EL RECORTE DEL DÉFICIT EN 2012, EN PLENA RECESIÓN, SERÁ IDÉNTICO AL DEL BIENIO ANTERIOR

El pago de la deuda y el desempleo se comen ya más de la mitad del gasto público

En el mundo del circo lo llaman el ‘más difícil todavía”. Y en verdad que ese es el gran reto de la política económica para el
Foto: El pago de la deuda y el desempleo se comen ya más de la mitad del gasto público
El pago de la deuda y el desempleo se comen ya más de la mitad del gasto público

En el mundo del circo lo llaman el ‘más difícil todavía”. Y en verdad que ese es el gran reto de la política económica para el 2012. Lograr reducir el déficit en 2,7 puntos porcentuales del Producto Interior Bruto -algo más de 27.000 millones de euros- en un contexto recesivo. 

Para hacerse una idea de lo que significa este objetivo hay que tener en cuenta que el recorte es idéntico al logrado en el bienio 2010 y 2011, periodo en el que se pasó del 11,2% al 8,5%, lo que da idea del tamaño de las dificultades. Durante esos dos años, se recortaron los sueldos de los empleados públicos, se congelaron las pensiones y el sector público metió la tijera a todo tipo de partidas. Pero ni en 2010 ni en 2011 la economía se contrajo un 1,7%, como estima el Gobierno para este año, lo cual hace mucho más complicado el reto.

El Ejecutivo no dio ayer el componente cíclico del déficit público, lo que hubiera servido para conocer la reducción del déficit estructural, que en realidad es el más importante, ya que refleja la verdadera situación de las cuentas públicas. Y es, precisamente, el criterio que tiene en cuenta Bruselas. Eliminando el efecto del ciclo, el esfuerzo de reducción del déficit es todavía mayor que esos 2,7 puntos que se recortan nominalmente.


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El esfuerzo es más importante, si cabe, si se tiene en cuenta que el margen de maniobra para recortar es cada vez menor. El sector público está a punto de ‘tocar hueso’, y sólo hay que tener en cuenta que sólo dos partidas -servicio de la deuda y desempleo- consumen ya más de la mitad del presupuesto de gastos aprobado ayer por el Consejo de Ministros, y que se sitúa en 116.295 millones en términos homogéneos. O lo que es lo mismo, unos 60.000 millones –sin contar el sueldo de los empleados públicos- están ya comprometidos. La mitad se destinarán a pagar los intereses y la otra mitad a financiar el desempleo en un contexto dramático.

Economía prevé que este año se perderán 630.000 puestos de trabajo, lo que significa que cinco años de crisis se habrán llevado por delante algo más de 3,2 millones de empleos; es decir, más del 16% de la fuerza laboral. Lo nunca visto en la Europa occidental en más de 70 años.

El Gobierno estima, en concreto, que el empleo caerá un 3,7%, muy lejos del -2% registrado el año pasado en puestos de trabajo a tiempo completo. Así las cosas, el desempleo escalará -aunque esta tasa parece algo voluntarista- hasta el 24,3%, muy cerca ya se los seis millones de parados.

Aunque para voluntaristas las previsiones sobre las cuentas de la Seguridad Social. El Ejecutivo estima que el sistema público de protección social cerrará este año con equilibrio presupuestario, lo cual choca de frente con la realidad del empleo. La destrucción de puestos de trabajo (630.000) reducirá en una cuantía similar el número de afiliados, que son quienes financian la Seguridad.

Envejecimiento y efecto sustitución

Ya el año pasado, el sistema entró en números rojos (-0,1% del PIB) pese a que en 2011 se perdieron menos empleos que lo previsto para este ejercicio. Y todo ello en contexto de envejecimiento de la población que hace que el gasto en pensiones vaya a crecer por encima del 4%. Con un efecto añadido: las pensiones que causan baja son sustancialmente menores a las que se dan de alta (efecto sustitución), lo que merma la capacidad financiera de la Seguridad Social.


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El número de desempleados dependerá, en todo caso, de la evolución de la población activa (normalmente a la baja en un contexto recesivo), pero es muy probable que se sitúe a final de año en el entorno de los 5,8-5,9 millones de parados. De largo, la cifra más alta jamás alcanzada en términos absolutos, y en línea con los registros más elevados obtenidos en la recesión de los primeros años 90.

La culpa de tan adversos resultados tiene que ver con el comportamiento de todos los componentes de la demanda interna, en particular del consumo público (-11,5%), pero también con la adversa evolución del gasto de las familias derivado de dos factores: la pérdida de empleo y la moderación salarial, que lastran la capacidad de consumo de las familias.

La inversión no le va a la zaga y caerá un 6,9%, arrastrada tanto por la destinada a la construcción (-7,8%) como la de bienes de equipo (-5,3%). Sólo el desplome de las importaciones derivado del hundimiento de la demanda interna, explica el buen comportamiento del sector exterior, toda vez que las exportaciones apenas aumentarán un 3,4% si se cumplen las previsiones del Gobierno. Previsiones que estiman que el PIB nominal (con inflación) caerá este año un 0,8%, con lo que ello supone a la hora de comparar tanto el déficit como el endeudamiento público.

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