo que hubiesen dicho los populares si el mismo pacto lo hicieran los socialistas, desde luego que lo es. Rajoy y el PP no han hecho ascos a entenderse -y facilitar medios políticos y recursos económicos- con un partido antisistema como el que representa Homs. Pero el pragmatismo se impone a tanto discurso 'de principios' cuando lo que está en juego son los tronos del poder.

Más sentido adquiere el acuerdo con el PNV en el Senado: los nacionalistas vascos se encuentran en una tesitura de mayor moderación y sensatez. Y en todo caso, Rajoy pensará -y acertará- que este acuerdo a dos bandas podría ablandar a los dirigentes vascos y catalanes en una posible sesión de investidura para recabar su abstención.

El comportamiento ayer de los nacionalistas e independentistas -que habrían añadido 10 votos adicionales en la elección de los vicepresidentes primero y tercera del Congreso, Ignacio Prendes (Ciudadanos) y Rosa Romero (PP), respectivamente- tiene que ver también con el hecho de que la fiabilidad de la izquierda española -PSOE y Podemos- está bajo mínimos, como ayer reconoció el propio Pablo Iglesias. Apostar por una estrategia urdida entre Sánchez y el líder morado es como jugar a la ruleta rusa, y en la medida en que esa izquierda deambula desconcertada, los nacionalistas e independentistas aseguran algunas posiciones al amparo del PP, secundado por Ciudadanos. Los populares les ofrecen más garantía de solvencia, aunque para los unos y los otros represente una gruesa contradicción difícil de digerir para sus respectivos electorados.

Rajoy tendrá que manejarse con un Gobierno en minoría y, por tanto, disponer de una amplio margen de maniobra para practicar 'geometría variable'

Solo cabe oponer una incógnita: cuando la Mesa del Congreso deba decidir -dispone de cuatro días hábiles para hacerlo- la constitución de los grupos parlamentarios, ¿Ciudadanos se avendrá a que CDC, sin tener derecho, lo obtenga? Está por ver si el PP se tiene que apoyar en los representantes del PSOE -también estarían reticentes a hacerlo- porque los de Rivera no secunden los acuerdos subrepticios entre el PP y CDC. Estos últimos -y los populares- niegan la existencia del pacto, y aducen que tradicionalmente la Mesa ha hecho la vista gorda en casos similares. Es cierto, desde luego. Pero también lo es que carecería de sentido político acordar ahora, por un lado, con el PP visibilidad y financiación parlamentaria y, por otro, pactar con la CUP la independencia unilateral de Cataluña.

La comprensión popular hacia los nacionalistas e independentistas -que quizá deberá traducirse en políticas concretas en el futuro- está también relacionada con la convicción que está calando en Moncloa: Rajoy seguramente tendrá que manejarse con un Gobierno en minoría (137 escaños) y, por lo tanto, disponer de un amplio margen de maniobra para practicar 'geometría variable', es decir, llegar a acuerdos con unos y otros, en función de cada uno de los temas. En Génova piensan que podría contarse con CDC también para “medidas técnicas”: fijación del techo de gasto y aprobación de los Presupuestos Generales que contemplen determinadas infraestructuras para Cataluña. Ayer, en la constitución del Congreso, se enseñaron muchas cartas.

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