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¿Aborto? No, gracias

aborto

@Federico Quevedo - 19/09/2009

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En medio de un desconcierto informativo que empieza a ser ya una seña de identidad del régimen de Rodríguez Zapatero el Consejo de Estado ha dado a luz su informe sobre el proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, que es como muy eufemísticamente el Gobierno bautiza un proyecto de Ley que despenaliza y da cobertura legal al crimen organizado de seres humanos vivos no nacidos, o sea, fetos. Hasta ahora el Gobierno había recibido una en la frente –el CGPJ no fue capaz de emitir un informe por la división absoluta de sus miembros-, la segunda en el pecho –el informe desfavorable del Consejo Fiscal-, y esta tercera que no se sabe muy bien si interpretar como palmadita en la espalda o patada en salva sea la parte, o un poco de ambas cosas, porque al mismo tiempo que le deja bien claro al Gobierno que el aborto no puede ser un derecho, avala la legalidad de una ley que se fundamenta, precisamente, en eso, es decir, en modificar la naturaleza jurídica del sujeto de la norma.

 

Da la sensación, a falta de conocer la totalidad del informe, de que la Comisión Permanente del Consejo de Estado ha navegado entre dos aguas. Por un lado, el Gobierno necesitaba con urgencia que algún organismo con garantías jurídicas avalara el desaguisado que parece dispuesto a cometer, y en ese sentido el Consejo se ha dejado seducir por la imperiosa necesidad de un Rodríguez Zapatero acosado y en sus horas más bajas. Por otro, a los propios miembros del Consejo les debía resultar harto difícil tragar con semejante bodrio legal, razón por la cual se han salido por la tangente diciendo que a ellos nadie les ha consultado sobre la constitucionalidad del proyecto. Es decir, que en buena medida a lo que se limita el Consejo de Estado es a eso, a dar buenos –o no tan buenos- consejos y pasarle la patata caliente al Tribunal Constitucional una vez que la ley se apruebe y el PP la recurra.

 

Pero, al final, bien por necedad o bien por laxitud, el Consejo de Estado, mirando para otro lado, está favoreciendo una ignominia. En primer lugar, tanta mente preclara en asuntos jurídicos está contribuyendo a que el Gobierno de luz verde a una norma que por sí misma supone una perversión absoluta del objeto del Derecho, que no es otra cosa que el ser humano, y a los prohombres del Consejo no debería valerles como argumento ni como jurisprudencia el que la ministra de Igualdad, la abortista Bibiana Aido, niegue la naturaleza del ser vivo que crece en el vientre de una madre. En segundo lugar, no cabe en la cabeza que juristas de tan dilatada experiencia avalen una reforma legal que deja de considerar el aborto como una excepción y lo convierte en un derecho. Y, en tercer lugar, es una absoluta aberración que personas tan aparentemente ortodoxas en los fundamentos del Derecho cierren los ojos y callen la boca cuando se antepone un derecho menor como es el de la mujer a hacer con su cuerpo lo que quiera –derecho que también afecta al hombre, al cual por cierto se obvia en la ley a pesar de ser parte importante en la labor de procreación-, al derecho fundamental de la vida y a los derechos del niño en cuanto ser indefenso y desprotegido.

 

Lo peor de esta ley, lo más grave y lo más perverso y bellaco, es que convierte el aborto en un derecho, y nunca, bajo ninguna circunstancia, matar a un niño puede ser un derecho reconocido en legislación alguna, porque supone una afrenta a las normas internacionales, a las declaraciones de derechos humanos y a nuestra propia Constitución. Además de una canallada. Hasta ahora, la legislación vigente –ya de por si nefasta porque ha sido una puerta abierta al turismo abortista y ha convertido a España en un paraíso para el negocio de la muerte gracias al tercer supuesto- establecía una excepción a la pena por aborto en tres supuestos, pero no negaba la naturaleza del delito. Y es que el aborto, en la medida que supone el ejercicio de la muerte violenta de un ser vivo, aunque éste se encuentre en el vientre de su madre, es y debe ser un delito. Otra cosa es que el Estado no quiera que el aborto sea causa de que una mujer tenga que sufrir una pena de cárcel, porque ya de por sí el hecho de abortar supone un drama personal de dimensiones considerables, pero eso tampoco puede conducir a convertir el aborto en un método anticonceptivo, y si bien puede haber un consenso general en la excepcionalidad penal, también debería haberlo en la necesaria sanción a un acto terrible, violento y absolutamente destructivo cuando se abusa de él o se lleva a cabo pudiendo evitarlo.

 

Para que quede claro: yo entiendo que una mujer que sufre un embarazo fruto de una violación y aborta no puede ir a prisión, pero también entiendo que una mujer que aborta hasta seis veces porque eso le permite seguir disfrutando del sexo al natural debería ser severamente sancionada por su actitud irresponsable. Verán, el derecho a la vida no admite interpretaciones y por eso quienes nos manifestamos en contra de leyes tan perversas como la del aborto también lo hacemos en contra de otras aberraciones como la pena de muerte. Al menos en mi caso. La izquierda ha conseguido ganar una batalla esencial, la del lenguaje, para conseguir de la sociedad una actitud complaciente y laxa ante uno de los mayores crímenes que puede cometer el ser humano: interrupción voluntaria del embarazo, derecho de la mujer, nosotras parimos, nosotras decidimos, etcétera, todo ello dirigido a no llamar las cosas por su nombre, en el caso que nos ocupa la legalización del asesinato de seres vivos hasta la semana catorce de gestación de manera indiscriminada, y en determinados supuestos hasta la semana veintidós, cuando la ciencia ha demostrado que un bebé es capaz de sobrevivir fuera del útero materno.

 

En esa batalla del lenguaje ha entrado el propio Rodríguez cuando se refiere a los organizadores de la manifestación del próximos día 17 en Madrid como “esos grupos”, a lo que solo le faltó añadir “de fachas”. Y es que la izquierda, que ha convertido en progreso la cultura de la muerte, ha conseguido situar a los defensores del verdadero progreso que es la defensa de la vida bajo la etiqueta de cavernícolas retrógrados. Por eso llevo tiempo insistiendo en que dar esa batalla es esencial, en la medida en que vivimos en una sociedad a la que la izquierda ha educado durante años en la incultura y la complacencia y para llegar a ella hay que utilizar mensajes muy simples pero muy convincentes, es decir, lenguaje casi publicitario y, sobre todo, positivo. La defensa de la vida, al igual que la defensa de la libertad –y la segunda está muy vinculada a la primera-, es una dedicación hermosa y por la que merece mucho la pena extenuarse. Este Gobierno quiere convertir el aborto en un elemento de confrontación, de crispación… Pues bien, vamos a decirle que no, que en ningún caso tenemos ganas de pelearnos con nadie, pero que hoy por hoy empezamos a ser más los que creemos que defender la vida merece la pena, y cada vez son menos los que creen que matar a un niño es un derecho aunque haya una ley obscena y perversa que lo permita.

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Opiniones de los lectores (252)

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252. usuario registrado chindasvinto»23/09/2009, 21:04 h.

Quevedo, tu si que eres un aborto

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251. usuario registrado Menipo»20/09/2009, 17:13 h.

#250 Estimado forero:

Visto.

Entra, me corrige y cuando le demuestro que está equivocado sacude el polvo de sus zapatos y se larga porque Ud. no discute. Eso de discutir debe ser oficio de villanos ¿no?

Un poquito más de rigor al opinar y un poquito menos de arrogancia al contestar, s’il vous plaît.

A cajcarla! Excuse my French.

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250. usuario registrado Libis»20/09/2009, 16:53 h.

#248

Estimado forero, le remito a mi post #221, en cuanto a que tengo por norma, en estos foros No discutir con nadie. Entro aquí para pasar el rato y para aprender de otros y aportar lo que buenamente pueda.

Creo que he aportado mi opinión sobre el aborto y la "Ley de interrupción voluntaria del aborto", o como se llame.

La relación votantes/votados/iniciativas parlamentarias es, creo, perfectamente conocida por los foreros, con lo que no se aporta gran cosa con ese debate, salvo que entremos en cómo modificar esa relación: listas abiertas, etc.

Bonne soirée.

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249. usuario registrado Menipo»20/09/2009, 16:43 h.

#247 Quizá el Islam se convierta en un foco de tolerancia. No lo creo en el corto plazo [en los próximos 300-400 años] pero la esperanza es lo último que se pierde. Por otra parte no hace tanto que nosotros andábamos rebanando el pescuezo a los infieles para mandarles a la otra vida a fin de impedir que siguieran pecando en esta.

Los sodomitas y gomorritas de los Al-Imārāt al-‘Arabīya al-Muttahida seguirán ofendiendo a Alá hasta que el hermano mayor wahabí se canse y los borre de un plumazo de la faz del desierto. Si no ha tenido la ocasión dese una vuelta por Riad. Merece la pena

PD. Lo de la Alianza de Civilizaciones, entre Ud. y yo .... hay que ser memo!

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248. usuario registrado Menipo»20/09/2009, 16:31 h.

#246

No se me salga por la tangente otra vez, mi viajero amigo.

1] Yo dije que "La ley no es SIEMPRE el reflejo pautado de una convención social. MUCHAS VECES es el resultado de un intento de conformar una nueva realidad social o una maniobra de distracción desde el poder."

2] Ud. me recordó con un cierto tono displicente que "son [los políticos] los que aprueban las leyes QUE QUEREMOS LOS ESPAÑOLES, no las que quieren ellos"

3] Y yo le hice ver que teniendo mandato representativo los políticos tienen capacidad para aprobar las leyes QUE QUIEREN ELLOS, no las que queremos nosotros. Que a veces coinciden, bien. Pero porque les interesa a ellos no a nosotros.

El resto, las interpretaciones y los desiderata sobre la maquinaria política, no son más que cortinas de humo. Por segunda vez. Reconozca su error y déjese de divagaciones sociológicas, si no tiene inconveniente.

Y ya de puestos, tenga la bondad de explicarme qué es eso de la "representación paritaria". O qué entiende Ud. por tal. Agradecido por anticipado.

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@Federico Quevedo

Federico Quevedo, nacido en Hamburgo (Alemania) en 1961, licenciado en Ciencias de la Información, está casado y tiene 4 hijos. Quevedo ha realizado su carrera profesional en medios como Radiocadena Española, Antena 3 Radio, Europa Press, La Gaceta de los Negocios, Actualidad Económica... Además es colaborador de Telemadrid, Popular TV, 'La Mañana' y 'La Linterna' de La Cope y 'El Gato al Agua' en Intereconomía. Autor de los libros 'Pasión por la Libertad' sobre el pensamiento político del ex presidente Adolfo Suárez, y 'El Negocio del Poder' junto al periodista Daniel Forcada.

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