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Redacción - 29/01/2010
Echemos la vista atrás. 1 de octubre de 2009. Pleno sueño olímpico de Alberto Ruiz Gallardón. Víspera de la gran decepción. Falta un día para la elección de la sede de los Juegos de 2016. Pasillos, rumores, movimientos, miedo, esperanza... la delegación madrileña se debatía entre el temor al efecto Obama y a su Air Force One y el miedo por la aparición de la pujante Río y el carismático Lula como abanderado.
Los que sabían de qué iba el tema y tenían un pleno conocimiento del complicado movimiento olímpico apuntaban a la ciudad brasileña como gran rival de España. Otros, los que habían caído ante la seducción del presidente norteamericano, se subían al carro de Chicago. Por Tokyo nadie apostaba, no entraba ni en los debates.
Pasaban las horas y la delegación de la corazonada se veía finalista. Gallardón se encontraba seguro de la victoria, la veía cerca y estaba convencido de que la final iba a ser ante la ciudad estadounidense. Los presidentes de las federaciones desplazados hasta la capital danesa no daban crédito a lo que decía el alcalde. Villar, Odriozola, Sáez… todos temían a Río de Janeiro, pero Gallardón erre que erre. Ignoraba las voces autorizadas que le decían que no, que había que volcarse en la lucha con Río y no con Chicago.
Ya durante la cena previa se descubrió el pastel. Juan Antonio Samaranch junior, hijo del que fuera presidente de Comité Olímpico Internacional durante 21 años, actual miembro del COI y asesor de la candidatura Madrid 21016, era el que le había direccionado al dirigente del PP hacia la ciudad que hizo famoso a Michael Jordan.
Una apuesta perdida
Ya con la cena cumplida, la seguridad del alcalde Gallardón era abrumadora. Le daba igual oír que el resto de la delegación señalaba a la ciudad del Pan de Azúcar o Copacabana como el enemigo a batir. "Alcalde haga caso, el rival es la ciudad brasileña", aseguraba Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español y él, por lógica, más versado en la materia olímpica. Ni caso.
Hasta tal punto llegó que retó a todo aquel que quisiera sumarse a la apuesta. "La final será Chicago y Madrid" afirmó Gallardón ante la sonrisa de Samaranch junior. Blanco aceptó el reto. Apretón de manos y cena en juego. No tenía duda alguna de lo que iba a pasar. No así Samaranch hijo. Y así se fueron todos a la cama, soñando con una posibilidad que se diluía según pasaban las horas.
El resultado ya lo conocen todos. Final Río-Madrid y aplastante dominio de la ciudad sudamericana. Apuesta perdida. Al menos, Gallardón tuvo la valentía de reconocer en la rueda de Prensa posterior que debía una cena a Alejandro Blanco. El problema es que todavía no ha pagado la cena. Qué distinto hubiera sido todo si el alcalde hubiera hecho caso a los que saben de qué va el movimiento olímpico.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
5 COMENTARIOS
5 .- Alberto Ruíz Gallardón es uno de los mejores políticos de España...
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... ¡en gastarse lo que no es suyo!
4 .- Sería divertido si la cena que perdió el sinverguenza de Gallardón no se la pagáramos nosotros.
Eso pasa por seguir consejos del hijo del falangista vividor.
3 .- A este derrochador le a a votar su santa madre.
2 .- Arrogante, presuntuoso, pagado de sí mismo, y pésimo gestor.
1 .- Dios los cría y ellos se juntan. Obama, Zapatero, Gallardón... ¿Rajoy?