La rotura de la presa de Ribadelago (Zamora) en 1959 provocó 144 muertes, la de Tous (Valencia) dejó treinta muertos y más de 300.000 personas perdieron su casa en 1982 y el desastre de Aznalcóllar en 1998 dejó un vertido de residuos tóxicos en Doñana. “No todo el mundo puede operar un corazón, tampoco todos los profesionales están capacitados para construir una presa”: el argumento de la seguridad y la responsabilidad es el que usa el Colegio de Ingenieros de Caminos para defender que se mantenga la obligatoriedad de colegiarse, que desaparecerá con la nueva Ley de Servicios profesionales.

El anteproyecto aprobado este mes ha provocado un rechazo generalizado entre ingenieros y arquitectos porque pierden la exclusividad de su actividad. El Colegio de Ingenieros de Caminos asegura que continuará la ‘batalla’ con Economía hasta que dé su brazo a torcer sobre la necesidad de colegiarse. Tienen un año por delante -la norma tardará por lo menos ese tiempo en tramitarse- y esperan convencer al Ejecutivo para mantener sus privilegios profesionales.

“La razón que da el Gobierno para este cambio es que lo impone Bruselas para ganar en competitividad. Pero la obligatoriedad de colegiarse no resta competitividad a las empresas;de hecho, las constructoras españolas, que tienen a cargo de sus proyectos en la mayoría de los casos a ingenieros colegiados, son de las más competitivas del mundo”, destaca Rafael Serrano, asesor de comunicación del colegio. El argumento que les ha dado el Ministerio de Economía es “discutible”, además, porque “la mayoría de los países europeos, como Alemania, Francia o Reino Unido, sí imponen este tipo de control”, añade Serrano. En los países del este de Europa estas profesiones están menos reguladas.

¿Colegiación implica más seguridad?

Por otra parte, una de las “grandes ventajas que ofrece colegiarse es el seguro de responsabilidad civil”, afirma Serrano. Los ingenieros tienen un seguro colectivo que se hace responsable de las obras en España y de algunas en el extranjero -las llevadas a cabo por compañías españolas-. “Si el ingeniero no se colegiase y tuviese que contratar uno individual, le saldría mucho más caro”, asegura. El seguro está incluido dentro de la cuota del colegio, que se sitúa, de media, en los 270 euros, señala.

La obligatoriedad de colegiarse no resta competitividad a las empresas; de hecho, las constructoras españolas son de las más competitivas del mundoLos colegios profesionales son corporaciones de derecho público con personalidad jurídica propia que representan en exclusiva a sus miembros y velan por la ordenación del ejercicio de las profesiones. Entre los propios profesionales de sectores donde la colegiación es obligatoria, de momento, existen también detractores, que critican a estos órganos por ser excesivamente caros y de establecer cuotas para el acceso al ejercicio profesional de su sector. Para quienes se oponen al poder de los colegios, la universidad con la concesión del título capacitaría al profesional para ejercer y el Estado podría regular las cuestiones que se refieren a la seguridad.

El rechazo al proyecto del Gobierno no se limita a ingenieros y arquitectos, los abogados también rechazan una propuesta que “perjudicaría a los ciudadanos”, al dividir la profesión entre abogado y asesor jurídico, que no necesitaría colegiación. Los abogados de las empresas no necesitarían colegiarse, solo tendrían que hacerlo aquellos que fueran a asistir a juicios. Con la nueva ley, sólo las profesiones sanitarias, las del ámbito judicial y las técnicas que exijan visados mantendrán la obligación de pertenecer a un colegio profesional.  

Arquitectos en pie de guerra por su parcela

Por otro lado, los ingenieros sí salen ganando en algo con este proyecto de ley que tanta polémica ha suscitado: se les permite firmar proyectos de edificios, como a los arquitectos, algo que estos últimos rechazan de pleno y enfrenta a ambos colectivos. Los arquitectos consideran que el hecho de que los ingenieros puedan proyectar y dirigir todo tipo de edificios es una “incalificable agresión para la Arquitectura”, como destaca el Colegio de Murcia.

Estudio de arquitectura. (EFE)Estudio de arquitectura. (EFE)El problema de los arquitectos es que quedan en inferioridad de condiciones a la hora de encontrar trabajo: “Los ingenieros tienen más competencias técnicas que nosotros y tienen más salidas profesionales. A los arquitectos nos sacas de edificios y urbanismo y no sabemos hacer nada, mientras que ellos pueden hacer obra pública. Nos quitarían puestos de trabajo que ahora sólo pueden desarrollar los arquitectos, pero nosotros no podríamos competir para construir, por ejemplo, una presa”, explica un arquitecto madrileño.

Los datos del Sindicato de Arquitectos sitúan el paro entre los profesionales de este sector por encima del 30% -es una de las profesiones con una tasa más alta, de acuerdo con la EPA de 2012, que lo situaban en el 25%-. El desempleo entre los ingenieros es menor, de aproximadamente el 10-12%, según las cifras que maneja el colegio.

Los ingenieros argumentan que, de hecho, en muchos proyectos el diseño lo hace, efectivamente, un arquitecto, pero de la ejecución y el cálculo de estructuras se encarga un ya un ingeniero, ydefienden que están perfectamente capacitados para responsabilizarse de la obra.

El Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España criticó el anteproyecto de ley el mismo día en que fue aprobado por el Consejo de Ministros. Según su análisis, la propuesta de Economía “no responde, en el caso de la arquitectura, a recomendaciones europeas” y, además, pone fin al “actual sistema de garantías a los ciudadanos en cuestiones fundamentales como la seguridad en el uso de las edificaciones”. Los arquitectos, como los ingenieros, prometen seguir luchando por mantener su statu quo profesional.