LOS ORÍGENES DEL ESCÁNDALO

Los culpables del engaño de las preferentes: el BdE las incentivó y la CNMV las toleró

Estamos a finales de 2008. La quiebra de Lehman Brothers ha provocado el hundimiento de la banca mundial. Casi todas las grandes entidades norteamericanas y europeas
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Los culpables del engaño de las preferentes: el BdE las incentivó y la CNMV las toleró
Estamos a finales de 2008. La quiebra de Lehman Brothers ha provocado el hundimiento de la banca mundial. Casi todas las grandes entidades norteamericanas y europeas están siendo nacionalizadas. Se crea el G20 -al que España accede por caridad-, que establece que los bancos tienen que reforzar sus niveles de capital para evitar que esto se repita (el capital sirve para hacer frente a las pérdidas inesperadas). En medio de un derrumbe histórico de las bolsas, ampliar capital en mercado es imposible. Las cajas de ahorros directamente no pueden porque no tienen acciones. Y el Gobierno socialista se niega en redondo a inyectar dinero público como los demás países. ¿Cómo hacerlo entonces? La solución se llama participaciones preferentes. Un producto parecido a un bono pero que computa como fondos propios, entre otras cosas porque es perpetuo.

Pero hay un problema. Tal como está el mercado, gente como Goldman Sachs o Merrill Lynch tienen que pagar el 13% de interés para colocarlas entre inversores institucionales. Los bancos españoles no quieren asumir esos costes por el fuerte impacto que tendría en sus resultados. Por tanto, hay que vendérselas a alguien que no pida tanto porque desconozca el producto. ¿A quién? Pues al cliente minorista de la red. Es proverbial la capacidad de la banca española para colocar lo que sea en sus redes -incluso acciones de Terra o cuotas participativas de la CAM- y, como dijo un veterano periodista hace mucho, "el minorista se lo traga todo".

Algunos medios dan la voz de alarma: los bancos están vendiendo preferentes un 70% más caras de lo que valen en mercadoDicho y hecho. Eso sí, para que entren hay que ofrecerles una rentabilidad con la que los ojos les hagan chiribitas. Un 8%, un 7%... Incluso menos: Botín, siempre a la cabeza, las coloca al 5,75%, y sólo durante el primer año. En todo caso, muy por encima del 3,5% que dan como mucho los depósitos después de la bajada radical de tipos adoptada por el BCE. Y muy por debajo de lo que piden los institucionales por comprar estos títulos... pero eso los particulares no lo saben.

MAFO: reforzar el capital como sea

El Banco de España, gobernado por  Miguel Ángel Fernández Ordóñez, no pone ninguna pega. Es más, lo incentiva: la prioridad es recapitalizarse como sea, para que nadie pueda desmentir la famosa frase de Zapatero: "España tiene el sistema financiero más sólido del mundo". Y más cuando empiezan a ver las orejas al lobo de la que se nos venía encima por los excesos del ladrillo, algo de lo que avisan alarmados los inspectores y que culmina en la intervención de CCM en marzo de 2009. Que se las vendan a quien sea, pero que refuercen sus ratios. Todas las entidades españolas tocan a rebato y ponen a sus oficinas a vender preferentes (o subordinada, que es casi lo mismo) a toda máquina. Es la prioridad absoluta. Que no se venda un depósito ni un fondo. Todo preferentes. Y efectivamente, el minorista entra al trapo en masa. Jóvenes y ancianos, con formación o sin ella, ricos y pobres... Y, muchos de ellos, con los ahorros de su vida.

A alguno le escama tanta rentabilidad por un producto similar a un depósito. "¿Pero esto no tendrá riesgo?". El director de oficina le tranquiliza: "En absoluto, puede estar usted tranquilo. Bueno, hombre, si quiebra el banco/la caja... pero tendría que acabarse el mundo para que eso pasara, con lo solventes que somos. Y si pasa, le va a dar igual estar en preferentes que en cualquier otra cosa". Cuenta con la ventaja imbatible de la confianza ciega que tiene la mayoría de los clientes en él para que le guíe en el complejo mundo de las finanzas. Así que el cliente firma. Y él añade unos cuantos euros más a su bonus, ligado al volumen que coloque de preferentes.

Algunos medios, con El Confidencial a la cabeza, dan la voz de alarma: los bancos están vendiendo preferentes un 70% más caras de lo que valen en mercado. O lo que es lo mismo, en el momento en que sale de la surcursal, el cliente ya ha perdido el 70% de su inversión. Este desplome se debe a que los bancos han roto el pacto tácito por el que históricamente recompraban estos títulos a los 5 ó 10 años, aunque no era obligatorio. Deutsche Bank ha quebrado ese principio y Sabadell ha seguido sus pasos en España. Lo que era una inversión con un horizonte temporal definido se ha convertido en perpetua. Y, lógicamente, vale mucho menos. Rizando el rizo, algunos bancos aprovechan ese desplome para recomprarlas a los institucionales en mercado mientras las colocan a precio de oro en la red.

La CNMV, tarde, mal y nunca

Ante esta situación, la CNMV que preside Julio Segura decide por fin tomar cartas en el asunto. En abril cuelga en su página web una advertencia en la que alerta de este sobreprecio y de los demás riesgos de estos productos: "Se trata de un instrumento complejo y de riesgo elevado que puede generar rentabilidad, pero también pérdidas en el capital invertido". Además, "tienen carácter perpetuo y su rentabilidad, generalmente de carácter variable, no está garantizada". Y para rematarlo, "su liquidez es limitada, por lo que no siempre es fácil deshacer la inversión". A buenas horas, cuando casi todo el mundo ha colocado ya sus emisiones.

En cualquier caso, las entidades no hacen ningún caso a Segura y siguen colocando preferentes tranquilamente. Y entonces llega el big one: la colocación de 3.000 millones de Caja Madrid, la mayor de la historia para minoristas. Segura se implica un poco más y obliga a las entidades a pagar un cupón más alto, pero a años luz del que piden los profesionales; por ejemplo, Caja Madrid tiene que dar sólo el 7%. Y a los que no le obedecen, les pone una advertencia en el folleto de la emisión que reza que "no puede asegurarse que la contraprestación ofrecida a los suscriptores del producto incorpore adecuadamente todas las variables a considerar en la valoración de una emisión de esta naturaleza".
 
Aparte de la escasa claridad de este lenguaje políticamente correcto para avisar a los ahorradores de que les están vendiendo duros a seis pesetas, ¿cuántos clientes que compran unas preferentes porque se las venden en su oficina como alternativa a un depósito se leen el folleto registrado en la CNMV? Ninguno. Pero la CNMV no se atreve a llegar más lejos, aunque podría negar el visto bueno a estos folletos e impedir su comercialización. La crisis bancaria ha comenzado y es más urgente que nunca recapitalizar las entidades para el Banco de España. El ministro de Economía, Pedro Solbes, está de salida y este asunto le resbala: dimite en abril. Su sucesora, Elena Salgado, se dedica a anunciar "brotes verdes".

El edificio se viene abajo

Una vez que están todas las preferentes vendidas, el sistema financiero se viene abajo definitivamente y se acomete una reforma financiera detrás de otra, todas igual de inservibles: el FROB1, el FROB2, los SIP (fusiones frías), las fusiones calientes, el aumento de requisitos de capital, el striptease de las exposición inmobiliaria, las intervenciones de CajaSur, CAM y Banco de Valencia, las OPV de Bankia y Banca Cívica, las nacionalizaciones de NovaGalicia, CatalunyaCaixa, Unnim y, ya en mayo de 2012, la propia Bankia, las subastas con garantías estratosféricas, la destitución de los responsables de las cajas quebradas -con indemnizaciones millonarias-, los Decretos de Guindos para provisionar el ladrillo, etc. Todo ello culmina en la petición de rescate a Bruselas en junio del año pasado por 100.000 millones, que finalmente se quedan en 40.000... de momento.
 
Cuando ya están en caída libre, algunas entidades llegan aún más lejos y montan un mercadillo de preferentes para recomprárselas a sus clientes VIP y vendérselas a los menos VIP a un precio muy superior al de mercado, para que los primeros no pierdan a costa de los segundos. Se trata de Bancaja y Caja Madrid (Bankia), según un informe de la CNMV que ha revelado esta semana el periódico Expansión. Hechos de 2010 que se descubren en 2013. La CNMV sigue a lo suyo. 

Lo más patético de todo es que las nuevas normas de solvencia impulsadas por el G20 decretan que sólo cuenta el capital de mayor calidad (el core capital), es decir, las acciones puras y duras. Dicho de otra forma: las preferentes españolas no valen para nada. A finales de 2011, los bancos sanos se lanzan a canjearlas por acciones a los clientes que las compraron en 2009. Éstos, que ya saben que sus títulos son ilíquidos y que si los venden en mercado pierden hasta la camisa, acuden masivamente a los canjes. Esta vez sí se tiene más cuidado y se ofrecen condiciones que permiten recuperar la inversión inicial, o casi. Pero claro, está el riesgo bursátil: los que mantienen esas acciones en vez de venderlas inmediatamente pierden bastante por la caída masiva de los bancos en bolsa en 2012.

Compartir la carga de la quiebra

El problema está en la banca nacionalizada. Entre las contrapartidas del rescate, Bruselas impone que los tenedores de instrumentos de capital, como las preferentes y subordinada, compartan la carga de las pérdidas para reducir la factura del contribuyente. Es la normativa de ayudas de Estado y la Comisión Europea no tiene la culpa de que en España se vendieran a particulares. "Ése es vuestro problema", dice Almunia, y se lava las manos. Eso significa que las entidades no pueden recomprarlas a la par. Tienen que aplicar quitas, que son de media del 38% en Bankia, del 43% en NovaGalicia, del 61% en CatalunyaCaixa y del 90% en Banco Valencia. Y encima canjearlas por acciones. Esto supone pérdidas adicionales: en el caso de Bankia por la presumible caída en bolsa de los títulos después del canje; en los otros dos, como no cotizan, sufrirán una quita adicional a cambio de que el Fondo de Garantía de Depósitos les dé liquidez.
 
Primero el corralito -imposibilidad de hacer líquida la inversión- y después las quitas y los canjes indignan a los afectados, como es lógico. Estos se movilizan, se manifiestan, acuden a los tribunales, se cuelan en parlamentos regionales, ocupan sucursales... El asunto de las preferentes se convierte en un escándalo social que esta semana ha llegado al Congreso. Ante este drama, se opta por la vía del arbitraje para que los clientes puedan recuperar su dinero. Pero NovaGalicia y CatalunyaCaixa sólo permiten que accedan a él aquellos casos en los que reconoce mala praxis en la comercialización. La gran mayoría se queda fuera. Ahora viene Bankia. Luis de Guindos anuncia que los criterios para acceder al arbitraje serán amplios y podrán entrar los que canjearon sus preferentes por acciones el año pasado. Veremos. Tampoco está claro si se va a devolver todo en efectivo o una parte en acciones.

Y hasta aquí la historia del mayor escándalo financiero vivido en España. Pero esto no ha terminado. Continuará.
Economía
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