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OPINIÓN
DOS PALABRAS ,  Federico Quevedo

Los toros como excusa del nacionalismo contra España

BIOGRAFÍA

Federico Quevedo, nacido en Hamburgo (Alemania) en 1961, licenciado en Ciencias de la Información, está casado y tiene 4 hijos. Quevedo ha realizado su carrera profesional en medios como Radiocadena Española, Antena 3 Radio, Europa Press, La Gaceta de los Negocios, Actualidad Económica... Además es colaborador de Telemadrid, Popular TV, 'La Mañana' y 'La Linterna' de La Cope y 'El Gato al Agua' en Intereconomía. Autor de los libros 'Pasión por la Libertad' sobre el pensamiento político del ex presidente Adolfo Suárez, y 'El Negocio del Poder' junto al periodista Daniel Forcada.

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Federico Quevedo - 06/03/2010

¿Toros sí o toros no? El Parlamento catalán debate estos días la supervivencia de la llamada Fiesta Nacional en aquella comunidad autónoma, y como casi todo en este país ese debate se caracteriza por una dosis extra de pasión y tragedia que por otra parte resulta muy propia del asunto en sí. Sudor y lágrimas, sangre y arena, muerte y ruedo forman parte del propio espectáculo taurino, trasladado ahora al fragor de la batalla política. No debería sorprendernos que estas cosas se debatan en un parlamento dado que para eso están las cámaras en las que supuestamente descansa la soberanía popular. Si de verdad ese debate está en la calle, lo lógico en virtud de su obligación de atender a las demandas sociales es que el parlamento, y más que el autonómico el nacional, se haga eco del mismo. Pero no es así. No es este, ni mucho menos, un debate que se esté planteando en la sociedad, ni en la española ni en la catalana, luego ha de haber otra razón para que el Parlament se haya metido en este berenjenal sin venir a cuento con la que está cayendo en este país. Y esa razón no es otra que la de poner un cerco a todo aquello que de una u otra manera represente la idea de España, y en esa ambición el nacionalismo es capaz de llevarse todo por delante y poner coto a la libertad y al sentido común.

 

Les seré sincero: quien esto escribe no se entusiasma por los toros. Es más, no me gustan, me aburren soberanamente. He intentado en muchas ocasiones que me atraiga la fiesta y la faena, pero reconozco que no consigo que despierte en mi sensación alguna más allá del tedio. Quizá por eso me creo con algo más de autoridad para decir lo que digo: los toros, la fiesta, forman parte de nuestra cultura, de nuestra historia, y han dado páginas gloriosas a todas las formas de expresión artística. La tauromaquia ha llenado versos, inspirado cuadros, cincelado esculturas y forjado historias sin que en ningún caso la ideología haya intervenido ni para ampararla ni para denigrarla. Los enemigos del toreo apostillan a eso que no es argumento suficiente para justificar el sufrimiento del animal, y de ahí la imagen que el pasado jueves traían en sus portadas casi todos los periódicos, la de un Jorge Wagensberg empuñando un estoque al grito de “¿ustedes creen de verdad que esto no duele?”. ¡Claro que duele! También duele el cuchillo con el que se rebana el cuello del cerdo en la matanza, o la descarga de corriente eléctrica que acaba con la vida de una vaca para que su carne sirva de manjar en nuestra mesa. El toro muere, es verdad, pero lo hace en una titánica lucha por la supervivencia con el torero, y al final su carne es igualmente agasajada por la última creación artística a la que contribuye: la culinaria.

 

Hipocresía abortista

 

Quienes se ponen detrás de los derechos del toro de lidia –que, por cierto, de no ser por la fiesta nacional no existiría con todo lo que eso conlleva desde todos los puntos de vista- y esgrimen el estoque como si se tratara de un arma peligrosísima de destrucción masiva, no dicen nada, sin embargo, de esa otra tradición típica de Cataluña, los correbous y los bous embolats en la que al toro se le prende fuego en las astas, fuego que le va quemando la piel y la carne mientra se le obliga a correr en un particular encierro de llamas y sufrimiento. ¡Ah! Pero eso queda fuera de la prohibición, porque no es una fiesta española, luego lo que preocupa no es el sufrimiento del toro, sino el origen del divertimento y sus connotaciones. Y es que, en general, el nivel de hipocresía de los abolicionistas de la Fiesta Nacional es de cuidado: la mayoría de ellos, de esos que esgrimen el estoque como arma de sufrimiento, son firmes partidarios del aborto, y cabría decirles lo mismo, o sea, enseñarles unas de esas tenazas que se utilizan para descuartizar niños en el seno materno, o una de esas jeringas cargas de veneno salino para quemarlos vivos y preguntarles “¿ustedes creen de verdad que esto no duele?”.

 

El ejercicio de hipocresía deja al descubierto el verdadero rostro de la sinrazón nacionalista: se ataca a los toros para atacar a España, al igual que se ataca a la lengua española para hacer cada vez más insignificante la presencia de lo español en aquella tierra. El nacionalismo es como un cáncer que destruye todo cuanto toca, un enemigo de la libertad y de los derechos fundamentales de las personas. Es capaz de abrazar causas absurdas y muchas veces contrarias a sus propios intereses con tal de manifestar su independencia de la realidad nacional, y en ese camino del esperpento llega a identificaciones absurdas como religión y Estado, y de ahí la batalla contra la Iglesia Católica emprendida por el nacionalismo radical al que, sin embargo, no le duele en prendas sumarse a la causa del islamismo que en propiedad es mucho más contrario a la idea romántica del nacionalismo que el cristianismo. El toro de lidia acabará muriendo en Cataluña a manos de unos desaprensivos que ni entienden ni quieren entender el alcance de lo que están proponiendo obcecados como están por una idea destructiva, y que entre libertad y dirigismo optan por lo segundo, haciendo claudicar la democracia y el Estado de Derecho frente al discurso del odio y del resentimiento. Un discurso que, ni de lejos, es el discurso de la calle.

 

fquevedo@elconfidencial.com

 

http://twitter.com/Federicoquevedo y también en www.facebook.com

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 216 COMENTARIOS

216 .- #211 Que sí, que sí. Com ho de Roger Tutankamon.

En fín, les dejo. Buenas noches.

Menipo

215 .- #209 S'equivoca. Manganeses de la Polvorosa no existeix. És un invent dels del clan de l'avellana per crear una cortina de fum sobre el de Pal. Això del Lazarillo de Tormes però al revés.

Menipo

214 .- #210 Jo per Esclanya

dereidon

213 .- #206 No sabe el cabreo que me acabo de agarrar cuando he visto el anuncio. Precisamente ayer les compré una TV nueva y me gasté una pasta. De haberlo sabido me habría esperado a mañana.

Saludos y que elija bien!

Menipo

212 .- #206 Te recomiendo qu etenga MPEG4. Si no lo tiene, no la compres. Al loro!

dereidon

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