EL 'STOP' A LOS DESAHUCIOS PONE EN PELIGRO 425.000 MILLONES DE LAS ENTIDADES

El Gobierno claudicó ante la gran banca para salvar sus cédulas hipotecarias

El Gobierno no ha querido enfrentarse a una reforma legal en profundidad del mercado hipotecario con los desahucios para no inflamar los temores de inseguridad jurídica
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El Gobierno claudicó ante la gran banca para salvar sus cédulas hipotecarias
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    El Gobierno no ha querido enfrentarse a una reforma legal en profundidad del mercado hipotecario con los desahucios para no inflamar los temores de inseguridad jurídica con que la comunidad financiera observa todo lo que ocurre en la economía española. Los bancos nacionales tienen emitidos más de 425.000 millones de euros en cédulas hipotecarias garantizadas con el reembolso de los préstamos que han ido concediendo para la compra de viviendas. Esta inmensa deuda podría verse gravemente afectada si ahora se abre una vía legal para facilitar el retraso, la refinanciación o incluso el impago de los créditos.

    Para los bancos españoles, la de las cédulas hipotecarias es una línea roja que no se debe traspasar, ya que se trata de su deuda de mayor calidad y, por lo tanto, la más demandada por los inversores extranjeros. Además, el drama potencial para el sector es que las cédulas también son empleadas como garantía para acceder a la barra libre de liquidez abierta por el Banco Central Europeo (BCE). De ahí la importancia de asegurar el control del mercado hipotecario para evitar conflictos con las autoridades monetarias y suspicacias entre los analistas del orbe financiero.

    “Las medidas aprobadas por el Gobierno no han tenido impacto de momento, ni en los precios ni en las rentabilidades de las cédulas. Eso sólo ocurriría si se vieran afectadas las hipotecas de mayor calidad por cambios sustanciales en la ley hipotecaria”, aseguran en una de las grandes entidades financieras. Sin embargo, las diferencias entre las rentabilidades que tienen que ofrecer unos bancos y otros son muy distintas según el nivel de solvencia que les asigna el mercado.

     

    Por ejemplo, las cédulas hipotecarias de Bankia con vencimiento en diciembre de 2015 están dando un rendimiento del 5,90%, más del doble de lo que paga Santander en el mismo plazo. Popular, en plena ampliación de capital para cubrir las necesidades de capital de 2.500 millones de euros detectadas por Oliver Wyman, tiene que desembolsar un 4,45%. Aunque estos productos suelen rentar menos que la deuda pública, que ahora ofrece alrededor del 3,90% a tres años, los bancos más cuestionados están sometidos a las enormes exigencias de los inversores. De ahí el temor del sector a que una nueva vuelta de tuerca para frenar los desahucios pueda dinamitar su línea de financiación más segura y estable.

    Bankia y Caixabank, los más activos

    La gran banca, a través de la patronal AEB, se ha colocado al frente de la manifestación contra los desahucios con el objetivo de arbitrar fórmulas de emergencia que no contravengan la estructura y credibilidad del mercado hipotecario. En las discusiones de los últimos días con el Ministerio de Economía las entidades de crédito más influyentes transmitieron al subsecretario, Miguel Temboury, las gravísimas consecuencias que podrían derivarse de un cambio radical en una legislación antigua, pero que da soporte a un negocio creciente casi en la misma proporción que lo ha hecho la crisis económica.

    Desde el año 2007, el saldo vivo de cédulas hipotecarias ha aumentado un 60% en nuestro país, siendo las entidades sistémicas las más activas en el lanzamiento de estos títulos que se comercializan en su mayor parte entre inversores de carácter institucional. Precisamente, el liderazgo de este segmento de negocio lo ostenta Bankia, con más de 60.000 millones en circulación, seguida por Caixabank, con cerca de 40.000 millones. BBVA sobrepasa los 30.000 millones y el Banco Santander está muy cerca de los 27.000 millones de euros.

    La sombra de los controvertidos test de estrés llevados a cabo dentro del sistema financiero español ha vuelto a planear en el toma y daca que PP y PSOE han mantenido con la banca ante la alarma social provocada por los desahucios. Al final ha prevalecido la opción más conservadora para no despertar la conciencia de los que piensan que la banca española tiene todavía mucho camino que recorrer en materia de saneamiento y provisiones.

    Luis de Guindos ha visto de nuevo las orejas al lobo de Oliver Wyman, porque lo último que le faltaba ahora al mercado financiero español es otra vuelta de tuerca en los balances de las grandes entidades para cubrir el quebranto de otro eventual activo tóxico. El Gobierno ha decidido sacudirse el polvo de las sandalias con una solución parcheada antes que provocar una nueva burbuja en el estanque dorado de las suculentas y muy reconocidas cédulas hipotecarias.

    El de las cédulas hipotecarias es un mercado hasta ahora blindado. Por ejemplo, si un banco emite 100 millones de euros, tiene que aportar 120 millones de euros en garantías de hipotecas de máxima calidad. Es decir, con el doble cortafuego de que el ‘loan to value’ –importe del préstamo respecto al valor de tasación de una vivienda- debe ser inferior al 80% y que todas las hipotecas deben estar referenciadas a primera residencia, el segmento en el que la morosidad es más baja.