TENDENCIAS
@Federico Quevedo - 26/12/2009
Pues, aunque les parezca increíble, más gente de la que se imaginan. De hecho, empieza a ser ya un clásico esto de tener que recordar al mundo, sobre todo al más próximo, al que nos ocupa, que la Navidad no es una fiesta de invierno con la que celebramos las primera nieves, porque de ser así en Buenos Aires la celebrarían el 25 de agosto. La realidad es bien distinta y a ninguno de ustedes se le escapa lo que se celebra en Navidad, el nacimiento del Hijo de Dios, y bien por fe, bien por tradición o incluso por inercia, aparentemente a nadie parecía molestarle e incluso hasta los más acérrimos ateos ablandaban su oposición a la religión para colgar estos días las bolas del árbol y colocar un Belén en el hall de entrada. Todo sea por la sonrisa de un niño y, en muchos casos, incluso la de un adulto. Pero de un tiempo a esta parte, como pieza esencial de esa ofensiva laicista que ocupa a las fuerzas de la progresía patria aparece un esforzado intento por desnaturalizar la Navidad, por convertirla en eso, una fiesta de invierno, unas vacaciones blancas ajenas a la verdadera razón por la que se impuso en nuestra sociedad este tiempo de alegría, de paz y de amor. Por eso, insisto, se hace más necesario, cada año que pasa, recordar el motivo de lo que celebramos y por qué, y proponer a quienes, creyentes y no creyentes, encuentran en la Navidad un sentido para su vida, que no cejen ni ápice en la defensa de esta fiesta tan propia y tan hermosa.
En este sentido, les recomiendo la lectura de un editorial publicado el jueves 24 de diciembre, Nochebuena, por el diario El Mundo y titulado Lo absurdo de una Navidad cada vez menos navideña, en el que se desmontan algunos tópicos tan al uso en nuestros días por parte de la progresía dominante, tópicos que llevan a propuestas descabelladas como la retirada de los crucifijos de las aulas o de los belenes, bajo el argumento siempre muy convincente de que la religión es algo que forma parte de la esfera personal y no puede imponerse a los demás. Lo curioso es que quienes esto afirman hacen exactamente lo mismo que critican, es decir, imponer su propia visión de las cosas, su laicismo, que no deja de ser una forma de no-religión que atenta contra la libertad individual de quienes optan por llevar una vida más o menos próxima, según los casos, a las enseñanzas del Evangelio. De hecho, estos progres que se dicen defensores de la libertad rechazan de plano la única opción verdaderamente democrática en lo que a las manifestaciones religiosas se refiere, es decir, la consulta popular. No, ellos prefieren imponer por la vía de la mayoría parlamentaria convirtiendo así lo que debería ser un ejercicio democrático en una actitud totalitaria, en la medida que ningún partido político, ni siquiera los de la izquierda más radical, acude a las elecciones con un programa manifiestamente enemigo de la religión… Esa parte solo aparece cuando ya están instalados en el poder, y a eso se le llama engaño.
Durante siglos, la Navidad ha formado parte inseparable de nuestras vidas, más allá de creencias y convicciones personales. El nacimiento del Hijo de Dios es un símbolo de amor y entrega que nadie debería de querer rechazar por lo bondadoso del hecho en sí, se crea o no en él. Por eso, hasta esta reacción en contra de última hora, la Navidad convivía con creyentes y no creyentes, con cristianos y con seguidores de otras religiones, hasta el punto de haberla incorporado a nuestras vidas casi sin excepciones. Es, era, además de una fiesta religiosa, una tradición, una costumbre, una manifestación cultural, una demostración de arte… En fin, tantas cosas que enriquecen nuestra civilización que se hace incomprensible que nadie pueda querer suprimirla de un plumazo sin pararse ni un segundo a pensar en la trascendencia que eso tiene. Y, sin embargo, así es. Existen unos cuantos descerebrados que obsesionados por suprimir, aniquilar cualquier símbolo que recuerde a Dios, están dispuestos a convertir la Navidad en un objeto más de su desmemoria histórica e identificar su escenografía con la de un trasnochado ultracatolicismo franquista… Pero nada más trasnochado y totalitario que, precisamente, esa actitud negacionista que consigue llevar al absurdo ese ímpetu obsesivo-compulsivo por eliminar a Dios de nuestras vidas…
Uno acaba preguntándose, ¿por qué? Quizás la respuesta esté en que, en el fondo, son tan conscientes de que Dios existe, de que con su comportamiento están llevando la contraria a sus propias convicciones, transgrediendo elementos esenciales de la Ley Natural que acompaña a cada ser humano desde que es concebido, como el derecho a la vida, que por eso su obsesión por eliminar cualquier cosa que les recuerde su propia contradicción se vuelve enfermiza… Cualquier día de estos serán capaces de quemar en una hoguera el Cristo de Velázquez, y sino al tiempo. De entrada, con la inestimable colaboración del patético alcalde de Madrid, Ruiz-Gallardón, culpable de castigar a los niños con una Cabalgata de Reyes que poco o nada tiene que ver con el verdadero motivo de la misma, han situado a la Navidad en su punto de mira. Por eso, allí donde se retire un Belén, debería haber siempre uno de nosotros dispuesto a poner uno nuevo para que la Navidad siga estando presente en nuestras vidas como lo que es y como lo que siempre fue. Feliz Navidad a todos los lectores, estén o no de acuerdo con lo que cada semana se escribe en este Dos Palabras.
Opiniones de los lectores (74)
74.
osgood»29/12/2009, 09:45 h.
#60 Tiene Vd. razón, en #57 me he expresado mal en cuanto a lo de "subvencionar".
Ahora le toca a Vd. decir que su comentario #56 era una gilipollez.
73.
hayparatodos»28/12/2009, 20:18 h.
#71 Hoy veo que, como hace habitualmente, ha perdido el oremus.
No mezcle el alcohol con sus pastillas...
72.
paisano»28/12/2009, 20:09 h.
Que ganas de hacerse los mártires y los perseguidos.
Tontos que vayan quemando belenes o felicitando el solsticio de invierno o la fiesta de Apolo pues los hay pero muy poquitos.
El espíritu navideño de felicidad, reunirse con familiares y amigos, de ser desprendidos, hacer regalos y un poco más agradables está muy bien y es un gran mensaje.
Pero hoy en día la navidad basicamente consiste en estar tres semanas currando lo mínimo, ponernos morados con amigos y familiares, felicitar al personal, llevar los niños a ver belenes o atracciones equivalentes y llenarles de juguetes que no tendrán tiempo de disfrutar.
Lo del hondo significado religioso lo sienten muy pocos y a alguna hasta le da por saltar sobre papás y otras jerarquías.
71.
PJCyM»28/12/2009, 19:06 h.
#69 No culpe a los votantes de un partido politico de lo que hace ese partido de su voto.
Muchos votantes socialistas que a la vez son católicos, no lo volverán a votar por su reforma de la Ley del Aborto, que no llevaba el PSOE en su programa electoral.
Como tampoco llevaba en su programa electoral la reforma de la Ley de Libertad Religiosa, que en cualquier momento se enviará al Congreso para su aprobación.
70.
mbolo2002»28/12/2009, 19:04 h.
#66 Hombre, el "Merry Christmas" se usa y bastante en Estados Unidos, posiblemente si la felicitación se la manda un no cristiano, le dirá "Season Greetings", pero decir que no se utiliza felicitar la Navidad es como mínimo un poco arriesgado.
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Federico Quevedo, nacido en Hamburgo (Alemania) en 1961, licenciado en Ciencias de la Información, está casado y tiene 4 hijos. Quevedo ha realizado su carrera profesional en medios como Radiocadena Española, Antena 3 Radio, Europa Press, La Gaceta de los Negocios, Actualidad Económica... Además es colaborador de Telemadrid, Popular TV, 'La Mañana' y 'La Linterna' de La Cope y 'El Gato al Agua' en Intereconomía. Autor de los libros 'Pasión por la Libertad' sobre el pensamiento político del ex presidente Adolfo Suárez, y 'El Negocio del Poder' junto al periodista Daniel Forcada.
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