Las consecuencias de la política energética

El precio de la luz y el gas en España ha subido el doble que en Europa desde 2007

Los hogares españoles tienen la segunda factura energética más cara de Europa. Desde 2007 el precio de la electricidad se ha disparado un 63% y el del gas un 48%

Foto: Fabra, Soria Y Margallo en las instalaciones de Castor en el año 2013
Fabra, Soria Y Margallo en las instalaciones de Castor en el año 2013

El inicio del mes de mayo ha sido aciago para el sistema energético español. Primero fue la noticia de que el Gobierno no reabrirá el almacén de gas natural Castor debido al riesgo de sismicidad que provocaría y después llegó la sentencia del Banco Mundial que determina que el recorte de las primas a las renovables fue “excesivo” y ahora toca indemnizar a los afectados (está por ver a cuántos). Dos casos que son consecuencia de la política energética aplicada en España en la última década y que hacen temblar a los consumidores con nuevas subidas en sus facturas.

Ningún responsable político ha asumido los errores de planificación energética seguidos por España, pero las consecuencias las pagan cada mes los hogares. Desde el año 2007 (primer ejercicio comparable para el que Eurostat arroja datos), el precio de la luz y el gas ha subido el doble que en Europa. El resultado es que los consumidores españoles son los segundos que más pagan de la Unión Europea en su factura energética. Sólo Portugal le sale la cuenta más cara.

Los últimos datos de la oficina de estadísticas europea, actualizados el lunes y correspondientes al segundo semestre de 2016, reflejan la situación. Desde 2007, el precio del kilovatio-hora de electricidad que pagan los hogares españoles ha subido un 63%, mientras que en la eurozona lo hizo un 35% y en la Unión Europea, un 31%. Ese año 2007, fue clave para el mercado eléctrico español, ya que fue cuando el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero introdujo las principales reformas en las renovables que acabaron provocando la burbuja fotovoltaica.

En la época de Zapatero, la tutela económica se la repartieron Pedro Solbes y Elena Salgado, dos vicepresidentes económicos que años después acabaron recalando en la italiana Enel. Solbes fichó en 2011 como consejero. Dos años antes, el propio Solbes avaló la compra de Endesa por parte de la italiana, en un momento en el que pugnaba con E.On y Gas Natural por controlar a la española.

En los últimos días, Enel ha vuelto a estar rodeada de polémica, ya que ha sido señalada por el actual ministro de Energía, Álvaro Nadal, por considerar que invierte poco en España, mientras los precios siguen subiendo. Por su parte, Salgado fichó como consejera de Chilectra, filial chilena de Endesa, a su vez es filial de Enel.

La factura del gas tampoco ha dado respiro a los hogares. Desde 2007, el precio que pagan los consumidores por kilovatio-hora se ha elevado un 48%. En este mismo periodo, el precio subió un 20% en la eurozona y un 24% en la Unión Europea. Esta subida ha estado influida por el proyecto Castor, una decisión estratégica del Gobierno de Zapatero con el que se pretendía mantener los precios bajos y combatir situaciones de carestía en el mercado internacional. En ese momento, la factura del gas de los hogares españoles era un 3% inferior a la media de la zona euro, ahora es un 19% más cara.

El proyecto Castor ha sido un fracaso y, pese a que el Ministerio de Energía ha determinado que no se volverá a inyectar gas, los consumidores españoles tendrán que seguir pagando 80 millones de euros anuales hasta 2044 en su factura energética. Es la consecuencia de la cláusula que incorporó el Gobierno en 2008 y que prometía a la empresa concesionaria Escal, participada en un 66,7% por ACS y en un 30% por la canadiense CLP, que cobraría todo el proyecto bajo cualquier circunstancia.

A la deriva

Las instalaciones abandonadas de Castor o los huertos solares desmantelados son las ‘cicatrices’ visibles de la política energética de España que todavía sigue pagando el consumidor. En el caso de la factura del gas, los hogares españoles son los segundos que más pagan de toda la Unión Europea, según los datos de Eurostat. El precio de cada 100 kilovatios-hora cuesta 8,6 euros (para un nivel de consumo anual en línea con la media). Sólo Suecia paga un precio superior por su gas: 11,5 euros. El precio medio de la Unión Europea es de 6,4 euros, un 26% inferior, y el de la eurozona es de 7,2 euros, un 16% menos.

Si el precio se ajusta en paridad de poder adquisitivo, esto es, en comparación con el precio del resto de productos y servicios de cada país, España sería también el segundo de la Unión, aunque sólo superado por Portugal.

El gas que pagan los consumidores españoles se ha encarecido un 48% desde el año 2007. Sólo hay dos países en los que los precios hayan subido más rápido: Lituania, con un 65%, y República Checa, con un 56%. Sin embargo, otros países han conseguido mantener los precios mucho más estables. En el conjunto de la Unión han subido un 25% y en la eurozona un 20%, menos de la mitad que en España.

Tampoco la factura eléctrica ha dado respiro a los hogares. Desde 2007, el precio se ha disparado un 63%. Sólo en Letonia y en Grecia ha subido más, con un 122% y un 73% más, respectivamente. Por el contrario, en la zona euro ha subido un 35% y en la Unión Europea un 31%, menos de la mitad.

Uno de los principales problemas de España es la baja inversión realizada por los distintos gobiernos en mejorar la interconexión con el resto del continente. El último informe publicado por la Comisión Europea en febrero sobre la situación de la energía señala a España como el único país de la Unión que todavía no habrá conseguido el 10% de conexión con sus socios para 2020. Esto convierte a España en una ‘isla’ a merced de la evolución de los precios en el mercado doméstico controlado por un puñado de operadoras.

A eso se le une un gas caro que repercute en la producción dentro del país y que muestra cómo la política energética se retroalimenta. El resultado es que la luz en España es la séptima más cara de la UE, con un precio de 22,8 euros por cada 100 kWh. El país más caro es Dinamarca, donde la factura alcanza los 30,8 euros. La media de la eurozona está en 22 euros y la de la Unión, en 20,5 euros. Peor es el resultado si se ajusta por paridad de poder adquisitivo, ya que en este caso la factura en España es la cuarta peor de toda la UE, sólo superada por la de Portugal, Bélgica y Alemania.

¿Demasiados impuestos?

Habitualmente, se achaca al Gobierno que los problemas de los precios del gas y de la electricidad se deben a los elevados impuestos. Es cierto que suben la factura, pero no es el problema diferencial, ya que en el resto del continente se da una situación similar. Eurostat calcula el precio que pagan los hogares excluyendo los gravámenes de forma homogénea, lo que permite comparar cuánto cuesta sólo el producto que se consume.

Según estos cálculos de la oficina europea, los impuestos suponen en torno a un 20% de la factura en España del gas, mientras que en la eurozona alcanzan el 31%. Desde el año 2007 el precio del gas sin tributos ha subido un 37%, mientras que el de la zona euro se ha incrementado un 13%. En el caso de la electricidad, el precio con impuestos ha subido un 63% y sin impuestos, un 56%. Los costes fijos, que la UE no excluye del cálculo de los impuestos, sí son una buena parte del problema y son consecuencia de la política económica seguida en las últimas dos décadas.

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