EL DEFLACTOR DE LA ECONOMÍA SE HUNDE

La economía entra en riesgo de deflación con una caída generalizada de los precios

La sombra de la deflación vuelve a dibujarse sobre la economía española. El último dato que lo revela es el IPRIX: descenso del 2,8% en términos interanuales

Foto: La economía entra en riesgo de deflación con una caída generalizada de los precios

La sombra de la deflación -la caída generalizada de los precios- vuelve a dibujarse sobre la economía española. El último dato que lo revela es el Índice de Precios de la Exportación (IPRIX), que señala un descenso del 2,8% en términos interanuales. Hay que remontarse a octubre de 2009 -el año de la Gran Recesión- para encontrar un retroceso tan brusco de los precios de las exportaciones españolas.  

No es, desde luego, el único indicador. El avance del Índice de Precios de Consumo (IPC) de octubre mostró un descenso del 0,1%. También hay que remontarse al año de la gran contracción de la economía -cuando la depresión del consumo privado hundió los precios- para encontrar un registro parecido.

Otro indicador de precios acaba de señalar la misma dirección. La tasa anual del Índice de Precios Industriales (IPRI) se situó en septiembre en el 0,1%, lo que refleja claramente la contención de la demanda interna. La tasa anual del Índice de Precios de la Vivienda, igualmente, reflejó en el segundo trimestre del año una caída del 12%, abundando, de esta manera, en un descenso de los precios inmobiliarios, en particular en las zonas con menor presión de la demanda.

No se trata, en todo caso, de un fenómeno nuevo en la economía española. Desde el estallido de la burbuja inmobiliaria y la consiguiente caída del crédito, la economía ha coqueteado con la deflación. Hasta el extremo de que el deflactor del PIB se situó en 2009 y 2010 en un 0,08%; en 2011, se redujo hasta el 0,02%, mientras que en 2012, por primera vez desde que existen series históricas, retrocedió un 0,01%, lo que significa lisa y llanamente que la economía entró en zona de deflación.   

Respecto de lo que está sucediendo en 2013, los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran que el deflactor del PIB avanza un 0,7%, pero con una tendencia descendente que todavía no recoge la información más reciente sobre la trayectoria de los precios.

El resultado de esta evolución es que el PIB nominal (con inflación) todavía se sitúa en niveles de 2005 (1,029 billones de euros), lo cual compromete  la reducción tanto del déficit como de la deuda, ya que la comparación se hace respecto del PIB en términos corrientes (incorporando los precios).

Un círculo vicioso

El deflactor del PIB es la mejor manera de conocer la inflación que soporta una economía debido a que recoge toda la información, y no sólo la que aporta del IPC, que suele ser la más utilizada pero que sólo incorpora los bienes de consumo. Para su cálculo se tienen en cuenta, además de los precios que paga el consumidor (IPC), los precios industriales (IPRI), el valor de las importaciones y las exportaciones (IPRIX), los precios y costes de la industria de la construcción o incluso los precios pagados y percibidos por los agricultores. Se trata, por lo tanto, del indicador que mejor refleja la evolución de los precios.

El riego de deflación -que ha tenido en Japón su máxima expresión en las últimas dos décadas- es real, y determina la orientación de la política económica y monetaria. Y como recuerdan en su último análisis los expertos de Capital Economics, un gabinete de coyuntura con sede en Londres, la situación pone la pelota en el tejado del BCE, que es a quien le corresponde actuar para esquivar ese riesgo. Sobre todo cuando la inflación (medida en términos de los IPC nacionales- ha caído en octubre hasta el 0,7%, la tasa más baja en cuatro años. “Hay buenas razones por las que el BCE debería estar preocupado por la deflación en la eurozona”, aseguran sus analistas.

Los economistas de Capital Economics reconocen que la deflación es buena para ganar competitividad (sobre todo tras la apreciación del euro), pero también recuerdan que en 2009 (con una caída brutal de la demanda interna) el gasto de los hogares se desaceleró ante una caída general de precios.

Esta aparente paradoja se debe a que los agentes económicos retrasan sus decisiones de gasto, toda vez que están convencidos de que los precios en el futuro tenderán a bajar. Se genera, de esta manera, una especie de círculo vicioso: los precios caen porque no hay demanda y la demanda retrocede, precisamente, porque hay expectativas de que los precios seguirán bajando. El mercado inmobiliario es un ejemplo clásico en este tipo de procesos económicos: merece la pena esperar porque los precios bajarán.

El problema es la respuesta que puede dar el BCE a este tipo de fenómenos. En particular, por el hecho de que su política monetaria es tan expansiva que está próxima a cero (el tipo de intervención está al 0,5%). Y una nueva rebaja tendría efectos muy limitados sobre las decisiones de compra de los agentes económicos. El único instrumento que se pondría poner en marcha es una nueva ronda de liquidez para incentivar el consumo. Los gobiernos nacionales, por su parte, cuentan con la posibilidad de aumentar la liquidez vía bajada de impuestos para que pueda crecer la renta disponible de las familias.

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