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Redacción - 01/03/2010
Pedro J. Ramírez, director de El Mundo y máximo responsable de contenidos de Unidad Editorial -el grupo de comunicación propietario también de medios como Marca y Expansión-, parece haber encontrado la fórmula ideal -ideal para la cuenta de resultados de la empresa- con la que adelgazar la abultada nómina de la compañía: despedir a periodistas con muchos años de experiencia -exactamente a 164- que cobraban sueldos más que dignos y reemplazarlos por bisoños y muy mal pagados estudiantes de Periodismo.
Pero con lo que tal vez no contaba -o tal vez sí- el director del autoproclamado “líder mundial de la información en español” es con la frontal oposición del Comité de Empresa, que ha denunciado a Unidad Editorial ante la Inspección de Trabajo por prorrogar ilegalmente los contratos de casi 90 becarios “sin ninguna experiencia profesional” que llegaron en verano “para aprender” durante tres meses en las distintas redacciones del grupo “y no a suplir a redactores de plantilla”.
Ramírez, acuciado por la brusca caída de los ingresos publicitarios y los negros nubarrones que se ciernen sobre los periódicos impresos, decidió el pasado año cortar por lo sano y despedir a 164 periodistas y trabajadores veteranos mediante un expediente de regulación de empleo (ERE). Luego llegó el verano, y con él una nueva hornada de estudiantes de los últimos cursos de Periodismo dispuestos a dejarse las cejas durante tres meses con tal de espantar del horizonte los fantasmas del paro y la precariedad y, tal vez, ser llamados algún día -unos pocos afortunados- por el gran timonel de Unidad Editorial. Sin embargo, acabado el verano se obró el milagro y casi 90 de ellos siguieron trabajando en el grupo... para cubrir las bajas de los despedidos. Y aún siguen allí. Pero, ¿qué hay de la calidad de los contenidos?
El comunicado emitido por del Comité de Empresa y la Comisión de Seguimiento del ERE no deja lugar a las dudas: “Después de haber despedido a 164 personas, la empresa ha decidido que muchos becarios pueden realizar el mismo trabajo que los redactores -sobre todo, en Internet-, aunque no tengan ninguna experiencia profesional, y les ha prorrogado los tres meses de prácticas de verano hasta que completen ¡UN AÑO! [los signos de admiración y las mayúsculas son originales]. En esas condiciones hay casi 90 estudiantes. Sólo en la redacción de El Mundo y elmundo.es trabajan como redactores 30 becarios. Pero, ¿no son estudiantes que, según los convenios con sus universidades, vienen para aprender y no a suplir a redactores de plantilla?”, se preguntan los representantes de los trabajadores. Pedro J., por ahora, no les ha respondido.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
35 COMENTARIOS
35 .- ¡Pues con 164 buenos profesionales en el paro, no sé a qué está esperando El Confidencial para contratar a uno y mandar a la Trujillo a silbar a la farola! [Bueno, quien dice la Trujillo podría decir otros más.]
34 .- #33 le presento mis disculpas, no entendí sus 'ironías', soy un prejubilado telefónico, producto de la ignominiosa villalongada aznarista, y nunca tuve problemas de formación y reciclaje, más bien están en ciertos sectores de la privilegiada clase pública funcionarial
33 .- #28 No ha entendido usted mi crítica, que va más en la dirección de lo que apunta #29. Lamentablemente y generalizando de forma un poco burda, en España se invierte bastante poco en la formación de los empleados, con lo que al empresario siempre le sale más rentable sustituirlos por gente más joven [y barata]. Aunque la culpa en principio es del empresario, éste puede invertir su dinero como le dé la gana y al empleado nadie le obliga a quedarse treinta años en un puesto de trabajo donde no se le exigen formación y actualización constantes.
La referencia a mi papá y la posibilidad de que seamos vergonzantes explotadores es sin duda muy ingeniosa, pero no aporta nada a la discusión. Por si le interesa, yo trabajo por cuenta ajena, así que no tengo la posibilidad de explotar a nadie.
32 .- El problema es serio, pero no sólo en El Mundo o en Unidad Editorial, sino en todos los medios de comunicación que acuden a la misma argucia. Es ILEGAL, porque incumple las normas laborales, y es INMORAL, porque esa renovación cierra el paso a otros muchos becarios que también quieren sus tres meses de prácticas. Por otra parte, son carne de cañón. NUNCA PODRÁN CONSOLIDARSE PROFESIONALMENTE, porque en cuando superen los mil euros de sueldo, su destino será ser sustituidos por otros proletarios de la información que acudirán incluso mejor formados -tecnología de la información, idiomas, etc-. El caso es que hacen falta muchísimos profesionales de la información, pero desde que existe Internet, ya no tanto en los periódicos, donde cada día es más complejo especializarse. O no leímos hace poco que "los relaciones públicas están sustituyendo a los periodistas". Es muy fácil hacerlo, con becarios que ignoran las materias. Es más fácil copiar las notas que les pasan o documentarse en Internet, sin el más mínimo criterio sobre si lo que pone es cierto o falso.
31 .- El problema es serio, pero no sólo en El Mundo o en Unidad Editorial, sino en todos los medios de comunicación que acuden a la misma argucia. Es ILEGAL, porque incumple las normas laborales, y es INMORAL, porque esa renovación cierra el paso a otros muchos becarios que también quieren sus tres meses de prácticas. Por otra parte, son carne de cañón. NUNCA PODRÁN CONSOLIDARSE PROFESIONALMENTE, porque en cuando superen los mil euros de sueldo, su destino será ser sustituidos por otros proletarios de la información que acudirán incluso mejor formados -tecnología de la información, idiomas, etc-. El caso es que hacen falta muchísimos profesionales de la información, pero desde que existe Internet, ya no tanto en los periódicos, donde cada día es más complejo especializarse. O no leímos hace poco que "los relaciones públicas están sustituyendo a los periodistas". Es muy fácil hacerlo, con becarios que ignoran las materias. Es más fácil copiar las notas que les pasan o documentarse en Internet, sin el más mínimo criterio sobre si lo que pone es cierto o falso.