José Félix Díaz
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12/07/2011
(06:00h)
Con nocturnidad y alevosía selló España el pase a las semifinales de la Copa Davis. Y lo hizo en un territorio que pertenecía a la historia negra del deporte de la raqueta española. Cuatro visitas, cuatro derrotas. Lo mejor de todo es que la 'Armada' consiguió la hazaña sin contar con la presencia de Rafael Nadal. El número dos del mundo necesitaba recargar pilas, descansar unos días en búsqueda de ese punto que ha perdido y que ha valido a Djokovic para hacerse con el primer puesto del ránking de la ATP. Tal y como sucedió en Mar del Plata, ya saben la Davis del orto de Nadal y Del Potro, la selección tiró de orgullo, casta, mucho tenis e idéntico equipo. David Ferrer, Feliciano López, Verdasco y Granollers se entregaron a tope desde que una semana antes pisaron suelo yankee. Lo de ganar en Estados Unidos era de los pocos muros que quedaban por derribar y viajaron hasta Austin convencidos de hacerlo.
Lo mejor es que el grupo elegido por Albert Costa para la ocasión anda sobrado de motivación y de ganas. Tener enfrente a Estados Unidos es un estímulo importante, decisivo diría yo, pero con esta panda de guerreros que se colocan la camiseta roja cada vez que juegan con España, el rival es lo de menos. Las ganas son las mismas sea quien sea el rival y los que se quedaron en tierra tipo Nadal o Robredo fueron los primeros en animar, en estar al lado de los compañeros. Es curioso comprobar cómo en un deporte tan individual como es el tenis, que premia y castiga como ningún otro los aciertos y errores del deportista, haya un grupo de españoles que sientan la camiseta y los colores de España de esta manera.
Me gusta que este deporte que reparte 8 millones de euros en un torneo de Grand Slam o 450.000 euros de un torneo 250 como es el de Stuttgart de esta semana, se convierta en algo simbólico, emocional. Los premios de la Davis no van más allá de los 20.000 euros por cada uno de los tenistas que se han desplazado hasta Austin, pero la sensación que transmiten es que acudirían de igual manera sin premio alguno. Su valor es estar, participar, jugar y si no pueden hacerlo, animar al compañero que sí que lo hace. Es la mejor manera de fomentar un deporte que España debe cuidar más. Y lo digo porque estoy convencido que en muy pocos hay trece españoles entre los cien mejores del mundo, contando al fenómeno Nadal entre ellos. Ningún país se acerca a esa cifra. Estados Unidos, el país con más Davis, se queda en siete. Y Francia, el próximo enemigo, cuenta con cuatro entre los veinte primeros del mundo, número que llega hasta ocho si hablamos de los cien primeros
El presente está asegurado. La preocupación en la Federación que preside José Luis Escañuela, es la de dar continuidad al éxito. La aparición de talentos con vocación de número uno parece que se ha frenado. El objetivo de la Federación debe ser recuperar esa dinámica porque equipo hay, tal y como se demuestra año tras año.