LAGUNA EN LOS TEST DE ESTRÉS

El rescate de los 62.000 millones se deja fuera la participadas de los bancos

La cifra de necesidades de capital de los bancos según los test de estrés, entre 51.000 y 62.000 millones, está cuestionada porque las consultoras responsables de
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El rescate de los 62.000 millones se deja fuera la participadas de los bancos
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    La cifra de necesidades de capital de los bancos según los test de estrés, entre 51.000 y 62.000 millones, está cuestionada porque las consultoras responsables de este ejercicio no han incluido en el mismo la pérdida de valor de las participaciones empresariales de las entidades. Sin embargo, esta pérdida de valor sí tendría que incluirse en el saneamiento y la consiguiente inyección de capital del sector, según admiten fuentes oficiales de Economía. Lo cual, en teoría, puede elevar el importe solicitado finalmente a Bruselas por encima de ese rango.

    El ejemplo más claro es Bankia. Dentro de los famosos 19.000 millones solicitados al Estado para recapitalizarse, la entidad que preside José Ignacio Goirigolzarri incluye 3.900 millones de saneamientos por la pérdida de valor de sus participadas. Algo que hizo asumiendo que el rescate le iba a obligar a desprenderse de ellas dentro de las exigencias de reestructuración; y dado que el valor actual de estas empresas es muy inferior al valor de adquisición, decidió dotar esa cifra para provisionar esas pérdidas previsibles.

    Sin embargo, los test de estrés no han tenido en cuenta estas pérdidas, sino sólo las referidas a las carteras de crédito de las entidades. Una laguna que hoy critican duramente los analistas de la banca de inversión internacional -que en general creen que España ha perdido otra oportunidad de solucionar para siempre su problema bancario-. Por tanto, estiman que estos ejercicios están incompletos y que la cifra que arrojan no es fiable.

    Es decir, en el caso de Bankia, los test de estrés no habrían identificado esos 3.900 millones, y habrían dejado las necesidades de capital en 15.100, siempre que el escenario tomado por Roland Berger y Oliver Wyman sea similar al asumido por Goldman Sachs al calcular las necesidades de la entidad (no lo es pero tampoco difiere en exceso, porque el banco de inversión contratado por el FROB calculó esas necesidades para un escenario de estrés).

    En todo caso, "no entendemos por qué España no ha incluido un análisis estresado de otros activos problemáticos, como las participaciones empresariales, los activos fiscales o incluso la deuda pública, ya que el programa de recapitalización de Bankia pone de manifiesto la existencia de 'agujeros' en exposiciones no de crédito, en especial porque esas necesidades de capital adicionales probablemente van a afectar a las entidades más débiles ya en manos del Estado", explica Credit Suisse.

    Las citadas fuentes de Economía, aunque reconocen que "se tendrá que complementar el saneamiento definitivo con otros elementos como las participadas", recuerdan que Bankia es un caso "bastante peculiar" y su situación no es extrapolable al resto del sector financiero. "Ni siquiera al resto de entidades controladas por el FROB", puntualizan.

    Es más, en el Ministerio están convencidos de que las necesidades que afloren del nuevo análisis bottom-up (de abajo arriba) que se realizará en septiembre serán inferiores al rango de 51.000-62.000 millones identificado en este ejercicio más general que se ha conocido ahora. Este análisis partirá del análisis concreto de cada entidad individual para llegar a una cifra global del sector.

    Los créditos fiscales tampoco están incluidos

    Otro elemento que tampoco han tenido en cuenta Oliver Wyman y Roland Berger son los créditos fiscales, que son muy elevados en las entidades españolas y que crecerán mucho más con las nuevas pérdidas que van a tener que asumir las entidades. Un crédito fiscal es un derecho frente a Hacienda por el que en el futuro te tiene que devolver dinero, normalmente generado por las provisiones de los bancos (esa provisión no es una pérdida real, luego Hacienda no te la devuelve, sino que te guardas ese derecho para el futuro).

    Los créditos fiscales son un arma de doble filo para las entidades. Por un lado, si se hubieran tenido en cuenta en los test de estrés, habría otro elemento más para absorber pérdidas -además de las provisiones y los beneficios esperados para los próximos tres años- que reduciría el importe de capital  que se debe inyectar.

    Pero por otro lado, los créditos tienen que ser recuperables, es decir, las entidades deben generar suficientes beneficios en el futuro para poder aplicarse estas cantidades en sus declaraciones de impuestos. Y si eso no es probable -como puede ocurrir en los bancos nacionalizados, que sufren fuertes pérdidas en la actualidad-, esos créditos deben provisionarse, lo que incrementa las pérdidas y las necesidades de capital. En el ejemplo de Bankia, ha provisionado también un crédito fiscal de 2.700 millones porque su auditor (Deloitte) lo considera irrecuperable.

    Los test de estrés no incluyen esa cifra que sí aparece en los 19.000 millones. Por tanto, restando tanto las participadas como el crédito fiscal, el importe del rescate de Bankia equiparable a los cálculos de los test de estrés se quedaría en 12.400 millones.
    Economía
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