BIOGRAFÍA
Federico Quevedo.- 22/03/2011
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, acudirá esta mañana al Congreso de los Diputados a pedir el respaldo de la mayoría a la participación de España en la Operación Ocaso al Amanecer, que creo que es como se llama, de los aliados en Libia. Lo digo sin tapujos: lo que va a hacer el presidente es una absoluta indecencia producto de ese relativismo fundamentalista que lleva a cierta parte de la izquierda a calificar la maldad o la bondad de los hechos no por sí mismos sino según las circunstancias en que tienen lugar.
En este caso podríamos decir, claramente, que una guerra es buena si la hace la izquierda, y mala si la hace la derecha (con sus matices ya que en caso de Iraq estaba el laborista Blair y en el caso de Libia está el conservador Sarkozy). Al menos esa es la conclusión a la que nos conducen los últimos acontecimientos, sobre los cuales ya advertí en un artículo en este mismo periódico el pasado 26 de febrero (ver artículo), así como sobre la doble vara de medir de la izquierda trasnochada y tramposa.
Miren, esta es una decisión indecente y ¿saben por qué? Pues porque esta no es la bandera con la que Rodríguez se alzó con el poder allá por el año 2004… ¿Dónde están ahora las “ansias infinitas de paz”, el “No a la guerra”, el pacifismo de salón y toda aquella palabrería de charlatán con la que insultó la inteligencia de una parte de los ciudadanos de este país?
Si, si. Ya sé que los del Pensamiento Único se las ven y se las desean para buscar estos días las diferencias entre ambas situaciones, pero el único clavo ardiendo al que pueden agarrarse es al de la supuesta legalidad de esta operación frente a la también supuesta ‘ilegalidad’ de aquella, y sino lean ustedes a mi compañero del ático. Pero nada más falso ni más lejos de la realidad. Empezando porque una guerra es el último recurso, el peor de todos los recursos, y que no hay nada, ni una resolución de la ONU ni ninguna otra acción concertada, que otorgue carácter de ‘legal’ a la acción de matar. Cuando se hace es por una cuestión de inevitabilidad, es decir, porque no queda otro remedio como consecuencia del fracaso de todas las vías pacíficas de resolución de un conflicto.
Eso fue, exactamente, lo que ocurrió en Iraq: el dictador iraquí, Sadam Husein, fue advertido desde agosto de 1990 por más de 28 resoluciones de Naciones Unidas, con la I Guerra del Golfo de por medio, hasta que la última de todas, la 1441 del 8 de noviembre de 2002, le advirtió de las gravísimas consecuencias de sus incumplimientos. Luego, es verdad, cuando Estados Unidos reclamó el respaldo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, hubo países como Rusia y Francia que esgrimieron su veto impidiendo que la operación aliada estuviera respaldada por una resolución de la ONU. Es cierto que esta vez no ha habido vetos, pero sí abstenciones, y muy importantes: las de Rusia, China, India, Brasil y Alemania, y aunque eso no plantea dudas sobre la estricta ‘legalidad’, si las plantea sobre la ‘moralidad’ de la acción.
Los paralelismos son más que evidentes: dos dictadores que masacran a su pueblo, dos países con enormes reservas de petróleo y gas, dos amenazas a la paz mundial y la doble sospecha en ambos casos de que puedan disponer de armas de destrucción masiva
Los paralelismos en ambas situaciones son más que evidentes: dos dictadores primero alabados y utilizados por Occidente y luego repudiados, dos regímenes que masacran a su pueblo, dos países con enormes reservas de petróleo y gas, dos amenazas a la paz mundial y la doble sospecha en ambos casos de que puedan disponer de armas de destrucción masiva.
En el caso de Iraq eso no fue una invención de Bush, ya que sólo basta recordar que la resolución 1441 de la ONU reconocía “la amenaza que el incumplimiento por el Iraq de las resoluciones del Consejo y la proliferación de armas de destrucción en masa y misiles de gran alcance plantean para la paz y la seguridad internacionales”. Iraq ya las había utilizado anteriormente, luego era factible que pudiera volver a hacerlo, aunque después se demostrara lo contrario. En el caso de Libia, ha sido Francia la que ha advertido de la presencia de armas químicas en manos de Gadafi, una información que nadie ha contrastado ni nadie ha confirmado ni desmentido. Luego, ¿de qué narices estamos hablando? ¿Qué nuevo engaño es este? ¿Qué hay de verdad detrás de esta operación? Porque, lo que cabe preguntarle hoy a Rodríguez es por qué si se trata de una misión humanitaria para salvar a la población de las amenazas de Gadafi, no se hace lo mismo en Yemen, por poner un ejemplo, donde la dictadura está respondiendo a las revueltas con la misma violencia con la que ha respondido Gadafi.
Bien, bajo el argumento de la legalidad se esconde también la supuesta diferencia entre la participación española entonces y ahora, pero esta es sin lugar a dudas la mayor de las mentiras, la gran operación demagógica montada por la izquierda y que ahora se muestra como lo que verdaderamente es. No por mucho repetir una misma mentira ésta se convierte en verdad, y lo cierto es que entonces España no envió ni un solo soldado a luchar en aquella guerra hasta que no hubo un paraguas de la ONU que lo autorizara.
España no participó en la operación militar, lo primero que envió a Iraq fue un buque hospital cuyos soldados, lejos de pegar tiros, se dedicaron a poner vendas a la población civil. Luego, es cierto, se desplegó una fuerza militar pero bajo la ‘legalidad’ de la resolución 1511 de octubre de 2003 que autorizaba “a una fuerza multinacional bajo mando unificado a que tome todas las medidas necesarias para contribuir al mantenimiento de la seguridad y la estabilidad en el Iraq, incluso con el fin de asegurar las condiciones necesarias para la aplicación del calendario y el programa y para contribuir a la seguridad de la Misión de las Naciones Unidas de Asistencia para el Iraq, el Consejo de Gobierno del Iraq, y otras instituciones de la administración provisional iraquí, y la infraestructura humanitaria y económica fundamental”. Es decir, que esos que siguen insistiendo en que España participó en una guerra “ilegal e inmoral”, lo que deberían hacer ahora, a la vista de los acontecimientos, es tragarse sus palabras.
Porque las dudas sobre la legalidad valen en ambos casos. Y las de la inmoralidad tienen, hoy por hoy, mucha más consistencia sobre la decisión tomada por Rodríguez que sobre la decisión tomada por Aznar. ¿Por qué? Muy simple: Aznar no ganó unas elecciones subido a lomos del “No a la Guerra” y el discurso pacifista, pero Rodríguez sí. Lo que hoy va a hacer el presidente del Gobierno pidiendo autorización para hacerle la guerra al régimen de Gadafi es una trampa, un engaño y una obscena e inmoral decisión en la medida que traiciona todo aquello que le llevó al poder.
Si realmente cree ahora en lo que no creía hace siete años, entonces debería dimitir y dejar que fuera otro el que adoptara esta decisión, que es lo suficientemente grave como para que quien ha construido todo el edifico de su orquestado relativismo sobre los cimientos de una frágil demagogia se aparte y deje que venga alguien más serio y con más sentido común a poner de nuevo a España en el papel que realmente se merece en el concierto internacional, y del que nos alejó Rodríguez con su decisión de devolver a España unas tropas legalmente instaladas en suelo iraquí.
La Historia se ha vengado de Rodríguez, de su oportunismo, de su barata demagogia y de su osada hipocresía. Lo increíble es que todavía haya quienes siguen ciegos ante tamaña farsa, pero ya saben que yo de cierta izquierda no espero nunca, no ya un arrepentimiento, sino ni siquiera una mínima autocrítica.
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OPINIONES DE LOS LECTORES,
216 COMENTARIOS
216 .-
#184 Jaks....y despues tiene Quevedo los santos arrestos de calificar de
" obsceno e inmoral"
...como veras esto va "de quien paga que me diga lo que tengo que decir"
Por eso y una vez mas,para clarificar a toda esta caterva,lo unico es
EL VOTO EN BLANCO
Saludos cordiales
215 .- A los idiotas como Zapatero, los romanos solían hacerlos reyes en sus carnavales-saturnales para luego ejecutarlos unos días después, como mandaba la tradición, antes de que el bromista destrozara la ciudad entera. En Ejpain se les dejan varias legislaturas.
214 .- #213 Añada además que en el Common Law no es sólo el Tribunal Supremo el que puede generar jurisprudencia, y que ésta es mucho más importante que en nuestro sistema, y tendrá que el Poder Judicial es realmente independiente, por mucho que hayan optado porque los miembros de este tribunal los nombren otros poderes.
Saludos
213 .- #211 me refiero a lo del supremo
ami como si se hace una....... la paulin,pero dejela usted que querra que usted haga lo mismo que ella
212 .- #210 No, el marxismo ortodoxo. AL igual que el islamismo, no existe uno que no sea radical. EL marxismo es una ideología totalitaria en su propia esencia. No existe el marxismo moderado, porque se basa en la necesidad de que una "clase social" se apodere del poder explícitamente mediante la violencia [rechaza expresamente la transición democrática]. Y la prueba de qu eno puede existir el marxismo moderado es que la social democracia se ha podrido en sus propias imposibilidades.
Saludos