se frena la deslocalización de las fábricas

España vuelve a ser un país competitivo en el sector textil con el Tercer Mundo

El proceso de deslocalización de la industria textil hacia países con menores costes, se ha frenado. Así lo reflejan los datos de Industria. España, de hecho, ha mantenido su cuota de mercado

Foto: Gráfico con los datos de Textil y Confección. (Ministerio de Industria)
Gráfico con los datos de Textil y Confección. (Ministerio de Industria)

El proceso de deslocalización en el sector textil ha acabado. Al menos, por el momento. Eso es lo que expresan los últimos datos que maneja el Ministerio de Industria, que ha estimado que el número de empresas textiles radicadas en España –que facturan alrededor del 1% del PIB en conjunto– ha vuelto a crecer de forma muy significativa. Nada menos que un 80% en 2013 respecto del año anterior. Y lo que no es menos relevante. Tanto el valor de la producción como el empleo han vuelto a aumentar.

Se pone de esta manera fin a una sangría constante que se arrastraba prácticamente desde los años 80 y 90, y que llegó a tocar techo en los primeros años 2000, cuando muchas fábricas trasladaron sus plantas a los países emergentes –sudeste asiático, Marruecos o Turquía– para poder competir aprovechando los bajos salarios existentes. Un par de datos lo acreditan. En el año 2000, el número de empresas del sector textil representaba el 11,8% del total de la industria (por encima de la media de la UE), pero en 2013 ya había bajado hasta el 8,5% (por debajo de la Unión Europea).

Los datos más recientes cambian de forma radical esa tendencia. En 2012, el número de empresas relacionadas con el sector textil ascendía a 8.238, pero un año después (últimos datos publicados) había crecido hasta las 14.814. Por lo tanto, el censo de empresas del sector textil y la confección ha crecido en 6.576 en apenas un año. No sucede lo mismo en la Unión Europea. Las últimas cifras (año 2014) muestran un descenso del 0,9% en el número de empresas textiles en el conjunto de la región, si bien con un ligero aumento de la facturación (2,4%).

El Centro de Información Textil y de la Confección (CITYC) –dependiente del Consejo Intertextil– matiza, sin embargo, este aumento, que achaca a un cambio metodológico. El Ministerio de Industria ha comenzado a contabilizar las empresas sin asalariados, lo que explicaría el súbito incremento. Según sus datos, el año pasado 8.005 sociedades estaban inscritas en el censo de empresas textiles, lo que supone 2.400 menos que en 2010. O 466 compañías menos si se comparan los datos de 2014 con el año anterior.

El CITYC, sin embargo, admite que el proceso de deslocalización se ha frenado, y que, incluso, en determinadas ocasiones empresas españolas –con un tamaño muy pequeño como regla general: 5 empleados– están volviendo a invertir y producir en España. De hecho, la facturación ha crecido hasta los 10.371 millones de euros, lo que representa un incremento del 3,2% respecto del año anterior.

Para hacerse una idea de lo que supone esta cifra hay que tener en cuenta que se han recuperado, según Industria, niveles de 2005 en cuanto a número de empresas. Los datos del Gobierno, en todo caso, no tienen nada que ver con la evolución de las empresas que distribuyen o comercializan ropa y confección, sino que se contabiliza únicamente a las que son capaces de producir en sus distintas fases.Y lo que reflejan los datos de comercio es un fuerte aumento de las importaciones textiles (hasta los 16.003 millones en 2014), lo que sugiere que en muchos casos las empresas estarían comprando mercancía en países de bajos costes que posteriormente se confecciona en España para generar mayor valor añadido.. 

Cuota de España en las exportacionesmundiales de Textil y confección. (Ministerio de Industria)
Cuota de España en las exportacionesmundiales de Textil y confección. (Ministerio de Industria)

El avance, igualmente, no puede relacionarse únicamente con la mejora de la actividad económica. Ni siquiera por la enorme sensibilidad (efecto arrastre) de la producción respecto de un incremento de la demanda final. Lo pone de manifiesto un hecho. Entre el año 2000 y el 2005, en plena fiebre por la deslocalización de instalaciones en busca de bajos costes, el número de empresas relacionadas con la industria textil cayó casi un 23% (cerraron más de 4.000 empresas). Ahora, el número está aumentando. O, al menos, se habría estabilizado, según el Consejo Intertextil con una suave tendencia a la baja.

Competencia salarial

Detrás de este comportamiento se encuentra la contención de los salarios, que, en el sector textil, como en otras ramas de la producción, han descendido en términos reales. El sector textil y de la confección es, de hecho, el más sensible ante la evolución de los salarios, por encima del resto de los sectores productivos, según los datos de Industria. Es decir, los precios son muy sensibles a la evolución de las nóminas. Los costes energéticos, por el contrario, son poco relevantes en relación a otros sectores.

Según las cifras del Ministerio de Industria, la remuneración por asalariado (26.200 euros brutos al año de media) es la más baja del conjunto de la industria, lo que permite mejorar la competitividad de las plantas españolas vía salarios. Un obrero textil, por ejemplo, ingresa al año la tercera parte que uno vinculado al refino o a la energía eléctrica, que son los sectores con retribuciones más altas dentro de la industria gracias a su productividad (81.500 euros en el primer caso y 78.500 en el segundo).

Otra dato pone de manifiesto la recuperación del textil y la confección. Según Industria, la cuota de España en las exportaciones mundiales ha aumentado desde el 1,8% de 2003 al 2% en 2013. Un hecho verdaderamente relevante, habida cuenta de la competencia de los países emergentes con costes muy bajos, no sólo salariales, sino también energéticos o medioambientales. La Unión Europea continúa siendo el principal socio comercial español para el sector, con porcentajes del 63,4% en las exportaciones y del 41,4% en las importaciones.

La contención salarial, lógicamente, no es la única causa de la mejora de la competitividad española. Entre otras cosas, porque los costes en los países emergentes siguen siendo bastante más bajos.

Pondera, igualmente, el tipo de cambio. Muchas monedas de naciones productoras como Turquía o China están ancladas al dólar, por lo que la apreciación del 'billete verde' encarece los costes. De la misma manera, una parte de la producción se estaría “repatriando” hacia España, sobre todo en lo que en el sector se denominan series cortas, que generan mayor valor añadido que las largas. Influye también de forma determinante el hecho de que en algunos países (como China) están ya aumentando los salarios (todavía situados en niveles muy bajos frente a los europeos), además de los aranceles y el transporte, lo que facilita un camino a la inversa respecto de lo que ha sucedido en los últimos años.

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