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OPINIÓN

“Sr. Quevedo, ¿por qué le tiene usted manía a D. José María Aznar?”

BIOGRAFÍA

Federico Quevedo, nacido en Hamburgo (Alemania) en 1961, licenciado en Ciencias de la Información, está casado y tiene 4 hijos. Quevedo ha realizado su carrera profesional en medios como Radiocadena Española, Antena 3 Radio, Europa Press, La Gaceta de los Negocios, Actualidad Económica... Además es colaborador de Telemadrid, Popular TV, 'La Mañana' y 'La Linterna' de La Cope y 'El Gato al Agua' en Intereconomía. Autor de los libros 'Pasión por la Libertad' sobre el pensamiento político del ex presidente Adolfo Suárez, y 'El Negocio del Poder' junto al periodista Daniel Forcada.

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Federico Quevedo.-  24/04/2010

Andaba yo un poco fastidiado el viernes por la tarde, para qué les voy a engañar. Después de un repaso a la actualidad de la semana el resumen era, más o menos, el siguiente: el asunto del velo de Najwa y el desafío a nuestro modo de convivencia, la peripecia judicial del juez Garzón, el acoso subversivo y golpista a los jueces por parte de la izquierda –incluido en este asunto tanto la guerra contra el TC como la batalla contra el Supremo-, más sobre el patrimonio inmobiliario del socialista Bono –que por fin va a ser puesto sobre la mesa de la Comisión del Estatuto del Diputado-, los nuevos ataques de los mercados a nuestra maltrecha economía comparada por el FMI con la de Azerbaján, el descubrimiento de que el consumo de pollo te vuelve marica y comer hamburguesas, calvo (Evo Morales dixit), la parálisis aérea por culpa de una nube de ceniza que ha hundido a las compañías y al sector turístico… Pero, no les voy a engañar: ninguno de estos temas me ‘ponía’, por más que algunos eran y son realmente importantes y trascendentales para nuestro futuro como el asunto de los pollos…, pero es que llevamos ya muchos días a vueltas con lo mismo, con Bono, con Garzón, con la crisis, con el TC, con el Supremo… Necesitaba algo distinto, un post que, sin salir de la cuestión política y los problemas del país, tuviera otro enfoque… Y, en esto, llegó el correo de un lector y también oyente de la radio y espectador de la televisión:

 

“Señor Quevedo -me decía-, ¿por qué le tiene usted tanta manía a Don José María Aznar? ¿Por qué le critica usted tanto, en lugar de alabar las cosas que hizo bien, que fueron muchas? ¿No echa usted de menos aquel gobierno que sacó a España de la crisis?”.

 

Y así, no voy a extenderme, un largo e-mail haciendo un panegírico del ex presidente del Gobierno al que este buen hombre consideraba algo así como lo mejor que había tenido la humanidad después de Cristo. “Ah”, pensé, “esto puede ser un tema para un post diferente de los asuntos que nos llevan amargando la semana” -ésta y las precedentes desde que el Indocumentado habita La Moncloa-, así que decidí responderle con copia a todos los lectores que, seguro, tienen algo que decir al respecto.

 

Aznar, sin duda, ha sido un presidente que ha dejado huella, para bien o para mal. Tiene odiadotes para parar un tren, e incondicionales en número similar. Desde mi punto de vista, ha sido un gran presidente del Gobierno, sino el mejor –para mí lo fue Adolfo Suárez-, casi. Tiene en su haber, probablemente, uno de los éxitos políticos más importantes de la corta historia democrática de nuestro país, es decir, haber convertido a la derecha española en una derecha moderna, centrada y eficaz, consiguiendo una pluralidad de adhesiones que para sí quisiera la izquierda -mucho más monolítica- aunque eso, a veces, haya dado lugar a conflictos no menores. Aznar gobernó en su primera legislatura con una amplitud de miras sin precedentes consiguiendo uno de los periodos de estabilidad y progreso más importantes desde la Transición a pesar de contar con una exigua mayoría parlamentaria. En esos ocho años, España dio un salto espectacular que todavía hoy es reconocido así por muchos otros dirigentes extranjeros pero, sobre todo, dotó a su política de contenido y supo hacer algo importante: formar equipos.

 

Sin embargo, en su segunda legislatura, sobre todo en los dos últimos años, Aznar se empeñó en algo que un día me resumió Loyola de Palacio –q.e.p.d.- en una frase: “No es que quisiera pasar a la historia, es que quería ser historia”. Y eso le perdió. Le perdió a él, y le hizo perder su capacidad de estar en contacto con la calle, con la realidad. Perdió el norte y eso le condujo a un conflicto con la ciudadanía que provocó una enorme desafección hacia él. Por supuesto, la izquierda supo aprovechar esa circunstancia para con su tradicional habilidad para las campañas de propaganda, ahondar en esa sima que separaba a Aznar de la sociedad, lo cual culminó, ya lo saben ustedes, aquel fatídico 11 de marzo de 2004 con los atentados de Atocha. Tras el descalabro electoral, a Aznar se le prejuzgó muy injustamente y fue objeto de un ataque despiadado y cruel por parte de la izquierda. Siempre dije que lo mejor que podía haber hecho era irse una temporada, pero optó por quedarse. Vino entonces una época muy dura para el PP en la oposición, sufriendo un aislamiento obsceno por parte de la izquierda y el nacionalismo, aquel famoso ‘cordón sanitario’ fruto del Pacto del Tinell, y de ahí nace mi primer reproche al ex presidente: en lugar de cerrar filas con la nueva Dirección, en privado se quejaba de Rajoy y de parte de su equipo.

 

De hecho, su relación con quien él mismo había designado como sucesor comenzó un proceso de enfriamiento que hasta hoy no ha parado, lo cual se traducía en que ni él ni la Fundación que supuestamente tenía que servir de soporte ideológico del PP contribuían a fortalecer el liderazgo de Rajoy, sino más bien todo lo contrario. Eso se acentuó, ya lo saben ustedes, después de las elecciones de 2008, cuando tras perder Mariano Rajoy -con el apoyo de mucha gente y la convicción bastante extendida de que tenía todo el derecho del mundo a intentarlo de nuevo una vez más- decidió seguir adelante contra viento y marea. Entonces apareció el peor Aznar, el Aznar de los gestos adustos, el Aznar de los sermones, el Aznar que guardó en el cajón del olvido su propia trayectoria para reprochar a Rajoy las mismas cosas que había hecho él, el Aznar de las conjuras y de las conspiraciones azuzadas desde su entorno…

 

¿Manía? Ninguna. Pero es verdad que durante este tiempo he sido bastante crítico con una forma de actuar que considero equivocada y, sobre todo, tremendamente injusta. Alguien me dijo una vez que la FAES en lugar de ser el laboratorio de ideas del PP, era el laboratorio de ideas contra el PP, y no le faltaba razón. Verán, el pasado lunes, en el acto de presentación del libro España, claves de prosperidad, coordinado por Luis de Guindos y presentado por Rato, Aznar y Rajoy, hubo quien por todo saludo me dedicó un gesto de desprecio, gente del entorno de Aznar, por supuesto. Como comprenderán, a estas altura me la refanfinfla, porque si de algo me precio es de no deberle nada a nadie, y mucho menos a Aznar, pero se ve que en los últimos días les ha molestado, y mucho, el recuerdo de que todo lo que está sufriendo el PP a cuenta del ‘caso Gürtel’ no deja de ser otra cosa que una herencia de los tiempos en los que Aznar presidía el PP y Correa se presentaba en la boda de la hija del ex presidente como testigo del novio. ¿Hacemos mal en recordarlo? No, y menos cuando el propio Aznar se permite el lujo de irle dando lecciones a Rajoy sobre cómo hay que comportarse contra la corrupción…

 

Miren, en los próximos meses se van a celebrar citas electorales muy importantes, y existe la sensación generalizada de que se va a producir un vuelco, primero en las catalanas, después en las municipales y autonómicas y, por fin, en las generales. El PSOE lo sabe, y por eso ha puesto en marcha su maquinaria de lanzar la mierda y empozoñarlo todo, sin preocuparse de los daños, colaterales o no colaterales, que esa estrategia incendiaria y totalitaria, pueda producir. La víctima de esa estrategia goebbeliana de propaganda y acoso es el PP. Todo el PP. Mariano Rajoy -lo publicábamos el otro día en el periódico- ha hecho un esfuerzo importante por volver a reunir en la familia ‘popular’ a gente que se había automarginado por su discrepancia con el líder, y para eso ha dejado de lado cualquier tipo de sentimiento de rencor o de malestar que pudiera tener hacia quienes por delante y por detrás, pero sobre todo por detrás, han estado actuando contra él y, como se dice popularmente, haciéndole la cama. El ataque al PP, que tiene tintes antidemocráticos, va a ser brutal, y es necesario que Rajoy cuente con el apoyo de todos aquellos que son y han sido dirigentes de peso en su partido porque, se quiera o no, siguen teniendo un ascendente importante sobre buena parte de la militancia y de los votantes. Y, entre todos ellos, Aznar es, sin duda, el más significado. Y por una cuestión de lealtad a las siglas que él mismo contribuyó a refundar, tiene la obligación de olvidar cualquier discrepancia con el líder del PP y ayudarle a ganar las elecciones. Por el bien de este país.

 

fquevedo@elconfidencial.com

 

http://twitter.com/Federicoquevedo y también en www.facebook.com

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 96 COMENTARIOS

96 .- e señor Adolfo Suarez no aguanto una legislatura y el señor AZNAR si y lo demostro saco a España de la crisis que nos metieron los socialistas señor Quevedo esta usted equivocado como tertuliano un diez pero por favor no critique al señor AZNAR

tuneti

05/05/2010, 12:45 h.

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95 .- #94 totalmente de acuerdo: la mayor irresponsabilidad de Rajoy no sería presentarse sino cederle a Zapatero otros cuatro años de Moncloa.

Algo pasa en el PP cuando la mayoría vemos en el Sr. Rajoy al perpetuo Ministro de la Oposición y nadie mueve ficha.

Ariakkan

28/04/2010, 18:11 h.

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94 .- Sr. Quevedo, yo también le tengo manía al Sr. Aznar, pero no por su enfriamiento con el Sr. Rajoy que es capaz de hacer footing y fumarse un puro, sino por haberlo nombrado sucesor a título de ministro perpetuo de la oposición.

Y dice Vd. que el Sr. Rajoy tiene todo el derecho del mundo a presentarse [¡y perder!] una tercera vez. En absoluto, Sr. Quevedo, en absoluto. El Sr. Rajoy es corresponsable de todo lo que nos está pasando y debería irse ya, como prerrequisito para que el partido socialista haga lo propio con el gran irresponsable que nos gobierna.

Mantenerse como candidato significaría para Rajoy incurrir en una todavía mayor irresponsabilidad: otros cuantos años de Zapatero. ¿Cómo es posible que no lo vea, y no le produzca un vértigo de muerte? ¿No es suficiente la gracieta que nos ha hecho ya de 8 años de Zapatero?

longhorn9

28/04/2010, 13:47 h.

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93 .- #91 Yo diría más bien de "hipotenuso" ya sabe la suma de los cuadrados de los catetos y luego se saca la raiz cuadrada.

Me temo que eso a algunos de la LOGSE les va a sonar a agricultura, y que no han visto una raiz cuadrada en su vida.

Un saludo, y me voy, que me van a pillar dentro y fuera de horario.

naranjito82

25/04/2010, 23:17 h.

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92 .- #5 Si Aznar ha sido una mancha... ¿que será para usted Zapatero?

naranjito82

25/04/2010, 23:14 h.

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