306 VOTOS FRENTE A 289 LE DAN LA VICTORIA

El nuevo líder de UGT tenderá "puentes" para que España y Cataluña "se entiendan"

Josep Maria Álvarez, hasta ahora responsable de Cataluña, será el nuevo secretario general del sindicato. Su triunfo ha sido agónico al filo de las seis de la mañana.
Foto: Josep Maria Álvarez, nuevo secretario general de UGT. (EFE)
Josep Maria Álvarez, nuevo secretario general de UGT. (EFE)

Paradojas de la vida. Cuando el nuevo secretario general de UGT, Josep Maria Álvarez (Belmonte de Miranda -Asturias- 1956), era un curtido sindicalista, su oponente, Miguel Ángel Cilleros, era un joven operario del taller de reparaciones de Renfe, en Villaverde (Madrid). Este sábado, sin embargo, y ya muy cerca de las seis de la mañana y en medio de una gran tensión, la veteranía se ha impuesto por 306 votos contra 289. Y lo que es muy relevante, el sindicato ha quedado prácticamente partido en dos en torno al gran asunto del 42 Congreso: el respaldo de UGT al 'derecho a decidir', como reivindica el hasta ahora secretario general en Cataluña.

El propio Méndez se encargó de descalificar esa opción en su discurso de despedida, y era la gran baza para sacar adelante a su candidato, Cilleros. No lo ha logrado. Probablemente, porque Álvarez tiene ya algo más que el colmillo retorcido en las luchas sindicales y sabe cómo preparar el asalto al poder, al contrario que Cilleros, con un perfil bajo dentro del sindicato. Basta recordar que Álvarez, en otro tiempo, se convirtió en el aliado de Nicolás Redondo para desbancar a la poderosa Federación del Metal, entonces dirigida por Antonio Puerta, un 'felipista' de toda la vida.

Corrían los primeros meses de 1988 y aquel Congreso celebrado en Barcelona acabó como el rosario de la aurora. No es una licencia literaria. Varios 'compañeros del metal' resultaron heridos por distintas agresiones de otros militantes de UGT, y el Congreso, ni que decir tiene, fue suspendido en medio del escándalo. Una comisión gestora dirigió el sindicato.

Fue un auténtico golpe de mano de la dirección confederal, entonces a la greña con el PSOE. Y aquel clima de enfrentamiento entronizó a Álvarez (por entonces con responsabilidades políticas en el PSC). Primero, como secretario de Organización, y después como secretario general de UGT en Cataluña (donde ha permanecido 26 años), y esos nombramientos han marcado en buena medida el devenir del sindicato. Y, en cierta medida, el Congreso que este sábado se clausura con la intervención del nuevo secretario general.

Miguel Ángel Cilleros, Cándido Méndez y Josep María Álvarez (d). (EC)
Miguel Ángel Cilleros, Cándido Méndez y Josep María Álvarez (d). (EC)

Como consecuencia de aquella operación, que incluso supuso la financiación del traslado de avezados metalúrgicos desde Asturias a Barcelona para reventar el Congreso, se pudo convocar la célebre huelga general del 14-D, como reconoció en su día a este periódico Manuel Fernández Lito, lider del metal de UGT.

Lo curioso es que casi tres décadas después, Álvarez, pero ahora en contra de la opinión de la ejecutiva confederal, ha tomado el relevo de Cándido Méndez, quien en su despedida logró el 97,5% del respaldo de los casi 600 delegados. Y por primera vez, la federación del metal (que incluye a la construcción y a las industrias afines) ha ganado tras las derrotas que sufrieron en su día Puerta y Fernández Lito. A la tercera ha ido la vencida.

Pero en esta ocasión hay un factor nuevo: el debate territorial ha entrado de lleno, por primera vez, en un Congreso sindical. Pepe Álvarez representa el acercamiento al 'derecho a decidir', como sugirió Méndez en su discurso ante el Congreso. Bien visto por el nacionalismo, ha logrado sin embargo, el respaldo de federaciones importantes como la de servicios públicos, mientras que a Cilleros le han apoyado, además del aparato, los territorios.

Su victoria, aunque corta, tiene más importancia si se tiene en cuenta que la Ejecutiva saliente puso toda la carne en el asador para evitar una derrota, lo que explica que en la lista de Cilleros se incluyeran pesos pesados del sindicato, como Toni Ferrer, exsecretario de Acción Sindical, y Marisa Rufino. El caso de Ferrer es el más significativo porque estaba de salida (tenía ya lista su reincorporación a Iberdrola en las próximas semanas), pero en aras de garantizar la continuidad del sindicato sin aventuras secesionistas, aceptó continuar algún tiempo más al frente del área de mayor influencia.

Ahora Álvarez, prejubilado de la antigua Maquinista Terrestre y Marítima (ahora Alsthom), recoge el testigo de un sindicato muy fragmentado que se adentra en un terreno desconocido, toda vez que la cuestión catalana pesará de forma relevante durante su mandato. Aunque también, como es obvio, la política nacional. Y su primer mensaje ha sido muy claro: "A las cortes quiero decirles que se pongan a trabajar para que la mayoría de izquierda que hay comience a promover iniciativas".

"Un paso positivo para que este país se entienda"

El flamante secretario general de UGT no ha tardado en sentar esas dos bases de lo que será su gestión. Poco antes de que comenzara el acto de clausura del 42 Congreso Confederal del sindicato, Álvarez ha considerado en declaraciones a los medios que con su elección "el sindicato ha dado un paso extraordinariamente positivo para que este país se entienda" y se ha comprometido a aprovechar su liderazgo para que España y Cataluña tiendan "puentes". No obstante, ha dicho, lo importante es responder a las necesidades de los trabajadores.

En su primer discurso, Álvarez pidió que la mayoría de izquierdas que hay en el Parlamento "se deje de tonterías y se ponga a trabajar" y exigió que lo haga derogando la reforma laboral, dejándose de eufemismos y restituyendo las leyes y los derechos perdidos. En su primera intervención, anotó que "eufemismos aparte" si los sindicatos van a una negociación con la patronal con la actual legislación, "no vamos a ser capaces de levantar cabeza".

El nuevo líder de UGT tenderá "puentes" para que España y Cataluña "se entiendan"

Álvarez ha insistido en que actualmente no se dan las condiciones de equilibrio que permitan negociar con resultados positivos. "No es un capricho pedir derogar la reforma laboral. Lo podemos hacer", ha asegurado, al tiempo que ha acusado a la patronal de haber olvidado los compromisos adquiridos con los sindicatos en cuanto llego el Gobierno del PP.

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