TENDENCIAS
@Federico Quevedo - 29/10/2009
Pocas veces un asunto que debería haberse resuelto sin mayores contratiempos ha causado semejante embrollo. La sucesión de Blesa al frente de Caja Madrid tendría que haber sido desde el principio algo relativamente fácil de llevar a cabo y, sin embargo, está causando en las esferas del Partido Popular un verdadero terremoto detrás del cual se esconde una ambición desmedida de poder y un nuevo asalto a la cúpula de Génova 13. No se dejen llevar por las apariencias: Caja Madrid es una excusa, el verdadero objetivo se llama Mariano Rajoy. Verán, es cierto que Blesa fue el primero en causar dificultades al atrincherarse en su puesto cuando sabía que la Comunidad que preside Esperanza Aguirre quería removerle, haciendo uso, por otra parte, de una prerrogativa que le reconoce la normativa vigente, y es que mientras las cajas sigan siendo entidades semipúblicas gobernadas por los políticos, nadie puede llamarse a engaño de lo que ocurre en torno a ellas y, sobre todo, en torno a sus cargos directivos. Pero ese es otro debate, y lo cierto es que a la CAM le asiste el derecho a poner al frente de Caja Madrid a quien le dé la gana siempre que lo pacte con el PSOE porque no tiene mayoría en la Asamblea de la entidad. Y una vez abierta la puerta de la sucesión de Blesa, y tratándose de un nombramiento político en la cuarta entidad financiera del país, es lógico que intervenga la Dirección del PP teniendo en cuenta las múltiples derivadas que conlleva la elección del nuevo presidente.
Hasta aquí todo parecía razonable, y cuando el pasado mes de junio Rodrigo Rato le dijo a Rajoy que le gustaría ser el nuevo presidente de Caja Madrid, el líder del PP no vio inconveniente alguno e hizo de él su candidato, y tampoco Aguirre puso mayores objeciones hasta el punto de que Rajoy se fue de vacaciones en agosto convencido de que el asunto estaba hecho. Pero ya por detrás venía el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, tocando las narices: primero defendió a Blesa, y cuando vio que era inevitable la caída de éste y que Rajoy apostaba por Rato, intentó entorpecer todo lo que pudo el proceso electoral. Los problemas de verdad surgieron a la vuelta del verano, cuando Aguirre, obligada por la necesidad que tiene de afrontar una remodelación de su Gabinete que deje fuera a sus, aparentemente, manos derecha e izquierda del Gobierno y del Partido, Ignacio González y Francisco Granados, cambió de criterio y optó por hacer valer su autoridad y apostar por Ignacio González como presidente de Caja Madrid. En Génova saltaron todas las alarmas, y en el despacho del alcalde en el Palacio de Comunicaciones se vio esto como una oportunidad para poner contra las cuerdas tanto a Aguirre como a Rajoy y utilizar la guerra en Caja Madrid como un trampolín para dar el salto a la política nacional y, a ser posible, liderar el PP.
Y empezó el choque de trenes. Gallardón, que hasta ese momento había ninguneado a Rato -son dos antagonistas acérrimos-, se convirtió en el mayor defensor del ex ministro, pero no porque fuera su apuesta personal, sino porque le servía para oponerse a los planes de Aguirre. En esa estrategia le acompaña desde el primer momento el grupo PRISA que lleva meses en guerra contra Rajoy y tiene en Gallardón su candidato para hacer del PP una especie de mejunje progreconservador, es decir, un partido a la imagen y semejanza del propio Grupo. Del otro lado, Aguirre se ha aliado con El Mundo para hacer frente a la ofensiva de Gallardón y, de paso, intentar llevarse por delante a Rajoy. Lo cierto, sin embargo, es que después de haber lanzado el órdago de González, la semana pasada, tan cerca como el pasado viernes, Aguirre y Cospedal alcanzaban un acuerdo, bendecido por Rajoy, que situaba a Rato al frente de la entidad financiera. Demasiado para el alcalde, que de inmediato decide actuar y llama a El País ofreciendo una entrevista de esas que van a hacer historia -y no precisamente por el éxito periodístico- con Manuel Cobo. La entrevista ni siquiera se realiza face to face, sino que se envía al despacho del alcalde, y éste se encarga de contestarla junto a su chico de los recados. Tan es así que la foto es de hace dos años. Se trataba, por tanto, de dinamitar el acuerdo, porque en el fondo a Gallardón la opción Rato le gustaba tan poco, o menos todavía, que la de González. La entrevista iba a servir, además, para poner en un serio aprieto a Mariano Rajoy, obligado a tomar partido por uno de los dos. De hecho, a pesar de ciertas informaciones en contra, la verdad es que el líder del PP se vio tan sorprendido el lunes por la mañana como el resto de sus compañeros de partido. No sabía nada y desde esa hora el nivel de su cabreo ha crecido proporcionalmente al embrollo que se ha montado.
La soledad de Aguirre
Y no es para menos. Es verdad que Aguirre tiene razones sobradas para sentirse herida, pues las declaraciones de Cobo, hechas a conciencia y sabedor de que iban a ser objeto de una sanción por determinar, son inadmisibles y propias de alguien que demuestra lo bajo que puede llegar a caer, hasta rozar la repugnancia, en el servicio a su ‘jefe’. Pero no solo por eso. Semejante ataque debería haber provocado al menos una llamada de ‘consuelo’ por parte de Rajoy o de Cospedal, y no hubo nada de eso. De nuevo Aguirre se sentía sola. Sin embargo, lo que era de recibo y así lo vio desde el primer momento el líder del PP, es que se sometiera la decisión sobre la Presidencia de la cuarta entidad financiera española a la sanción o no sanción a Cobo. Eso no se lo merecen ni los madrileños, ni mucho menos los clientes de la entidad, ni un país como éste que por culpa de Rodríguez pierde credibilidad a pasos agigantados y a lo que un espectáculo como este no contribuye en modo alguno positivamente. Rajoy, que para esas cosas tiene un sentido de la responsabilidad que deja en ‘bragas’ y perdonen la expresión, a Aguirre y a Gallardón, era consciente de que lo primero era resolver el lío de la caja en el sentido que se había impuesto el pasado verano, a pesar incluso del veto que Rodríguez le había puesto a Rodrigo Rato. Un veto que en un ejercicio, por primera vez en su vida y presionado por el propio Banco de España, de sentido común ayer mismo levantaba el presidente del Gobierno para facilitar una salida a esta situación kafkiana.
Y en estas es en las que estamos, salvo que después de escribir estas líneas haya, por fin, un acuerdo que cierre el problema principal, es decir, el de la caja. Pero haya o no acuerdo, lo que si queda pendiente es la certeza de que, una vez más, Mariano Rajoy ha estado expuesto al ataque continuado de fuerzas combinadas, aunque no coincidentes, que partían de Sol y de Cibeles, con los apoyos mediáticos ya citados. Y este es el principal asunto que debe resolver el líder del PP. A lo que hemos asistido estos días es a un nuevo intento controlado de demolición del Partido Popular, al que no es ajeno ninguno de los enemigos de Mariano Rajoy, ni los de antaño ni los de ahora, ni quienes le hicieron frente aunque no dieron la cara en el Congreso de Valencia, ni quienes abandonan sus despachos lujosos en Telefónica para conspirar en conciliábulos gastronómicos junto a Rubalcaba and company. Rajoy vuelve a estar en el punto de mira, y el único beneficiario de esta nueva batalla por el poder en Génova 13 se llama Rodríguez Zapatero, y quienes están propiciando que se lleve a cabo tendrán que dar buena cuenta a los votantes del PP, y en general a la sociedad española, por contribuir a que un sátrapa como el que nos gobierna y nos lleva a la ruina se garantice una tercera legislatura de horror. Se puede evitar, pero para eso Rajoy tiene que recuperar el proyecto de renovación que impulsó en 2004 y continuó en 2008, pero haciendo esta vez una limpia de las que hacen época, y quitándose del medio toda la ‘morralla’ que todavía queda en ese partido y que le impide avanzar con paso firme, bien sea por el Gürtel, por la Caja, o por lo que pueda surgir sabe Dios cuándo y le convenga a Rodríguez y a los medios que de uno y otro lado contribuyen a sostenerlo, aunque sea con respiración asistida.
Opiniones de los lectores (176)
176.
satiricon-»29/10/2009, 22:53 h.
No se cual es el sitio adecuado pero el confidencial podia hacer una encuesta sobre que lider se prefiere en el PP. Mas que nada porque por lo que leo en los foros de opinion de medios afines a la derecha [el confi, abc, mundo, etc..] los simpatizantes del Pp son un clamor contra Rajoy.
Este sin duda deberia de hacer unas primarios en libertad para que el asunto quede zanjado sea quien sea el elegido.
Y deberian dejar elegir a las bases, mas en contacto con la realidad socio economica
saludos
175.
Metalik»29/10/2009, 22:13 h.
#154 por cierto, me ecanta que tengas tan buen concepto de mi ciudad.
174.
Metalik»29/10/2009, 22:12 h.
#154 te jodes puto etarra de mierda [con perdon de las mierdas]
173.
Metalik»29/10/2009, 22:05 h.
#167 te jodes nazi.
172.
500»29/10/2009, 21:57 h.
Hoy nos ha conmovido usted, señor Quevedo:
¡Pobrecito Rajoy, víctima del infortunio!...¡Pobrecita Doña Esperanza, en su soledad!...Buaah,buaaaah,buaaah....snif,snif...
¡Qué malo es Zapatero ,que se comió a la abuelita!...Buaah,buaaaah,buaaah...snif,snif...buaaaah,buaaah,buaaaah...¡Ay, que hartón de llorar, que "de sufrir", oiga! ...Buaah,buaaaah...
...Menos mal que está usted ahí cerca, para consolar a esas dos benditas almas que se tienen [al igual que usted, por supuesto] ganado el cielo, señor Quevedo. Por favor, transmítales también mi apoyo y mi solidaridad, cuando estén llorando en su regazo.
¡Buaaaah,buaaah!...¡Ay que pena "má grande, Dió mío...!
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Federico Quevedo, nacido en Hamburgo (Alemania) en 1961, licenciado en Ciencias de la Información, está casado y tiene 4 hijos. Quevedo ha realizado su carrera profesional en medios como Radiocadena Española, Antena 3 Radio, Europa Press, La Gaceta de los Negocios, Actualidad Económica... Además es colaborador de Telemadrid, Popular TV, 'La Mañana' y 'La Linterna' de La Cope y 'El Gato al Agua' en Intereconomía. Autor de los libros 'Pasión por la Libertad' sobre el pensamiento político del ex presidente Adolfo Suárez, y 'El Negocio del Poder' junto al periodista Daniel Forcada.
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